Viernes 21 de octubre de 2005
 
El final de "Crónicas Marcianas" permite a este escritor venezolano volver a concentrarse en la literatura
 
Boris Izaguirre, un intelectual moderno
Por Rafael Alba
 

No hay duda. Si se realizara una encuesta en España para saber quién es el venezolano más conocido, el presidente Hugo Chávez sólo podría aspirar a la segunda posición. El indiscutible número uno sería Boris Izaguirre, un popularísimo showman televisivo, cuya peculiar personalidad ha cautivado al público.

Sin embargo, 13 años después de su desembarco en la península Ibérica son muy pocos quienes conocen su condición de intelectual comprometido con su tiempo y lo que esconde su exuberante personaje público. Ahora el escritor oculto tras el presentador famoso quizá tenga también la oportunidad de brillar.

Durante siete temporadas, Boris ha sido una de las atracciones principales de “Crónicas Marcianas”, el “late night” de más éxito en la historia de la televisión española. Gracias al programa, este agitador mediático y homosexual militante ha acumulado por igual admiradores y detractores y ha conseguido moverse con naturalidad tanto en como la prensa rosa y como en los suplementos culturales.

Orgulloso de sus raices. Boris está orgullos de sus raíces a las que atribuye un alto porcentaje de un éxito que, según sus propias palabras, se debe a que fue capaz de traer a la televisión española algo que el público buscaba, quizá sin saberlo. Una forma de ser y estar propia del carácter venezolano que incluye encanto, ironía y dulzura salpicada de acidez.

Pero en los círculos bolivarianos oficiales no se está de acuerdo con esta apreciación. Algunas fuentes consultadas niegan que Izaguirre pueda ser considerado un embajador internacional de la cultura venezolana. Le relacionan más bien con una tradición bohemia de toda Latinoamérica, interesante en la forma, pero escasa de contenidos.

No es extraño, las relaciones de Boris con los actuales dirigentes de su país no son del todo buenas. Hay quién no olvida que la firma de la estrella de “Crónicas Marcianas” apareció en 2002 en un manifiesto contra el chavismo denominado SOS Venezuela.
Curiosamente, nuestro protagonista tampoco es muy popular entre la oposición radical a la que ha reprochado querer parecerse demasiado al anticastrismo de Miami.

Tal vez esa equidistancia crítica sea la causa de que, para sorpresa de este reportero, algunos intelectuales partidarios del actual presidente venezolano, reconozcan en privado que la obra literaria de Izaguirre, especialmente la relacionada con su antigua actividad como crítico de cine, tiene un peso notable.

Columnista en Venezuela. De hecho, en su país de origen no han olvidado que mucho antes de trabajar en televisión ya ejercía como columnista. La cultura ha estado siempre presente en el entorno de Boris. Su madre, Belén, era bailarina de ballet clásico y su padre, Rodolfo, llegó a dirigir la Cinemateca Nacional de Venezuela.

Estos antecedentes explican la precocidad de nuestro personaje que con sólo 16 años, empezó a colaborar en “El Nacional” de Caracas. Después inició una brillante carrera como guionista de series para la pequeña pantalla. Escritor de “culebrones”, las famosas telenovelas que son quizá la mayor aportación de Venezuela a la industria mundial de los contenidos audiovisuales en castellano. Boris coescribió junto a José Ignacio Cabrujas las historias de “La Dama de Rosa” y “Rubí Rebelde”, dos productos que cosecharon un gran éxito en España y que le permitieron conseguir un contrato en la Televisión Regional de Galicia. La plataforma desde la que inició el asalto a las emisoras de cobertura nacional y propició su llegada a “Crónicas Marcianas” de la mano de Javier Sardá.

Su entrada en “Crónicas” fue la culminación de un propósito personal. Según Boris, cuando este “late night” empezó a emitirse él era un espectador más y se juró a si mismo que trabajaría allí. Antes realizaría sus primeras apariciones televisivas en varios programas emitidos por Tele Cinco, la misma cadena privada. Fue entonces cuando Sardá le fichó como guionista y en pocas semanas decidió que el verdadero lugar de Izaguirre no estaba detrás si no delante de las cámaras.

Fructífero periplo. Así empezó un periplo tan fructífero como agotador que terminó en junio de este año. Pero la nostalgia no impide que Boris se alegre en parte: “Quizá así vuelva a recobrar mi esencia y deje de ser un personaje”, dice.

Quizá así el Izaguirre escritor, con tres novelas publicadas y una vasta colección de ensayos, abandone la zona de sombra que ocupa ahora ante las audiencias mayoritarias fascinadas por el impacto televisivo de este personaje de homosexual desinhibido, y “glamouroso”. Una imagen muy lejana de lo que Boris siempre ha querido ser. El se considera un intelectual contemporáneo. Y piensa que un intelectual de nuestro tiempo tiene que estar presente en todos los medios de comunicación para difundir su voz.

Izaguirre defiende así su actitud provocadora tras la que latiría el propósito de convertirse en la conciencia de una sociedad en la que, en su opinión, el machismo y la intolerancia se han constituido en las bases ideológicas del comportamiento y a la que hay que recordar periódicamente que existen quienes viven y piensan de otra manera.
Sin embargo, hasta la provocación tiene un límite. Por eso Boris ha establecido una fecha de caducidad para su popular personaje. Que quizá se acelere ahora que “Crónicas” ha llegado a su punto final. Boris está decidido a provocar hasta que termine el dominio de lo reaccionario, el convencionalismo, la represión y la censura oculta.

Un espíritu cachondo. Y, ciertamente él habrá contribuido a ello. Como explica el periodista y compositor español Joaquín Carbonell, “el espíritu cachondo de este gay venezolano” le ha abierto los ojos a la gente.

Izaguirre afirma que tiene completamente asumida su opción sexual, aunque asegura que hubo un tiempo en el que intentaron humillarle por haberse declarado abiertamente gay.
Pero su militancia a favor de la libertad sexual no le convierte en un fanático; Boris afirma rotundamente que la homosexualidad no otorga un plus de sensibilidad a nadie y hasta ataca con fiereza los nuevos fundamentalismos relacionados con la actual sublimación de este colectivo. Advierte de que la revolución gay se está convirtiendo en un producto de “merchandising” y que fomenta intolerancias.

Y a esa evolución, poco deseable, no sería ajena la nueva élite de la homosexualidad, la llamada “Mafia Rosa”. El creciente grupo de homosexuales ricos y famosos que desprecia la solidaridad e imita en sus comportamientos privados las fórmulas segregacionistas del machismo radical.

Para algunos expertos en comunicación, Boris sería el último capítulo que ha dado por el momento una tradición ya universal con ilustres precedentes: un hijo tardío de aquel Nueva York de los sesenta donde Andy Warhol era el rey, o un sobrino lejano de la movida madrileña de los ochenta.

Tormentosas interioridades. El propio Boris reconoce también que el histrionismo que le ha hecho famoso bebe de muchas fuentes. De mitos artísticos como Rapahel o Elvis o de personajes de ficción como la Margo Channing que interpretó Bette Davis en “Eva al desnudo”, la película de Joseph Mankiewicz que puso al descubierto las tormentosas interioridades de Broadway.
Claro que también hay otros referentes enraizados directamente en el universo literario. Cómo Truman Capote o el escritor catalán Terenci Moix.

Un intelectual también fascinado por los mitos cinematográficos clásicos y que ejerció durante toda su vida como provocador. Un hombre que nunca eludió convertirse en un fenómeno de masas y a quién el propio Boris ha definido como el verdadero rey del glamour en lengua castellana. Una admiración que le llevó a estar presente en los funerales privados de su ídolo, celebrados en el Saló de Cent de Barcelona en abril de 2003, donde Boris leyó el párrafo inicial de ‘El peso de la paja’, el primer volumen de las memorias de un escritor quién se identificaba con el personaje de Scaramouche porque también había nacido “con el divino don de la risa”. ¿Les recuerda algo?

Boris también reconoce su cercanía a otros escritores, conocidos también por su homosexulidad y vocación provocativa. Uno de ellos es el prestigioso poeta español Luis Antonio de Villena, cuya obra narrativa le aportaría una información de vital importancia en los primeros compases de su aventura española, la correspondiente a la evolución de la sociedad hispana durante la transición del franquismo a la democracia y los brillantes años ochenta.

Creciente prestigio. Desde hace tiempo, Boris goza de un creciente prestigio en los círculos más exclusivos y exquisitos de la intelectualidad española, donde se le reconoce sabiduría y oficio y se espera mucho de él para el futuro. El conocido crítico literario José Luis García Martin, por ejemplo, comenta que en las tres novelas publicadas hasta ahora (“El vuelo de los avestruces”, “Azul Petróleo” y “1965”), y en sus libros de ensayo y crítica de cine (“Morir de glamour”, “Verdades alteradas”, “Fetiche” y “El armario secreto de Hitchcock”), se aprecia un oficio consistente y una personalidad definida. Para él Izaguirre no sería, desde luego, el típico personaje popular de la televisión que aprovecha su tirón popular para desembarcar en la industria del libro.

Pero el Boris escritor, sólo es una anécdota para el gran público español. Quizá un atisbo de que el personaje no es exactamente lo que parece. Cómo si la extraordinaria popularidad que ha conseguido le hubiera hecho caer en la trampa que, según sus propias palabras, supone la televisión. Una trampa que no permite la discrepancia, que da popularidad pero azota y limita la percepción que el público tiene de los famosos.
Por eso quizá también ha definido su ambivalencia, entre el personaje público televisivo y el escritor que siempre fue como una doble adicción en el que la literatura funciona como espacio de absoluta libertad, mientras que la televisión sería “un ojo fagocitador que devora, vampiriza, destruye y construye”.

Un abismo que él intenta superar con esfuerzo. “He jugado con muchos riesgos y a veces he tenido la sensación de que podían volverse contra mí. Y me he dado cuenta de que la única manera que uno puede controlar eso es aplicándose una fortísima disciplina”, afirma. Y asegura también que como escritor nunca se ha hecho preguntas trascendentes. Y se ha limitado a ser disciplinado, eliminar lo que sobra e intentar que a lo largo del proceso creativo el ruido se transforme en música.

Quizá ahora que ha terminado Crónicas sea el momento de que el Boris escritor ocupe el primer plano. Y seguro que con otro aire. El que ya se respira en las columnas que escribe para la revista Zero, la publicación española más prestigiosa dirigida al colectivo homosexual, o en sus intervenciones en el programa de radio “La Ventana”, el magazine de tarde de la Cadena Ser.

Aunque su ausencia televisiva no va a prolongarse demasiado. Antes de fin de año, Boris volverá a la pequeña pantalla para situarse al frente del “magazine” televisivo de tarde que acompañara al lanzamiento de “Cuatro”, la nueva cadena en abierto del grupo Prisa, propietario del Diario “El País” que iniciara sus emisiones el próximo mes de noviembre. Y va a sentirse como en casa. El programa, que producirá Gestmusic (una filial de la operadora española Telefónica) se realizará en Barcelona, en el mismo plató y con los mismos técnicos de “Crónicas Marcianas”

Un homosexual militante. En España, pocos dudan que la presencia en televisión de Boris ha contribuido a normalizar la percepción del público sobre los colectivos “gay” y ayudado a que la decisión del gobierno socialista de legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo tuviera un amplio respaldo. Una nueva norma que Izaguirre aprovechará para casarse con su novio Rubén, a quien conoció en Santiago de Compostela y con quien convive desde poco después de su llegada a España.

La mayoría de los homosexuales españoles considera también positivamente la acción de Izaguirre. Aunque en los primeros tiempos hubo algunas discrepancias y Boris recibió muchas críticas. Beatriz Gimeno, vicepresidenta del Colectivo de Gays y Lesbianas de Madrid (COGAM) lo cuenta así: “cuando apareció Boris hubo muchos gays que expresaron públicamente su desacuerdo con la imagen que ofrecía, pero eran gays con mucha homofobia internalizada y no eran activistas. Lo cierto es que desde el movimiento siempre apoyamos a Boris. Su imagen es la de un gay feliz y contento de sí mismo.

Alguien a quien no es fácil humillar mediante el insulto o la injuria. No tiene por qué representar a nadie, se representa a sí mismo y, en todo caso, representa la pluma (una palabra que en España sirve para describir la exhibición exagerada de comportamientos relacionados con la homosexualidad). La alegría de la pluma, el orgullo de la pluma. A los activistas nos gusta Boris. Es alguien que no se avergüenza de ser cómo es”.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.