Viernes 21 de octubre de 2005
 
El nuevo representante diplomático de EEUU en Cuba rebaja la tensión bilateral
 
El discreto giro de Washington
Por Americaeconomica.com
 

La diplomacia de EEUU hacia Cuba ha dado un sigiloso giro del que parece no haberse enterado ni la oposición española del Partido Popular (PP) ni la cubana. Hace ya unas semanas, que Michael Parmly, el nuevo jefe de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana, ocupó su cargo. Pero nadie lo diría. La discreción ha marcado los primeros pasos de este diplomático de carrera en su nuevo destino, lo que marca un evidente cambio de tono con respecto a la forma en que su antecesor, James Cason, hacía las cosas.

Su exuberancia y el modo en que tenía de enfrentarse con el Gobierno cubano le convirtieron en el enemigo público número uno del líder de la isla. Y en el mejor amigo de un sector de la disidencia. No de toda.

Las diferencias quedaron más marcadas aún si cabe el pasado 12 de octubre cuando, según fuentes presentes en el acto, Parmly se acercó a la Embajada española para participar en la celebración de la fiesta nacional, a pesar de que el embajador español, Carlos Alonso Zaldívar, no había invitado a la disidencia, con quién se entrevistó días antes en un acto completamente separado que España quiso desligar de la fiesta y convertir en uno de los encuentros que periódicamente mantiene con la sociedad civil.

Parmly coincidió en el acto con altos cargos del Gobierno cubano como Marta Lomas y René de la Nuez, ministros para la Inversión Extranjera y Comercio Exterior, respectivamente, el vicecanciller Bruno Rodríguez o el histórico comandante de la Revolución Guillermo García Frías. La fiesta de La Hispanidad del pasado 12 de octubre reunió a unas 1.300 personas en los jardines de la Embajada española en La Habana, una cifra que superó con amplitud la asistencia registrada en los últimos años.

No habrá otra “Guerra del Canapé”. El fracaso cosechado por la celebración de la fiesta nacional alemana en su embajada habanera, hizo prever a los analistas políticos una posible redición de la “Guerra del Canapé”. Aquel momento de congelación diplomática en que los embajadores europeos no encontraban interlocutores en el Gobierno por haberse empeñado en invitar a los disidentes a sus fiestas.

Los alemanes optaron este año por hacer dos celebraciones separadas el mismo día con un resultado quizá previsible: los altos cargos cubanos boicotearon la suya. De ahí, los fundados temores de algunos observadores.

Pero, al menos con España, que distanció los encuentros y rebajó el rango de su cita con los disidentes, la historia no se ha repetido. Las personalidades cubanas acudieron y también el representante diplomático de EEUU en la isla.

Apoyo en Madrid. El Gobierno de Zapatero ha contado incluso con el apoyo del embajador estadounidense en Madrid, Eduardo Aguirre, a pesar de las críticas que desató en Washington la inclusión en una declaración especial en la Cumbre de Salamanca de la condena del bloqueo a Cuba. Aguirre agradeció a la Administración española que actuase como elemento moderador y la responsabilizó del hecho de que la mencionada declaración fuera “matizada de una forma más sensata” de lo que habrían sido si España no hubiera intervenido.

Aunque también hubo lamentos. El embajador se quejó del hecho de que las conclusiones de la Cumbre de Salamanca fueron “eclipsadas por los intereses de Cuba o de Venezuela”, cuando éstos deberían haber sido "relegados" ante cuestiones "de mucha más importancia" en Latinoamérica como la democracia o los derechos humanos.

La reacción de Washington contrasta con la de la oposición española. El líder del PP, Mariano Rajoy, ayudado del ex presidente español, José María Aznar, intentaron ridiculizar y restar importancia al evento en un intento de desprestigiar la política internacional del Gobierno y la imagen de España en el extranjero.

Por supuesto, la reacción del PP ha sido duramente criticada por el partido en el Gobierno. El secretario de Organización del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), José Blanco, calificó a Aznar como el “más negro embajador de la historia de España” y reprochó a Rajoy, que haya menospreciado la cita de Salamanca.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.