| Si algún
analista político tenía dudas de que Hillary Clinton
ya piensa en competir para ser la candidata a la presidencia del
Partido Demócrata en 2008, los últimos acontecimientos
quizá hayan acabado con ellas. Sobre todo gracias a la distancia
que la dama y su marido guardan ahora con Fernando Ferrer, el candidato
demócrata a la Alcaldía de Nueva York.
Cierto que la dama tiene primero que conseguir
el año que viene la renovación de su actual condición
de senadora por Nueva York, en una carrera a muerte que los republicanos
se van a tomar muy en serio, precisamente para eliminar a un peligrosísimo
rival en la próxima carrera por la Casa Blanca. Pero sus
pensamientos a largo plazo parecen estar concentrados ya en este
segundo reto.
Lo mismo que los de su marido. Esta es la explicación
que ha encontrado el columnista del New York Times Patrick
Healy, gran experto en política local a la tibia actitud
que la popular pareja de políticos parece haber tomado a
la hora de apoyar a Fernando Ferrer, el candidato demócrata
a la Alcaldía de la “Gran Manzana”.
El mejor amigo de la pareja. Ferrer,
considerado en la ciudad como uno de los mejores amigos de la pareja,
tiene, sin embargo, según las encuestas, muy pocas posibilidades
de arrebatarle el puesto a Michael Bloomberg, su rival republicano
que cuenta con un inmenso poderío financiero para combatir,
baste considerar su propia fortuna personal, y ha sido lo suficientemente
listo como para marcar siempre las distancias con Washington. De
hecho, hasta fue capaz de evitar fotografiarse con Bush durante
las presidenciales de 2004. Y Hillary no quiere comprometer su futuro
político apoyando con demasiado entusiasmo a un posible perdedor.
Sin embargo, este matrimonio veterano en muchas
campañas electorales, y ganador contra todo pronóstico
en alguna de ellas, se estaría viendo obligado a realizar
un verdadero ejercicio de equilibrismo diplomático.
Es complicado situar su apoyo a Ferrer en el
grado justo para no acabar teniendo problemas con las bases del
partido en la ciudad, que, de momento, les adoran y mantener ciertas
conexiones con el candidato por si finalmente fuera capaz de dar
la sorpresa. Sobre todo para Hillary que está más
obligada a seguir ejerciendo una cierta militancia y recibe muchas
peticiones para participar en actos públicos junto al aspirante
a alcalde.
Bill Clinton, en su condición de prestigioso
retirado tiene mucho mejor las cosas. Su fundación, sus conferencias
y la cruzada contra la pobreza mundial en la que ahora esta inmerso
le obligan a pasar mucho tiempo fuera del país. Con lo que
no tiene que negarse demasiada veces. Además, ya ha participado
en un acto público conjunto con Ferrer ante 1.000 militantes
completamente emocionados. Pero algunos altos cargos del partido
que no soportan el poder que mantiene el matrimonio en una ciudad
a la que prácticamente acaban de llegar presionan fuerte.
Quieren que los Clinton organicen un acto que sirva para recaudar
fondos destinados a la campaña de Ferrer de tal modo que
se despejen las dudas que puedan existir sobre su actitud favorable
al candidato a la Alcaldía.
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