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El
futuro de Bolivia es incierto. Una situación que se deriva
de la 'guerra regional' que protagonizan cinco provincias por una
nueva distribución de los escaños en el Congreso nacional
y que incluso hace peligrar la cita electoral del próximo
4 de diciembre. Esta circunstancia también pone de manifiesto
la debilidad de los partidos políticos bolivianos. El Movimiento
Al Socialismo (MAS), que lidera Evo Morales, es la única
excepción. El resto, no responde a las directrices de sus
respectivas cúpulas.
Un
hecho que se ha demostrado esta semana, cuando todos los diputados
de las provincias de Santa Cruz, Cochambana, Oruro y Beni, aun siendo
de agrupaciones políticas distintas, se retiraron en conjunto
de la sesión plenaria a modo de protesta para reivindicar
el reparto de parlamentarios que exigen que el Congreso apruebe.
En
este conflicto tienen más poder los intereses regionales
que los políticos. Los parlamentarios provinciales han creado
un bloque y todos exigen el nuevo esquema de representación
política que más conviene a sus regiones. La crisis
política y social que arrastra Bolivia desde la salida del
presidente Sánchez de Lozada en 2003 ha pasado factura. Desde
entonces, la representación parlamentaria está intacta
y el desprestigio del Congreso sigue en aumento. Más aún
cuando en la Cámara baja se extienden durante cinco semanas
enfrentamientos como éste.
Pero
esta 'pelea' tiene un trasfondo mucho mayor. Las distintas regiones
se juegan ganar o perder más representación política,
lo que significa tener más influencia en las decisiones legislativas
que se discutan en el Congreso.
Un
escenario en el que se ponen de manifiesto los dos frentes en los
que se divide el país. Uno rico, ubicado en la zona oriental
donde se encuentran casi todas las reservas petroleras del país;
en esta región están las provincias de Santa Cruz
y Cochabamba, lideradas por empresarios que quieren la autonomía
para tomar sus propias decisiones. El otro frente, es el de la Bolivia
indígena, en donde reside la mayor parte del 64% de los bolivianos
que vive bajo el umbral de la pobreza.
Las
provincias de Oruro y Potosí son las representantes de esta
zona oriental, y aunque cuentan con pocos recursos económicos,
han demostrado que pueden protagonizar grandes movilizaciones con
consecuencias directas, como las protestas que motivaron la dimisión
del ex presidente Carlos Mesa este mismo año.
Ambos
bandos ya se han enzarzado en varias discusiones. El último
enfrentamiento fue cuando se discutía la nueva Ley de Hidrocarburos.
Una norma que incrementa los impuestos a las petroleras extranjeras
que operan en Bolivia al 32% de sus beneficios y un 18% de regalías.
Cuando se llevaba a cabo este trámite, las provincias occidentales
exigían la nacionalización del gas y las orientales
querían independencia para gestionar los recursos que se
generan en su territorio. Al final, la "zona rica" consiguió
la victoria y ahora cuenta con un fondo de compensación a
través del que reciben un 2% de los ingresos petroleros.
La
nueva 'guerra'. En esta nueva batalla provincial el detonante
fue el fallo del Tribunal Constitucional del 25 de septiembre, que
recoge la petición de la provincia de Santa Cruz e insta
al Congreso a que haga una nueva redistribución de los escaños
con el nuevo censo. El dictamen dice que hay que cambiar la actual
representación política en el Congreso, pero no dice
cómo.
De ahí, todos los problemas. Las regiones orientales de Santa
Cruz y Cochabamba alegan que desde el último censo electoral
de 1996 su población ha crecido mucho. Exigen que se tengan
en cuenta los últimos datos poblacionales y que se les otorgue
cuatro y dos diputados adicionales, respectivamente. Unos escaños
que perderían las provincias orientales de Potosí,
La Paz y Oruro. Algo que éstas no quieren aceptar.
El
presidente de Bolivia, Eduardo Rodríguez, ha intentado mediar
en este polémico debate. El mandatario ha sentado en la misma
mesa a los representantes autonómicos de las provincias enfrentadas
por la redistribución de los escaños en el Congreso
y a los presidentes de las cámaras bolivianas. El objetivo:
buscar el consenso y la salida de esta crisis. Pero no se ha logrado
ningún triunfo. Fracaso tras fracaso, la opción de
que las elecciones se retrasen cobra más fuerza. Algo a lo
que Rodríguez se opone tajantemente. Para evitarlo, el presidente
incluso ha llegado a amenazar con abandonar su cargo de forma anticipada.
Una advertencia que ha retirado esta misma semana. El mandatario
ha asegurado que concluirá la legislatura para solucionar
esta confrontacion.
La
encrucijada de Rodríguez. Pero los intentos del
mandatario a lo largo de estas cinco semanas de enfrenamiento autonómico
no se quedan aquí. Rodríguez ya ha dado en dos ocasiones
un ultimátum. En ambas ocasiones, el presidente ha asegurado
que estaba dispuesto a acabar con este conflicto a través
de un decreto ley, y las dos veces ha decidido postergar los plazos,
confiado en que el Congreso pactará un acuerdo.
La primera vez que lanzó esta advertencia fue justo antes
de viajar a España para asistir a la Cumbre Iberoamericana
de Salamanca (14 y 15 de octubre). En esa fecha, el presidente Rodríguez
advirtió que si tras su regreso las provincias no tenían
listo una propuesta consensuada, él impondría un reparto
que con el que Santa Cruz obtendría dos nuevos diputados,
Cochabamba uno y La Paz, Oruro y Potosí perdieran otro.
Pero
volvió de su viaje y las provincias no habían conseguido
ninguna solución. Entonces volvió a dejar otra semana
de plazo. Después de otros siete días en los que no
se ha avanzado nada, Rodríguez ha repetido su amenaza, pero
esta vez con un cambio en la distribución. El decreto ley
que el presidente tiene ahora en sus manos otorga a la provincia
cruceña un escaño más y resta a Potosí
y Oruro otro. La Paz y Cochabamba seguirían con la misma
representación en el Congreso.
Pero
esta opción es muy peligrosa. La resolución del Tribunal
Constitucional dice que esta distribución se debe hacer a
través de una ley, no por decreto. Si Rodríguez lo
hiciera por decreto, acabaría con este conflicto de forma
inmediata, pero a medio plazo se podría producir una crisis
mucho mayor. La distribución de escaños se podría
declarar inconstitucional y las elecciones, ilegales.
Ante
estos condicionantes, el presidente sigue dando opción al
diálogo. Pero que los diputados se pongan de acuerdo en el
Congreso parece una misión imposible. Hoy viernes, el pleno
del Congreso vive una jornada decisiva. También hoy se cumple
el plazo que ha dado la Corte Nacional Electoral. Este organismo
advirtió al presidente Rodríguez que si el día
28 de octubre no se había definido la nueva distribución
de escaños, las elecciones se retrasarían. Ya no habría
tiempo para todos los procedimientos burocráticos, como la
inscripción de los candidatos y la definición de las
circunscripciones.
Y que
se celebren las elecciones en el plazo previsto es precisamente
la obsesión del presidente boliviano, que asumió la
Presidencia, después de la renuncia de Carlos Mesa, con el
único objetivo de convocar unos nuevos comicios. Una vez
que se hiciera este llamamiento, su misión concluiría.
Todos
los sectores del país coinciden es esta cuestión.
Formar un nuevo Gobierno y renovar el Congreso es la única
vía para superar la crisis boliviana. Incluso los bolivianos
de a pie, que ahora se muestran indiferentes ante las disputas parlamentarias,
no están dispuestos a permitir un retraso en las elecciones,
la única oportunidad que tienen para buscar su propio destino.
El
Congreso decide. Los parlamentarios volverán a buscar
una solución. El presidente del Congreso, Norah Soruco, está
dispuesto incluso a extender los debates durante todo el fin de
semana. Pero para que los debates puedan dar algún fruto
es necesario que los diputados estén presentes y que haya
quórum. Por eso, Soruco ha instado a los diputados que en
las sesiones de ayer y del miércoles se levantaron de sus
asientos a que regresen al Congreso. Si Santa Cruz y Cochabamba
deciden no asistir, ya no habrá el número necesario
de diputados para sacar adelante ningun reparto.
Estos
diputados deberán votar dos proyectos de ley que podrían
acabar con esta 'guerra'. Uno de ellos es el que propone el Gobierno,
el mismo que podría convertirse en decreto legislativo. El
otro lo presenta el ex presidente Luis Ossio, diputado por el Partido
Demócrata Cristiano (PDC), que sugiere ampliar el número
total de escaños en el Congreso de 130 a 145.
Todo
es incertidumbre. Según algunos analistas, ante
esta situación podría pasar cualquier cosa.Se barajan
varias opciones: el retraso de la fecha límite por parte
de la Corte Nacional Electoral, la aprobación a cargo del
Congreso de cualquiera de las dos opciones, o bien, otro reparto
para calmar las exigencias de Santa Cruz, la provincia que más
empeño está poniendo en este conflicto.
El Comité
Cívico de Santa Cruz no está dispuesto a aceptar una
distribución que le otorgue menos parlamentarios que los
que exige ahora. Su posición es tan tajante que incluso ha
publicado un comunicado en el que asegura que baraja la opción
de convocar un referéndum para conseguir la independencia
de la provincia del resto del país.
Un
anuncio que ha provocado una reacción en el Ejército,
que hasta el momento no había hecho ninguna declaración
sobre esta disputa. Las Fuerzas Armadas bolivianas han asegurado
que están alineadas con la Constitución y que respetarán
las leyes y defenderán la democracia. Sin embargo, no están
dispuestas a aceptar una disgregación de Bolivia.
La
situación política es muy difícil. Los expertos
consideran que lo peor que podría ocurrir es que se aplazaran
las elecciones. El Gobierno está en una encrucijada. El presidente
Rodríguez quiere que se llegue a un pacto pero sobre todo
desea que se celebren las elecciones el próximo 4 de diciembre,
tal y como estaba programado. Si el Congreso no llega a un acuerdo,
e presidente tendría la posibilidad de acabar con la guerra
autonómica con un decreto, pero las consecuencias de esta
acción podrían ser muy negativas.
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