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Recientemente ha
tenido lugar en Madrid el "Congreso Soberanía Tecnológica
de Europa", celebrado con motivo del centenario del Instituto
de la Ingeniería de España. La técnica, en
la mayor parte de los casos, es una consecuencia, una aplicación
de la ciencia. Pero ambas realidades son distintas. La ciencia aspira
a explicar, a comprender la realidad. La técnica aspira a
dominar, a transformar esa realidad.
Durante siglos, la ciencia fue una actividad
prácticamente inútil. Los griegos, auténticos
creadores de la ciencia actual, no supieron ver la utilidad de la
misma. Fue necesario llegar al Siglo XVI para que surgiera la figura
de Francis Bacon (1561-1626). De él ha escrito Farrington
que su historia "es la de una vida consagrada a una gran idea.
Arriagó la idea en él siendo un muchacho, fue creciendo
con la variada experiencia de su vida, y seguía ocupándose
la mente en su lecho de muerte. La idea, en parte realizada y en
parte enmohecida, con frecuencia todavía mal interpretada,
ha pasado a ser hoy en día un lugar común, pero en
día constituyó una novedad. Consiste simplemente en
que el conocimiento debería dar su fruto en obras, que la
ciencia debería ser aplicable a la industria, que los hombres
deberían tomar como un deber sagrado el organizarse con vista
a mejorar y transformar las condiciones de vida".
Hoy la técnica es considerada un factor
económico en el desarrollo de los países. En todas
partes, se habla de I+D. Y se lamenta que España invierta
menos recursos en investigación, que otros países
de su entorno y de sus características. Se lamenta también
que la Unión Europea, cuna de la investigación científica
mundial, haya sido superada por EEUU.
En este congreso se han abordado aquellos puntos
más importantes de la técnica moderna. Se ha puesto
un especial interés en la llamada Gran Convergencia Tecnológica
del Siglo XXI. Se trata de la NBIC (Nano-Bio-Info-Cogno). Aquí
está, en gran medida, el futuro del siglo en que vivimos.
También se ha hablado del bioetanol
y de otros potenciales combustibles renovables, que constituyen
una clara alternativa a los combustibles fósiles actuales,
llamados a desaparecer. España se encuentra relativamente
avanzada en este terreno. El cambio climático ha sido también
objeto de un especial interés. La absorción del efecto
invernadero en nuestro mundo constituye un tema de mayor interés
y actualidad.
La ciencia y, en consecuencia la técnica,
se encuentran estrechamente ligada al orden social. Así Max
Weber ha podido escribir que "la creencia en el valor de la
verdad científica no deriva de la naturaleza, sino que es
un producto de culturas definidas".
El desarrollo de la ciencia sólo se
produce en determinadas sociedades. Así ha surgido la sociología
de la ciencia. Uno de sus máximos representantes, Robert
K. Merton, ha escrito que "lo que para nosotros es un fenómeno
normal que no requiere ninguna explicación y resguarda muchos
valores culturales evidentes, ha sido en otros tiempos y es aún
en muchos lugares algo anormal e infrecuente. La continuidad de
la ciencia exige la participación activa de personas interesadas
y capaces en las actividades científicas, pero sólo
condiciones culturales apropiadas aseguran este apoyo a la ciencia".
También pueden considerarse aquellas
condiciones que dificultan, de forma deliberada, el desarrollo científico.
Estas condiciones pueden ser políticas o económicas.
Recordemos, por ejemplo, las limitaciones impuestas a los científicos
por la Alemania nazi, con el pretexto de elaborar una "ciencia
judía".
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