| El
jefe del Ejército de Nicaragua, el general Omar Hallesleven,
ha mostrado su preocupación por el debate en el Congreso
nicaragüense sobre el destino de 651 misiles Sam-7
de fabricación soviética, cuya destrucción
reclama EEUU por miedo a que caigan en manos terroristas.
Hallesleven, que asegura que respetará cualquier decisión
del Gobierno, ha declarado a la prensa local que considera
que este armamento es necesario para garantizar la defensa
antiaérea de la nación y pide a los Poderes
del Estado que conserven al menos 400 misiles.
Estas
declaraciones se producen después de que la Asamblea
Nacional haya aceptado discutir una propuesta del gobernante
Partido Liberal Constitucional (PLC) para reformar la Ley
de Armas, con el fin de reducir de 56 a 47 el apoyo de los
diputado necesarios para que el Poder Legislativo acepte
su destrucción.
Una
medida sobre la que el Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN), el principal partido de la oposición
que ocupa 38 escaños en el Parlamento nicaragüense,
no parece estar muy de acuerdo. Según informaciones
de la prensa local, los sandinistas consideran que el PLC
se ha puesto de rodillas ante las presiones del Gobierno
estadounidense.
La
Administración Bush ha mostrado su preocupación
en varias ocasiones ya que teme que los artefactos, que
fueron entregados por la URSS al líder del FSLN,
Daniel Ortega, cuando gobernó el país, puedan
ser utilizados por terroristas. Los misiles, según
estudios de EEUU, tiene capacidad para derribar aviones
comerciales y
se pueden lanzar desde el hombro de cualquier persona.
Sin
embargo, el Ejército de Nicaragua ha confirmado que
tanto expertos de Rusia, fabricantes del armamento, como
nacionales han evaluado los misiles, que se encuentran bajo
excelentes medidas de seguridad. Además, los analistas
aseguran que su preservación no supone ningún
peligro para la seguridad del país.
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