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Desde el 11-S, "paraísos fiscales"
y "sociedades off shore" son conceptos que han
entrado en el vocabulario común, como los instrumentos que
permiten a los terroristas financiar sus actividades. Sin embargo
hay quien opina que el terrorismo no es único mal que propician.
La tesis que defiende el libro "Los paraísos fiscales",
de Juan Hernández Vigueras, es que los servicios que las
sociedades domiciliadas en estos lugares ofrecen a los hombres de
negocios de traje y chaqueta son también dañinos para
el conjunto de la sociedad.
Para escribir su obra, Vigueras se ha basado
en datos disponibles en informes públicos de organismos como
el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Internacional de
Pagos (BIS) e incluso la Oficina Antiterrorismo del Gobierno de
EEUU, "entidades que no son sospechosas de izquierdismo",
según las palabras del autor en la presentación de
libro en Madrid, el pasado día 26.
Cada año entre 11.000 y 12.000 millones
de dólares (90.091 y 9.917 millones de euros) acaban en los
paraísos fiscales, lo que supone una pérdida de recaudación
por parte de los Estados calculada en más de 250.000 millones,
según datos ofrecidos por Vigueras quien citó una
investigación de la Red de Justicia Fiscal. Estas cifras
se refieren únicamente a los fondos transferidos por individuos
cuyo capital supere el millón de dólares. Es decir,
que no incluye el dinero gestionado por las sociedades off shore
instrumentales de las grandes corporaciones internacionales.
Los datos esgrimidos por Vigueras son iluminadores.
En las Islas Vírgenes Británicas, donde viven 21.000
personas, en 2003 estaban registradas cerca de 350.000 de estas
compañías entre cuyas particularidades, además
de la exención fiscal, está también la falta
de obligación de identificar a sus accionistas. En el mismo
año, las tasas de registro de estas compañías
suponía el 55% del total del PIB de las islas inglesas, donde
se concentra el 45% del mercado mundial off shore.
Desde 1994 se han introducido dos limitaciones
a las actividades que pueden realizar estas sociedades: no pueden
hacer negocios en las Islas y deben tener por lo menos un representante
en el territorio. Sin embargo, según un informe de la CIA,
en 1994 en las Vírgenes Británicas había tan
solo 90 representantes.
Debate ideológico. Vigueras es
miembro de la sección madrileña de Attac, el movimiento
social conocido como impulsor de un impuesto global sobre las transacciones
financieras, la llamada Tasa Tobin. En la presentación de
su libro le acompañaban el presidente de Attac Madrid, Ricardo
García Zaldívar, y el periodista Joaquín Estefanía,
ex director del diario español El País. Los
tres coincidieron en que el discurso sobre los paraísos fiscales
tiene que enmarcarse en una reflexión más general
sobre la sostenibilidad del modelo económico que prevalece
actualmente a lo largo y ancho del planeta. Attac cree que este
modelo no es sostenible y vierte sus críticas en tres ámbitos.
Desde el punto de visto económico, según este movimiento,
se está produciendo un traspaso de los recursos de los sectores
productivos a los financieros y especulativos. Las sociedades off
shore, que no producen nada y ni siquiera tienen una plantilla
de trabajadores, son un ejemplo perfecto de esta situación.
En el ámbito social, la vigente interpretación y aplicación
del modelo neoliberal está profundizando las diferencias
entre ricos y pobres dentro de los países y también
entre naciones. El síntoma más evidente de esta situación
es el incremento de los flujos migratorios hacia los llamados países
del primer mundo, pero también los que se están produciendo
en el África subsahariana, donde millares de personas fustigadas
por la sed andan kilómetros a través del desierto
en búsqueda de un sitio donde sobrevivir.
Finalmente, desde el punto de vista medioambiental, el actual modelo
económico está llevando a la disipación de
los recursos naturales, mientras los intereses consolidados de los
grandes potentados económicos impiden el desarrollo de fuentes
de energías renovables o modelos de producción menos
contaminantes.
La globalización, según indicó Estefanía,
atribuye grados diferentes de libertad de movimiento a los distintos
componentes del sistema. Dicha libertad es absoluta para el capital,
relativa para bienes y servicios y limitada para las personas. Ahora
bien, los eventos recientes demuestran que tanto la libertad de
movimiento de las personas como las de bienes y servicios está
sufriendo recortes. El miedo a la avalancha migratoria está
provocando que incluso la UE, tradicionalmente mejor dispuesta a
acoger extranjeros en sus fronteras, está pensando en medidas
cada vez más drásticas para limitar los flujos de
inmigrantes. Paralelamente, los países son más propensos
a poner en marcha medidas proteccionistas para defender sus productos
de la competencia extranjera. Sin embargo, el movimiento de capitales
sigue sin sufrir prácticamente ninguna restricción
y esto pese a que la "guerra contra el terrorismo" emprendida
por Washington tras los ataques a las Torres Gemelas incluyera el
combate a las fuentes de financiación del terrorismo.
Impotencia. El libro de Vigueras sostiene la tesis que los
propios Estados son cada vez menos competentes para atacar este
problema, cuya dimensión global traspasa los confines de
Estados y países. Los organismos internacionales han dejado
de ofrecer el dato relativo a cuánto dinero se mueve diariamente
en el mercado de divisas, pero las últimas cifras disponibles
hablaban de dos billones de dólares.
Estos movimientos de capitales son especulativos, pero no ilegales.
La voluntad de los Estados de impedir la financiación terrorista
mediante los paraísos fiscales choca con que cualquier limitación
a las libertades de estos territorios conllevaría recortes
a las ganancias de los capitales especulativos. Una opción
que la mayoría de los gobiernos no parece dispuesta a aceptar.
Como ejemplo de esta situación, Vigueras afirmó que
tras el 11-S el entonces secretario del Tesoro estadounidense, Paul
O'Neel, tuvo que viajar personalmente a Liechtenstein, un pequeñísimo
Estado de los Alpes y que goza de la cobertura del secreto bancario
y de opacidad fiscal, para que las autoridades locales accediesen
a revelar a EEUU los nombres de los propietarios de una cuenta bancaria
sospechosa de haber acogido dinero terrorista.
Los medios, cómplices. Otro
de los aspectos de este problema analizado en el libro de Vigueras
es la manera en la que es tratado en los medios de comunicación.
Para empezar, el autor critica la propia definición de paraíso
fiscal, que se contrapone a la de "infierno fiscal que se aplica
a las economías más avanzadas del norte de Europa,
donde la carga fiscal" es muy elevada. "¿Paraíso
e infierno para quién?" es la pregunta retórica
de Vigueras, quien destaca cómo los medios confunden la ventajas
de unos pocos con el bienestar general. En la perspectiva de Attac,
si las rentas de capitales no pagan impuestos, los Estados contarán
cada vez con menos recursos y esto provocará la desaparición
del llamado Estado del bienestar.
Pero hay más. A veces, en vez de hablar de paraísos
se habla de refugios fiscales, otra expresión que da la idea
de algo que se pone a salvo de una agresión. De nuevo, serían
los Estados con sus peticiones recaudatorias "el mal"
del que hay que escapar.
Por esta razón, Vigueras concluyó su intervención
dejando claro que los paraísos fiscales "no son un problema
económico, sino político e ideológico".
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