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Lunes 31 de octubre de 2005 
 
Crece la confianza de los ciudadanos brasileños pero los empresarios siguen pesimistas
 

La crisis política que sacude Brasil desde hace casi cuatro meses parece que está dejando de hacer mella en los ciudadanos brasileños, al menos en lo que respecta a las perspectivas económicas del país. El Índice de Confianza del Consumidor se incrementó un 1,5% entre septiembre y octubre. Sin embargo, los empresarios se mantienen pesimistas.

El Índice de Confianza del Consumidor lo ha elaborado la Fundación Getúlio Vargas (FGV). Se trata de un indicador que consta de cinco preguntas y que tiene el objetivo de captar a lo largo del tiempo la opinión de los consumidores respecto a la evolución actual y futura de la economía, el mercado laboral y los precios.

El Índice de Expectativas se incremento un 2,9%, lo que demuestra que los brasileños son optimistas respecto a la evolución de la economía en los próximos meses. Sin embargo, empeora su percepción de la marcha de la situación financiera de los núcleos familiares: el porcentaje de personas que calificaron de buena su situación descendió desde el 18,5% de septiembre al 18,3% de octubre.

Los empresarios y el real. Los empresarios son, en general, más pesimistas que los consumidores. Según la encuesta trimestral que elabora la Confederación Nacional de Industria (CNI), la industria ha perdido dinamismo, sobre todo entre las pequeñas y medianas empresas, lo que ha afectado al mercado laboral. Además, el stock de productos finales permanecen por encima de lo deseado y esperado por tercer trimestre consecutivo.

Según el coordinador de la unidad de encuestas de la CNI, estos stocks y la estabilización de la producción es lo que explica el pesimismo del sector. Además, también está afectando al ánimo de los empresarios la evolución de la tasa de cambio. En estos momentos, el real sigue fortaleciéndose frente al dólar. Según datos del Banco Central (BC), hoy por cada dólar se recibían 1,25 reales, dos menos que el viernes cuando la tasa de cambio cerró a 1,27 reales por divisa estadounidense. La fortaleza de la moneda doméstica brasileña afecta fundamentalmente al margen de beneficio de las empresas exportadoras que las obliga a aumentar los precios, lo que genera mayores expectativas de pérdida en el mercado externo.

 

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