| La crisis del
Tequila (diciembre de 1994) obligó a los bancos privados
mexicanos a replegarse y abandonar el mercado crediticio. Necesitaban
todo el dinero disponible para sanear sus activos. Pero ahora las
carteras de las entidades financieras aztecas ya están relucientes
y sus gestores preparados para volver a prestar dinero. El problema
es que el hueco que dejaron ya ha sido ocupado. Las sociedades de
objeto limitado (sofoles) se han hecho fuertes en el mercado hipotecario
y no están dispuestas a ceder. Al contrario, algunas son
tan potentes que aspiran a convertirse en bancos.
La guerra entre las sofoles, firmas especializadas
en la concesión de préstamos a determinados sectores,
y los bancos privados, comenzó hace un par de años
cuando las entidades financieras mexicanas volvieron a cogerle el
gusto a conceder créditos. De momento, la batalla no es sangrienta.
Tan sólo ha habido algunas incursiones por parte de los bancos
en el terreno de estas compañías prestadoras, aventuras
que a muchos expertos les hizo pensar en un triunfo rápido
de la banca sobre las sofoles.
Pero, de momento, no hay ganadores. Los dos
bandos todavía están en la fase de preparación
de estrategias, la primera etapa de una batalla que, según
algunos expertos consultados por Americaeconomica.com,
se va a recrudecer repentinamente.
Hay varios factores que están empujando
a los bancos a intentar recuperar su posición en el mercado
crediticio. Una de ellas es que los márgenes de intermediación
ya se han estabilizado y se ha limitado la capacidad de crecer a
golpe de comisiones, una actitud que, además, irrita mucho
a los clientes bancarios del país azteca. Por este motivo
los préstamos han vuelto a convertirse en un negocio necesario
para aumentar la rentabilidad de los exigentes accionistas.
Sanos, ligeros y en forma. Pero
además, según explica la Reserva Federal de EEUU (FED)
en un informe divulgado en junio, el proceso de recuperación
del crédito de los bancos de México se había
retrasado porque los títulos que el Gobierno entregó
a las entidades financieras a cambio de sus préstamos malos
(según el plan de salvamento puesto en marcha por la Administración
mexicana tras la crisis del Tequila) no podían venderse y
utilizar los ingresos obtenidos para prestar. Pero esa rémora
está a punto de desaparecer. En el último trimestre
de este año, esos títulos comienzan a vencer y se
cambiarán por otros nuevos negociables que proveerán
a los bancos de fuentes de liquidez para apoyar el crecimiento del
crédito. Sanos, ligeros y en forma. Así están
ahora los bancos mexicanos, casi todos ellos (el 90%), por cierto,
de capital extranjero.
Y con este renovado ímpetu han intentado
hacer lo más lógico: comprar sofoles bien posicionadas
en el mercado crediticio para avanzar posiciones en este nicho de
negocio de forma rápida y cómoda. Eso es lo que ha
hecho, por ejemplo, el BBVA con la adquisición de Hipotecaria
Nacional o más recientemente el Fondo Internacional Advent
con Hipotecaria Casa Mexicana. En esta última operación
Advent era sólo la cabeza visible de un grupo de inversores
mexicanos muy relacionados con el sector financiero como José
Madariaga, ex presidente de Probursa y posteriormente vicepresidente
del consejo de Administración del BBV.
Ambas operaciones se centraron en una sofol
especializada en hipotecas. Y no es casualidad. Fuentes próximas
a la operación realizada por Advent explican que el sector
de la vivienda es actualmente uno de los más dinámicos
y está generando un círculo virtuoso que sólo
ha comenzado a dibujarse. La estabilidad macroeconómica y
el crecimiento demográfico hacen necesaria la construcción
de nuevas casas: actualmente hay 25,5 millones de viviendas a repartir
entre 106 millones de mexicanos. Los trabajos ya han comenzado lo
que, a su vez, se ha traducido en un auge de la construcción,
un sector que actualmente emplea al 7,8% de la población
ocupada, más de 3,3 millones de personas, cifra que crece
a un ritmo de casi el 5% anual. Más trabajo significa más
nóminas con las que poder pagar la cuota de las hipotecas
y, por tanto, significa también menos riesgos crediticios
para los asustadizos bancos aztecas.
Negocio en auge, boyante y seguro.
De forma que la actividad hipotecaria es un negocio actualmente
en auge, boyante y seguro. Justo lo que les gusta a los banqueros.
Así se entiende que en lo que llevamos de 2005 se hayan concedido
600.000 créditos para la adquisición de vivienda,
una cifra nunca vista antes y que supone un incremento de más
del 22% respecto a 2003, año en el que el crédito
comenzó a recuperarse. Y lo mejor es que la buena racha no
ha hecho más que empezar. Los expertos creen que el verdadero
boom hipotecario se producirá entre 2006 y 2007.
Por eso los bancos tienen tanta prisa por tomar
posiciones. Y han elegido para hacerlo comprar sofoles. Una forma
fácil y efectiva de entrar en un mercado que habían
abandonado prácticamente por completo y del que a estas alturas
saben poco, sobre todo si trata de atender a sectores de medianos
y bajos recursos. Las entidades de banca múltiple mexicanas
llevan poco tiempo activas en el sector hipotecario pero, además,
lo poco que han prestado ha ido a parar al sector de la vivienda
residencial, según ha reconocido una fuente bancaria.
Las sofoles son un buen partido. Ellas sí
conocen el negocio. Pero, además, tienen otra nada despreciable
ventaja frente a los bancos. Tienen infraestructura. Los bancos,
tras la crisis, no sólo abandonaron el negocio crediticio
sino que la falta de actividad y la necesidad de recortar costes
también las animó a aplicar una reducción de
sucursales, personal, equipo... Según fuentes de la Comisión
Nacional Bancaria y de Valores de México, a pesar de los
avances, la infraestructura de los bancos aún no está
al 100%, "no es que sea deficiente sino más bien que
la capacidad instalada de las sofoles es mucho mejor: tienen experiencia,
cuota de mercado, clientes, oficinas...".
El influjo de un fajo de billetes.
Y claro para algunas sofoles es difícil resistirse
al influjo de un buen fajo de billetes sobre la mesa y han puesto
pocos reparos en venderse. Fuentes del sector explican que una vez
que se han convertido en entidades atractivas y estratégicas
a muchas les resulta rentable dejarse adquirir porque su valor es
muy elevado en estos momentos. Según los expertos, en los
próximos meses veremos alguna operación más
de este tipo.
Pero hay muchas sofoles que no están
dispuestas a dejarse apabullar ni por un buen puñado de pesos.
Es más, no sólo no van a permitir a los bancos que
entren en su sector a costa de convertirse en alimento sino que
piensan dar la batalla en el terreno de las grandes entidades financieras.
Una docena de las más de 50 firmas especializadas que existen
en el sector financiero han pedido autorización para convertirse
en bancos múltiples. De esta forma, las sofoles abren un
nuevo frente en esta particular pelea por el crédito.
Las sofoles consiguen con esta iniciativa competir
con la ventaja que supone conocer el mercado, contar con la infraestructura
necesaria y, además, eliminar de un plumazo una de las desventajas
de ser una sociedad de objeto limitado: la de no poder captar depósitos.
Según explican fuentes del sector a Americaeconomica.com,
el coste de financiación de los bancos es bastante inferior
a la de las sofoles debido a que los primeros pueden captar pasivos
de sus clientes (depósitos) para alimentar la actividad crediticia
mientras que la legislación impide a las sofoles esta posibilidad.
Esta circunstancia hace que sea más fácil para las
entidades financieras tradicionales ofrecer préstamos a tipos
de interés más bajos para captar clientes porque financian
a menores precios la expansión del crédito.
Fórmulas cada vez más
sofisticadas. Pero, además, mientras algunas entidades
especializadas esperan la autorización de la CNBV para transformarse
en bancos múltiples, otras están sofisticando las
fórmulas para poder competir en coste con los bancos. Una
de ellas es lo que en España se denomina titulización,
la "bursatilización" de la cartera de créditos.
Las sofoles, según explican algunos
expertos, cuando tienen suficiente masa crítica de préstamos
los agrupan y posteriormente los colocan entre los inversores, principalmente
entre los fondos de pensiones y aseguradoras mexicanas que encuentran
en estas operaciones un importante instrumento de ahorro a largo
plazo. Incluso se han atrevido a salir al extranjero para colocar
sus títulos, algo que nunca antes habían hecho. La
pionera fue hace unos meses Metrofinanciera, la quinta mayor sofol
del país. La operación fue complicada porque los títulos
fueron denominados en dólares para atraer compradores estadounidenses.
Para poder emitir en esta divisa tuvieron que
intervenir varios intermediarios que garantizaran sus títulos
(su calificación es BBB+). Por ejemplo, Dresdner Switzerland
avaló un swap basado en monedas e intereses cruzados,
mientas que la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), un banco de desarrollo
estatal, garantizó el 10% de la transacción y ofreció
también su aval para un crédito parcial por valor
del 14,2% de la cartera de préstamos que sirvió de
colateral. El valor de la emisión fue de 125 millones de
dólares (101 millones de euros) a un plazo de siete años.
Además, las sofoles tienen otros recursos
que les permiten competir con los bancos. Algunos analistas destacan
que estas firmas puedan conceder préstamos denominados en
la Unidad de Inversión (UDI) mientras que los bancos lo hacen
sólo en pesos. La UDI es una unidad de cuenta cuyo valor
se modifica diariamente en función del Índice de Precios
al Consumidor (IPC) y que tiene como función proteger el
poder adquisitivo de los inversores y ahorradores. Normalmente los
préstamos en UDIs están ligados al comportamiento
de los salarios mínimos. Además de suponer una ventaja
para el cliente, también la sofol sale beneficiada ya que
están más protegidos ante un repunte drástico
de la inflación que ponga en peligro la calidad de la cartera
crediticia.
Se reducirá el coste regulatorio.
Aún hay más. El creciente protagonismo en
el sistema financiero mexicano de las sofoles ha animado a las autoridades
bancarias del país a revisar su legislación y en estos
momentos se están explorando muchas
posibilidades, entre ellas, la de desregularlas para que puedan
operar libremente en el mercado.
Según explican fuentes de la CNBV, la
intervención del Estado en la actividad financiera se justifica
exclusivamente en el hecho de que las entidades captan depósitos
y de alguna manera hay que garantizar a los clientes sus ahorros.
Sin embargo, las sofoles al tener prohibido por ley la captación
de estos recursos, sólo conceden créditos y lo hacen
en competencia con los bancos. Y, además, el riesgo de la
actividad crediticia recae en quien presta no en los clientes.
Por este motivo, las autoridades estudian su
desregulación para que puedan operar libremente en el mercado
sin que exista ningún tipo de supervisión para constituirse
como sofol. Una de las consecuencias, según explican desde
la CNBV, es que el coste regulatorio disminuirá por lo que
las sofoles tendrán más recursos con los que financiar
su actividad, circunstancia que abaratará el crédito
para los clientes y acortará aún más las distancias
que en términos de coste existen entre los bancos y las sofoles.
Si finalmente las autoridades optan por aprobar
esta iniciativa, posteriormente tendrá que llevarse la propuesta
al Congreso para que se modifiquen algunas leyes, algo que las citadas
fuentes descartan que se realice en el actual periodo legislativo
de las Cámaras que termina en noviembre, pero que dan casi
por seguro que se tratará en el segundo periodo que se inicia
en febrero.
Adiós a los créditos
preferenciales. Otra de las consecuencias de la desregulación
de las sofoles podría ser la desaparición en el medio
plazo de los créditos que entrega a estas entidades financieras
a tipos preferenciales la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF). Esta
entidad tiene un programa de créditos aprobados hasta 2009,
y una vez que se llegue a esa fecha es muy probable, según
han adelantado a este diario fuentes de la autoridad bancaria, que
haya cambios y que desaparezca este tipo de ayudas que se ofrece
a los sofoles. A través de este mecanismo de créditos
preferenciales estas entidades también reducen su coste de
fondeo (financiación) frente a los bancos lo que les permite
abaratar los créditos.
Su eliminación, según estas fuentes,
no tendrá ningún tipo de consecuencias para las sofoles
porque en 2009, y tal y como se está moviendo el mercado
crediticio, la competencia será ya tan grande que estas entidades
no necesitarán ayudas externas para mantener bajos los tipos
de interés de los créditos.
Las sofoles, por tanto, están preparadas
para aguantar la embestida de los bancos. Tienen ventajas suficientes
para competir en su propio terreno con ellos, algo que al mismo
tiempo despierta envidias y las convierte en presas sabrosas, y
voluntarias, de la voracidad de los banqueros tradicionales. Pero
también tienen el tamaño y la preparación adecuada
para pelear en el campo de los bancos. Estas dos circunstancias,
junto a la esperada expansión de la demanda de crédito
facilitada por la recuperación económica, hacen pensar
en que la batalla será terrible. Y a estas alturas sólo
hay un ganador claro, el cliente.
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