| Los
asesores de la Casa Blanca parecen haber dado con la fórmula
para solucionar la crisis endémica por la que pasan
las aerolíneas del país desde los atentados
del 11-S: permitir que las compañías o los
inversores extranjeros adquieran participaciones mayoritarias
en el capital de estas empresas que les permita en último
término tener el control de la gestión.
El proyecto de ley de la Casa Blanca tiene, sin embargo,
un objetivo inicial distinto, conseguir fuertes dotaciones
de capital procedentes del exterior para impulsar el reflotamiento
del negocio.
Antes habría que derribar las barreras legales que,
actualmente, protegen la nacionalidad de un sector que siempre
ha sido considerado estratégico. Pero quizá
ahora hay que olvidarse de eso para conseguir un verdadero
acuerdo de cielos abiertos con la Unión Europea que
amplíe los márgenes en los que pueden moverse
las compañías estadounidenses.
Pero los planes de Washington intentan mantener algunas
de las leyes actuales que preservan por motivos de seguridad
nacional la “americanidad” de estas compañías.
Como por ejemplo, que los extranjeros no puedan tener más
del 25% del capital, ni más de un tercio del total
de miembros presentes en el consejo o que el presidente
de la compañía tenga que ser siempre un estadounidense.
La solución pasaría por un acuerdo de cesión
de la gestión que respetase estos límites
nominales pero los eliminará en la práctica.
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