Viernes 4 de noviembre de 2005
 
Latinoamérica intentará explicar a Bush su modelo de integración en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata
 
La visita del Tío Sam
Americaeconomica.com
 

La IV Cumbre de las Américas se inicia hoy en la ciudad argentina de "Mar de Plata". Todos los países de Latinoamérica, menos Cuba, y Canadá se preparan para una dura negociación con EEUU, cuyo máximo representante, el presidente Bush, llega a la cita en uno de los momentos más complicados de su trayectoria. La caída de la popularidad del actual inquilino de la Casa Blanca parece imparable, en su propio país y en el mundo.

Una situación difícil para convencer a los representantes de Iberoamérica, un subcontinente que ha dado pasos significativos para configurar su propio modelo de integración en los últimos años. Un sistema que prefiere primar primero las alianzas regionales y que, en esencia, se convierte en una alternativa a la idea estadounidense de configurar un continente sin barreras comerciales y políticamente controlado: las líneas maestras del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el proyecto por el que EEUU apuesta desde hace más de una década y que no goza de apoyos suficientes ni siquiera en el interior de su propio territorio.

A pesar de ello, el presidente Bush ha viajado a Argentina con la maleta llena de propósitos comerciales. Su interés principal es impulsar el mencionado ALCA, pero si fracasa en el intento, el mandatario estadounidense tendrá el consuelo de haber avanzado en este ámbito con muchos de los países de la región. Entre ellos, los centroamericanos, con quienes está a punto de rubricar el Cafta, y los países andinos, que también ultiman un TLC con EEUU. Unos acuerdos que permiten a la Casa Blanca ganar mucha influencia en algunas áreas.

Tratados comerciales. Pero además de estos intereses, Bush también intenta ganar la simpatía de aquellos que se muestran más reticentes a sus planes comerciales. Esta misma mañana, el mandatario estadounidense se ha reunido con el presidente argentino, Néstor Kirchner. El saldo de este encuentro ha sido neutral. En la rueda de prensa conjunta, Bush ha declarado que ve positivo que el Gobierno argentino adopte una posición más dura en las negociaciones con el FMI. Sin embargo, el inquilino de la Casa Blanca se ha negado a respaldar estas discusiones para conseguir un nuevo acuerdo, un gesto deseado por Kirchner.

Con independencia de las reuniones bilaterales, los analistas no esperan demasiados avances de una Cumbre que se inicia sin que los 34 países participantes hayan podido consensuar aún una declaración final. En lo único que han conseguido ponerse de acuerdo hasta ahora es en el nombre de los temas a tratar. Se trata de buscar políticas comunes para combatir la pobreza y fortalecer la democracia. Un enunciado lo suficientemente poco concreto para que todo encaje. Hasta las radicales discrepancias que existen entre unos y otros a la hora de establecer las estrategias necesarias para conseguir el objetivo propuesto.

Lula y Kirchner, por ejemplo, creen que el sistema pasa por una drástica reducción de los subsidios agrícolas con los que Washington subvenciona a este sector productivo e impide la libre competencia que tanto predica. Mientras, Bush quiere que se derriben los aranceles y se escriban leyes para la protección de las patentes y la propiedad intelectual. La misma disputa de siempre, la que enturbia la firma de los tratados de libre comercio con algunas áreas y complica la finalización de la ronda de Doha en el seno de la OMC.

Las diferencias. En esta ocasión, el presidente estadounidense cuenta con dos fuertes aliados: México y Canadá. Los gobiernos de las tres naciones han formado un bloque con el objetivo de impulsar el ALCA. Incluso, a pesar de la oposición manifiesta de los miembros del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), están dispuestos a avanzar en este tratado comercial de una forma paralela. El presidente mexicano, Vicente Fox, ha asegurado esta misma mañana que se baraja la posibilidad de formalizar este acuerdo entre todos los países del Continente salvo con Argentina, Venezuela, Brasil, Paraguay y Uruguay. Una posible opción que fragmentaría a la comunidad latinoamericana.

La unidad entre México y EEUU no va más allá de lo estrictamente comercial. Ambos países están enfrentados en el aspecto laboral, otro de los temas fundamentales en esta Cumbre y que todavía está por resolver en la declaración final. El Gobierno de Bush se niega a introducir un párrafo que diga que los inmigrantes tienen derechos laborales que deben ser respetados aunque no dispongan de los permisos legales de residencia. Pero México, que contabiliza ocho millones de emigrantes ilegales en EEUU, está empeñado en sacar adelante esta puntualización.

En el centro del combate otros países como Chile o Colombia que intentan mantener un equilibrio cada vez más difícil entre las posiciones contrapuestas de los dos bloques.

Previsiones.Pero la falta de perspectivas políticas reales, no será un obstáculo para que la reunión proporcione imágenes quizá impagables como el momento en que Bush se encuentre con el mandatario venezolano Hugo Chávez, un crítico que es parte fundamental, junto al ausente Fidel Castro, del "eje del mal", la confabulación política antiestadounidense que los expertos en política exterior del entorno de la Casa Blanca se han inventado como enemigo favorito en la zona.

Una alianza de neocomunistas con intenciones claramente desestabilizadoras e internacionalistas, según dicen. Y también alguien que usa la riqueza conseguida con el petróleo para configurar un tejido de alianzas en la región que pueden subvertir la tradicional sumisión a las consignas de Washington de la mayoría de los Gobiernos de la zona. Peor aún, según las últimas encuestas sólo el 17% de las elites latinoamericanas, la principal corriente de trasmisión con la que siempre contó EEUU aprueban la política de Bush hacia la región.

Al cierre de esta edición, los mandatarios comienzan a llegar al Auditorio de Mar de Plata, lugar en el que se va a llevar a cabo a partir de las 16:30 horas (20:30, hora española) la ceremonia de inauguración de la IV Cumbre de las Américas. En esta cita sólo hay dos ausencias, la de los presidentes de Honduras, Ricardo Maduro, y Panamá, Martín Torrijos.

Para esta ocasión, el Gobierno argentino ha preparado un amplio dispositivo de seguridad. Seis buques de guerra hacen guardia en la costa, el ruido de tres helicópteros es constante, mientras que 8.000 soldados y policías recorren las playas y las avenidas. Una cifra que duplica el número de efectivos que protegieron a estos mismos líderes en la Cumbre Iberoamericana de Salamanca de mediados de octubre. Claro que entonces no estaba Bush. Algo es seguro, los mandatarios americanos no corren ningún peligro, Mar de Plata es hoy uno de los lugares más seguros del mundo.

Quizá, tanta protección consiga evitar que los políticos reunidos en esta Cumbre escuchen las canciones de protesta del cantautor cubano Silvio Rodríguez, que en estos momentos ofrece un concierto ante 40.000 personas y clausura la Cumbre de los Pueblos.

 

Edita Asesores de Publicaciones S.L.