Tras
unos meses de silencio, Washington vuelve al ataque con su polémico proyecto
de reforma fiscal que un grupo de expertos, cercanos al presidente, lleva elaborando
desde hace casi tres años. A esta propuesta se le augura un tránsito
difícil en las cámaras porque ataca directamente los intereses de
la clase media, al eliminar casi todas las desgravaciones, y beneficia con claridad
a las rentas altas que conseguirán, de nuevo, una fiscalidad más
favorable. Además,
su tramitación se producirá en 2006. Un año de elecciones
legislativas y parciales en EEUU. En ellas,
36 de los 51 gobernadores se juegan la reelección. También se renueva
todo el Congreso y un tercio del Senado. Quizá
por eso, algunas de las grandes ideas incluidas en el informe del panel, que llegará
al Congreso el próximo 1 de noviembre, resultan directamente inaceptables
para los demócratas. Y también para buena parte de los parlamentarios
de la mayoría republicana. Sobre todo porque la única medida social
prevista es que las pensiones asistenciales queden exentas del pago de impuestos.
Una munición muy escasa para el duro combate que se avecina. Los
críticos del partido de Bush no comparten la opinión de que el electorado
preste una atención especial a la propuesta de hacer desaparecer
la tasa alternativa mínima (TAM). Una norma que establecía una cantidad
mínima a los impuestos de los contribuyentes que ingresarán más
de 47.000 dólares al año (39.134 euros). Por mucho que al aplicar
las normas tributarias consiguieran cuadrar una factura más reducida. Un
proceso que gustaba muy poco a quienes lo sufrían en sus bolsillos. Por
eso su erradicación será, según el entorno de Washington,
el gran argumento que asegura la cuota populista del proyecto. Para
muchos correligionarios del presidente éste es un nuevo error de cálculo.
Entre otras cosas porque esos ingresos anuales no los gana tampoco el ciudadano
medio. Ahora el panorama es muy distinto al de 2002, cuando se celebraron las
anteriores locales y legislativas parciales. Entonces la resaca del 11-S concedió
al presidente Bush una gran popularidad (hoy estancada en el 35%) y su amparo
fue suficiente para que el Partido Republicano triunfara sin paliativos . Está
claro que, en principio, la coyuntura no es semejante hoy por hoy. Si
contar con que en un contexto en el que la devastación provocada por los
huracanes ha puesto de manifiesto el deterioro de las infraestructuras, el ataque
democráta contra la eliminación de la TAM puede "calar".
La propuesta ya ha sido calificada de irresponsable
por los demócratas que asegura que tendrá un costo para las arcas
públicas de 1,2 billones de dólares (999.820 millones de euros)
en 10 años, un dinero que, en la actual situación que obliga a realizar
nuevas inversiones públicas sólo podrá conseguirse aumentando
sustancialmente el endeudamiento del Tesoro.
Y no es la única contradicción
visible en el proyecto. Según los expertos del panel la necesidad de aumentar
la recaudación fiscal les ha llevado a proponer la eliminación de
algunas desgravaciones históricas de las que se veían beneficiadas
las clases medias. Por ejemplo, se propone que desaparezcan los estímulos
fiscales a la contratación individual de seguros médicos o a la
amortización de hipotecas. Pero si es así, resulta muy complicado
entender que se haya decidido a la vez liberar de casi cualquier carga a las rentas
de capital. La idea de eliminar completamente
las deducciones correspondientes a los pagos de los impuestos locales (estatales
y municipales) es una de las partes más controvertidas del proyecto. Los
demócratas de Nueva York la han calificado de intento alevoso de robar
12.000 millones de dólares (9.990 millones de euros) a los neoyorquinos.
Y desde el entorno de Michael Bloomberg, actual alcalde
de la Gran Manzana, se han deslizado críticas, sutilmente innominadas,
en los principales medios de comunicación de la ciudad. Una reacción
lógica en alguien que también debe acudir a las urnas el año
que viene. La tormenta política quizá
no era difícil de prever. Las filtraciones del proyecto han provocado un
intenso debate en los medios de comunicación del país, tradicionales
y nuevos. Los "blogs" arden, pero también la prensa de papel.
Con una característica común. De momento,
el plan de reforma fiscal ha recolectado muy pocos apoyos. Se comprende. Además
de eliminar las deducciones, la factura de las familias se verá aumentada
por otra vía indirecta. Una nueva tasa federal sobre el consumo privado,
similar al IVA europeo, con un tipo fiscal variable, según la clase de
producto. Esta recarga se sumará a los impuestos que los estados
ya cobran por este concepto a los consumidores. Sin
embargo, como decíamos al principio, hay colectivos que salen muy beneficiados
con esta reforma. Especialmente los que tienen rentas más altas. El proyecto
plantea rebajar en dos puntos porcentuales el tipo máximo actual hasta
dejarlo en un 32%, mientras los eleva en el mínimo que se situará
en el 15% (En España, por ejemplo, estas cifras están situadas en
el 45% y el 15%, respectivamente). Además las
únicas rentas de capital que tributarán fuera del IRPF serán
las correspondientes a las ventas de acciones, aunque quedan libres las tres cuartas
partes de las plusvalías conseguidas si el tenedor ha mantenido los títulos
más de un año. También se eliminan por completo los impuestos
vigentes sobre los dividendos percibidos y se aplica una exención total
líneal de 600.000 dólares para las parejas y 500.000 dólares
para los individuos sobre el dinero conseguido con la primera venta de una propiedad
inmobiliaria que se realice. El proyecto de reforma
del Impuesto de Sociedades también ha suscitado polémicas. Hay cierta
coincidencia en la idea de rebajarlo desde el 35% actual al 32%, lo que haría
que estuviera un punto porcentual por debajo del tipo máximo del IRPF.
Pero Washington quiere además, cediendo a la
fuerte campaña realizada por los grupos de presión empresariales,
aprobar una exención total para los ingresos que las multinacionales consigan
en el exterior del país. O lo que es lo mismo
mejorar y convertir en permanente la actual “amnistía” que
en los ejercicios fiscales 2004 y 2005 se aplica a la repatriación de beneficios
a la que se impone un tipo de sólo el 5,25%, según las disposiciones
de la Ley Americana de Creación de empleo aprobada en 2004. Aquel
texto obligaba a las empresas que quisieran aprovechar la fiscalidad favorable
a invertir el dinero en proyectos capaces de generar puestos de trabajo.
Ahora este requisito también sería eliminado con el argumento de
que una mayor flexibilidad para que las empresas decidan como quieren invertir
en el país el dinero que traen será mas positiva para el empleo.
Además, por el momento, las previsiones
de Washington sobre el dinero repatriado no se han cumplido. Sólo se ha
regresado un 41,5% de los 421.000 millones de dólares (350.424 millones
de euros) que los asesores de Bush esperaban. Por eso ahora quieren eliminar todas
las barreras. A cambio, el equipo del presidente
promete endurecer las investigaciones encaminadas a detectar los fraudes cometidos
gracias a la creación de empresas pantalla en paraísos fiscales.
Pero la oposición dice que con inspecciones o sin ellas, el agujero en
el sistema que se va a producir escapará de cualquier control y acabará
perjudicando a los ciudadanos. |