Puede que la economía
de EEUU se vea amenazada durante un par de trimestres por el efecto de los huracanes
y el aumento de los precios energéticos, pero el dólar tendrá
un futuro brillante. Aún sin Greenspan, la Reserva Federal de EEUU (FED)
lo garantiza. El miércoles el billete verde iniciaba
con decisión el asalto a la barrera de resistencia de su cotización
frente al euro, que los chastistas han situado en 1,19. Sin embargo, tras algunas
complicaciones la divisa europea acabó revalorizándose un 0,3% frente
a su rival. El movimiento se produjo en un entorno
de volatilidad marcado por la repentina fuerza con que el huracán Wilma
se acerca a las costas de Florida (Grado 5, vientos de 280 kilómetros por
hora). También pudo influir la decisión de algunos bancos centrales
de comprar euros (Ucrania y China, según los rumores), justo en el momento
que empezaban a resultar baratos. Puros movimientos
coyunturales. La remontada tal vez se inicie hoy, o la próxima semana,
pero ningún analista duda: sucederá. Menos aún los operadores
de mesa que trabajan el día a día. Disponen de un indicador evidente:
Las posiciones a largo que mantiene los “hedge funds” y los otros
actores especulativos del mercado siguen fijando en una cotización de 1,18
euros por dólar a corto plazo. Y después el infinito. Y
si las consideraciones técnicas no bastaban, sólo hay que fijarse
en el despliege sin precedentes realizado por los miembros de la FED, para despejar
las dudas de los mercados. En el plazo de tres días, hasta una decena de
altos cargos del sistema de bancos centrales federales de EEUU se ha presentado
en público con un mensaje homogéneo y perfectamente definido: Las
subidas de tipos de interés van a continuar. Incluso, después de
que Greenspan se jubile. Para algunos expertos, la
multiplicación de voces procedentes de la autoridad monetaria en el tramo
final del mandato del banquero central más popular de la historia tiene
un sentido claro: evitar el vacío de poder, reforzando la imagen de la
institución por encima de los personalismos. El
listado de oradores es demasiado largo para que podamos reproducirlo, pero quizá
las palabras más significativas fueran las pronunciadas por Roger Ferguson,
actual vicepresidente de la FED que reconocía la posibilidad de que los
altos precios de la energía le costasen un punto de crecimiento al PIB
de USA de este año. Sí. Pero aseguró que no había
razones para detener el aumento de los tipos de interés. Sus motivos: la
economía sigue creciendo a buen ritmo, una afirmación confirmada
por el “libro beige” de la FED, y la inflación es el principal
problema del país. Y lo decía sólo
unas horas después de que el Instituto de la Seguridad Social situase el
aumento real de los precios en el ejercicio fiscal cerrado en setiembre en el
4,1%, el mayor de los últimos 14 años, este seraá el porcentaje
de revalorización automática que se aplicará a las pensiones
mínimas, un dato considerado por los analistas como el más fiable
para medir el IPC anual. No sólo eso, la posible
burbuja inmobiliaria, otra de las preocupaciones del Banco Central, sigue engordando.
El ritmo de construcción de nuevas viviendas aumentó en septiembre
aumentó un 3,4%, y la petición de permisos para iniciar la construcción
de residencias ha alcanzado la cifra de 2,108 millones en los últimos 12
meses, la mayor en 32 años. Eso sí,
la autoridad monetaria de EEUU mantendrá una política neutral en
los tipos de interés de referencia. Pero esa certeza no sirve de consuelo
a los analistas, sobre todo porque ayer, Janet Yellen, la presidenta de la FED
de San Francisco aportó una cifra, según ella, la neutralidad en
la actual coyuntura se encuentra situada en cualquier cifra entre las comprendidas
entre el 3.5% y el 5.5%. De modo que hay mucho márgen
para seguir aplicando incrementos consecutivos de un cuarto de punto reunión
tras reunión. Aunque Alan Greenspan abandone su asiento en el Comité
Abierto del Banco Central estadounidense.
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