| La
IV Cumbre de las Américas se inicia hoy en la ciudad argentina
de "Mar de Plata". Todos los países de Latinoamérica,
menos Cuba, y Canadá se preparan para una dura negociación
con EEUU, cuyo máximo representante, el presidente Bush,
llega a la cita en uno de los momentos más complicados de
su trayectoria. La caída de la popularidad del actual inquilino
de la Casa Blanca parece imparable, en su propio país y en
el mundo.
Una
situación difícil para convencer a los representantes
de Iberoamérica, un subcontinente que ha dado pasos significativos
para configurar su propio modelo de integración en los últimos
años. Un sistema que prefiere primar primero las alianzas
regionales y que, en esencia, se convierte en una alternativa a
la idea estadounidense de configurar un continente sin barreras
comerciales y políticamente controlado: las líneas
maestras del Área de Libre Comercio de las Américas
(ALCA), el proyecto por el que EEUU apuesta desde hace más
de una década y que no goza de apoyos suficientes ni siquiera
en el interior de su propio territorio.
A pesar
de ello, el presidente Bush ha viajado a Argentina con la maleta
llena de propósitos comerciales. Su interés principal
es impulsar el mencionado ALCA, pero si fracasa en el intento, el
mandatario estadounidense tendrá el consuelo de haber avanzado
en este ámbito con muchos de los países de la región.
Entre ellos, los centroamericanos, con quienes está a punto
de rubricar el Cafta, y los países andinos, que también
ultiman un TLC con EEUU. Unos acuerdos que permiten a la Casa Blanca
ganar mucha influencia en algunas áreas.
Tratados
comerciales. Pero además de estos intereses, Bush
también intenta ganar la simpatía de aquellos que
se muestran más reticentes a sus planes comerciales. Esta
misma mañana, el mandatario estadounidense se ha reunido
con el presidente argentino, Néstor Kirchner. El saldo de
este encuentro ha sido neutral. En la rueda de prensa conjunta,
Bush ha declarado que ve positivo que el Gobierno argentino adopte
una posición más dura en las negociaciones con el
FMI. Sin embargo, el inquilino de la Casa Blanca se ha negado a
respaldar estas discusiones para conseguir un nuevo acuerdo, un
gesto deseado por Kirchner.
Con
independencia de las reuniones bilaterales, los analistas no esperan
demasiados avances de una Cumbre que se inicia sin que los 34 países
participantes hayan podido consensuar aún una declaración
final. En lo único que han conseguido ponerse de acuerdo
hasta ahora es en el nombre de los temas a tratar. Se trata de buscar
políticas comunes para combatir la pobreza y fortalecer la
democracia. Un enunciado lo suficientemente poco concreto para que
todo encaje. Hasta las radicales discrepancias que existen entre
unos y otros a la hora de establecer las estrategias necesarias
para conseguir el objetivo propuesto.
Lula
y Kirchner, por ejemplo, creen que el sistema pasa por una drástica
reducción de los subsidios agrícolas con los que Washington
subvenciona a este sector productivo e impide la libre competencia
que tanto predica. Mientras, Bush quiere que se derriben los aranceles
y se escriban leyes para la protección de las patentes y
la propiedad intelectual. La misma disputa de siempre, la que enturbia
la firma de los tratados de libre comercio con algunas áreas
y complica la finalización de la ronda de Doha en el seno
de la OMC.
Las
diferencias. En esta ocasión, el presidente estadounidense
cuenta con dos fuertes aliados: México y Canadá. Los
gobiernos de las tres naciones han formado un bloque con el objetivo
de impulsar el ALCA. Incluso, a pesar de la oposición manifiesta
de los miembros del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay),
están dispuestos a avanzar en este tratado comercial de una
forma paralela. El presidente mexicano, Vicente Fox, ha asegurado
esta misma mañana que se baraja la posibilidad de formalizar
este acuerdo entre todos los países del Continente salvo
con Argentina, Venezuela, Brasil, Paraguay y Uruguay. Una posible
opción que fragmentaría a la comunidad latinoamericana.
La
unidad entre México y EEUU no va más allá de
lo estrictamente comercial. Ambos países están enfrentados
en el aspecto laboral, otro de los temas fundamentales en esta Cumbre
y que todavía está por resolver en la declaración
final. El Gobierno de Bush se niega a introducir un párrafo
que diga que los inmigrantes tienen derechos laborales que deben
ser respetados aunque no dispongan de los permisos legales de residencia.
Pero México, que contabiliza ocho millones de emigrantes
ilegales en EEUU, está empeñado en sacar adelante
esta puntualización.
En
el centro del combate otros países como Chile o Colombia
que intentan mantener un equilibrio cada vez más difícil
entre las posiciones contrapuestas de los dos bloques.
Previsiones.Pero
la falta de perspectivas políticas reales, no será
un obstáculo para que la reunión proporcione imágenes
quizá impagables como el momento en que Bush se encuentre
con el mandatario venezolano Hugo Chávez, un crítico
que es parte fundamental, junto al ausente Fidel Castro, del "eje
del mal", la confabulación política antiestadounidense
que los expertos en política exterior del entorno de la Casa
Blanca se han inventado como enemigo favorito en la zona.
Una alianza de neocomunistas con intenciones claramente desestabilizadoras
e internacionalistas, según dicen. Y también alguien
que usa la riqueza conseguida con el petróleo para configurar
un tejido de alianzas en la región que pueden subvertir la
tradicional sumisión a las consignas de Washington de la
mayoría de los Gobiernos de la zona. Peor aún, según
las últimas encuestas sólo el 17% de las elites latinoamericanas,
la principal corriente de trasmisión con la que siempre contó
EEUU aprueban la política de Bush hacia la región.
Al
cierre de esta edición, los mandatarios comienzan a llegar
al Auditorio de Mar de Plata, lugar en el que se va a llevar a cabo
a partir de las 16:30 horas (20:30, hora española) la ceremonia
de inauguración de la IV Cumbre de las Américas. En
esta cita sólo hay dos ausencias, la de los presidentes de
Honduras, Ricardo Maduro, y Panamá, Martín Torrijos.
Para
esta ocasión, el Gobierno argentino ha preparado un amplio
dispositivo de seguridad. Seis buques de guerra hacen guardia en
la costa, el ruido de tres helicópteros es constante, mientras
que 8.000 soldados y policías recorren las playas y las avenidas.
Una cifra que duplica el número de efectivos que protegieron
a estos mismos líderes en la Cumbre Iberoamericana de Salamanca
de mediados de octubre. Claro que entonces no estaba Bush. Algo
es seguro, los mandatarios americanos no corren ningún peligro,
Mar de Plata es hoy uno de los lugares más seguros del mundo.
Quizá,
tanta protección consiga evitar que los políticos
reunidos en esta Cumbre escuchen las canciones de protesta del cantautor
cubano Silvio Rodríguez, que en estos momentos ofrece un
concierto ante 40.000 personas y clausura la Cumbre de los Pueblos.
|