Viernes 28 de octubre de 2005
 
La senadora por Nueva York intenta mantener la distancia con el candidato demócrata a la Alcaldía
 
La reina Hillary
Americaeconomica.com
 

Si algún analista político tenía dudas de que Hillary Clinton ya piensa en competir para ser la candidata a la presidencia del Partido Demócrata en 2008, los últimos acontecimientos quizá hayan acabado con ellas. Sobre todo gracias a la distancia que la dama y su marido guardan ahora con Fernando Ferrer, el candidato demócrata a la Alcaldía de Nueva York.

Cierto que la dama tiene primero que conseguir el año que viene la renovación de su actual condición de senadora por Nueva York, en una carrera a muerte que los republicanos se van a tomar muy en serio, precisamente para eliminar a un peligrosísimo rival en la próxima carrera por la Casa Blanca. Pero sus pensamientos a largo plazo parecen estar concentrados ya en este segundo reto.

Lo mismo que los de su marido. Esta es la explicación que ha encontrado el columnista del New York Times Patrick Healy, gran experto en política local a la tibia actitud que la popular pareja de políticos parece haber tomado a la hora de apoyar a Fernando Ferrer, el candidato demócrata a la Alcaldía de la “Gran Manzana”.

El mejor amigo de la pareja. Ferrer, considerado en la ciudad como uno de los mejores amigos de la pareja, tiene, sin embargo, según las encuestas, muy pocas posibilidades de arrebatarle el puesto a Michael Bloomberg, su rival republicano que cuenta con un inmenso poderío financiero para combatir, baste considerar su propia fortuna personal, y ha sido lo suficientemente listo como para marcar siempre las distancias con Washington. De hecho, hasta fue capaz de evitar fotografiarse con Bush durante las presidenciales de 2004. Y Hillary no quiere comprometer su futuro político apoyando con demasiado entusiasmo a un posible perdedor.

Sin embargo, este matrimonio veterano en muchas campañas electorales, y ganador contra todo pronóstico en alguna de ellas, se estaría viendo obligado a realizar un verdadero ejercicio de equilibrismo diplomático.

Es complicado situar su apoyo a Ferrer en el grado justo para no acabar teniendo problemas con las bases del partido en la ciudad, que, de momento, les adoran y mantener ciertas conexiones con el candidato por si finalmente fuera capaz de dar la sorpresa. Sobre todo para Hillary que está más obligada a seguir ejerciendo una cierta militancia y recibe muchas peticiones para participar en actos públicos junto al aspirante a alcalde.

Bill Clinton, en su condición de prestigioso retirado tiene mucho mejor las cosas. Su fundación, sus conferencias y la cruzada contra la pobreza mundial en la que ahora esta inmerso le obligan a pasar mucho tiempo fuera del país. Con lo que no tiene que negarse demasiada veces. Además, ya ha participado en un acto público conjunto con Ferrer ante 1.000 militantes completamente emocionados. Pero algunos altos cargos del partido que no soportan el poder que mantiene el matrimonio en una ciudad a la que prácticamente acaban de llegar presionan fuerte. Quieren que los Clinton organicen un acto que sirva para recaudar fondos destinados a la campaña de Ferrer de tal modo que se despejen las dudas que puedan existir sobre su actitud favorable al candidato a la Alcaldía.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.