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Jueves 3 de noviembre de 2005 
 
La crisis del Gobierno de Perú salpica al actual canciller peruano
 

Cuando faltan menos de cinco meses para que el Gobierno de Alejandro Toledo termine su legislatura, la crisis de su gabiente está lejos de solucionarse. El actual ministro de Relaciones Exteriores, Óscar Maúrtua, acudirá hoy ante la Comisión de Fiscalización del Congreso peruano, para dar su versión sobre el contenido de una cinta en la que el ex canciller Fernando Olivera, reveló a un empresario televisivo que en su designación como ministro de Relaciones Exteriores faltaba la firma del entonces jefe del Gabinete, Carlos Ferrero. Según la grabación, cuya veracidad aún es estudiada por expertos, Maúrtua era el único que conocía estas presuntas irregularidades.

Pero tras las declaraciones de Maúrtua, la comisión encargada de llevar el caso, tendrá aún que cerciorarse de la autenticidad de la cinta, cuyos resultados podrían tardar casi dos semanas más, según indica la prensa regional. No obstante, el Ejecutivo ha detallado que la grabación es pésima por lo que existen posibilidades de que sea un engaño.

El veredicto podría afectar a las relaciones que Alejandro Toledo mantiene con Olivera, ya que éste es líder del Frente Independiente Moralizador (FIM), un partido que gobierna en coalición con el Ejecutivo toledano desde 2001. Sin embargo, el presidente peruano afirmó que su alianza con el FIM sigue firme y que no se discute bajo ningún término su revisión o continuidad. Prácticamente las mismas palabras que defendió cuando se inició la crisis en su Gobierno el pasado mes de agosto.

Olivera y Ferrero, enemigos. La tormenta se desató cuando el ministro de Relaciones Exteriores anterior a Olivera, Miguel Rodríguez Cuadros, anunció su dimisión para, según fuentes consultadas por Americaeconomica.com, convertirse en el representante de Naciones Unidas en Ginebra. Toledo nombró entonces a su aliado en el poder, Fernando Olivera, para que ocupase el cargo.

Pero esta decisión no sentó bien a Carlos Ferrero, que renunció a su puesto como primer ministro por discrepar con la decisión del presidente de Perú. Con él, tuvieron que presentar la dimisión el resto de sus colegas para que volviesen a jurar sus cargos, tal como legisla la Constitución peruana.

 

 

 

 

 
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