Los magnates de
los medios de comunicación estadounidenses han vuelto con
decisión a la Red. Una tendencia iniciada por Rupert Murdoch
que ha realizado varias compras en los últimos meses y en
la que también participan Time Warner y Disney, aunque con
estrategias distintas.
La competencia de las interneteras puras como Google o Yahoo! en
la distribución de contenidos informativos tiene la culpa
de esta reconfiguración que, probablemente, sólo acabe
de iniciarse.
Murdoch ha decidido plantar cara a la competencia en el terreno
que sus rivales mejor dominan. Y ha gastado desde el pasado mes
de junio unos 1.000 millones de dólares (837,4 millones de
euros) en comprar portales especializados como propertyfinder.com,
de anuncios inmobiliarios, o myspace.com.
Sus rivales mantienen perfiles un tanto más discretos. Disney,
por ejemplo, ha optado por conseguir acuerdos de distribución
favorables para sus contenidos, el último en el ya poderoso
entorno Ipod de Apple.
Lo mismo ha hecho Time Warner que, junto a otros operadores de cable
como Comcast, han llegado a un acuerdo para llevar el video a los
móviles de Sprint. Por cierto, que Richard Parsons, el presidente
de esta “major” que busca renacer, estudia varias ofertas,
incluida la todavía vigente de Microsoft, para vender una
participación de AOL, una compañía que parece
revivir en los últimos tiempos gracias al interés
que despierta su todavía nutrida, aunque a la baja, cartera
de clientes.
Acciones. Pero los inversores desconfían
de los movimientos a corto plazo de las principales compañías.
Esta actividad inesperada hace sólo unos meses no cuenta
por ahora con el beneplácito de los mercados financieros.
Desde agosto, el precio de las acciones de las principales compañías
del sector pierde un 8% de media.
Más, por ejemplo, que el S&P 500 que se ha dejado sólo
un 2% en el mismo periodo. Time Warner, gracias a los rumores derivados
de la posible llegada de un nuevo socio para AOL, es la única
excepción y gana un 5%.
Las dudas parecen concentrarse en los cambios que pueden producirse
en la conducta de los consumidores de productos audiovisuales en
un momento en que la irrupción de nuevas tecnologías
es casi constante y las empresas instaladas en estos sectores han
conseguido aumentar significativamente sus ingresos publicitarios.
El crecimiento de la inversión en los nuevos sectores, y
el repunte que está experimentando el gasto concentrado en
la red despierta algunos temores sobre la capacidad de reacción
real de los viejos imperios de comunicación. Sobre todo por
culpa de la rémora histórica que supuso su participación
en los tiempos de la vieja burbuja tecnológica de finales
del siglo XX.
Entonces, en una loca carrera de fusiones y adquisiciones, las grandes
empresas del sector aumentaron demasiado su endeudamiento y, en
algunos casos, aún arrastran la aventura. Quizá ahora
no sea repita aquel caso, pero parecen partir con un cierto retraso
para atrapar a las empresas de la Red que sobrevivieron a la debacle.
Lo mismo que a las potentes recién llegadas.
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