Viernes 4 de noviembre de 2005
 
Los expertos auguran una dura y repentina competencia en el sector hipotecario azteca
 
Las sofoles mexicanas aguantan la embestida de los bancos
Gema Velasco
 

La crisis del Tequila (diciembre de 1994) obligó a los bancos privados mexicanos a replegarse y abandonar el mercado crediticio. Necesitaban todo el dinero disponible para sanear sus activos. Pero ahora las carteras de las entidades financieras aztecas ya están relucientes y sus gestores preparados para volver a prestar dinero. El problema es que el hueco que dejaron ya ha sido ocupado. Las sociedades de objeto limitado (sofoles) se han hecho fuertes en el mercado hipotecario y no están dispuestas a ceder. Al contrario, algunas son tan potentes que aspiran a convertirse en bancos.

La guerra entre las sofoles, firmas especializadas en la concesión de préstamos a determinados sectores, y los bancos privados, comenzó hace un par de años cuando las entidades financieras mexicanas volvieron a cogerle el gusto a conceder créditos. De momento, la batalla no es sangrienta. Tan sólo ha habido algunas incursiones por parte de los bancos en el terreno de estas compañías prestadoras, aventuras que a muchos expertos les hizo pensar en un triunfo rápido de la banca sobre las sofoles.

Pero, de momento, no hay ganadores. Los dos bandos todavía están en la fase de preparación de estrategias, la primera etapa de una batalla que, según algunos expertos consultados por Americaeconomica.com, se va a recrudecer repentinamente.

Hay varios factores que están empujando a los bancos a intentar recuperar su posición en el mercado crediticio. Una de ellas es que los márgenes de intermediación ya se han estabilizado y se ha limitado la capacidad de crecer a golpe de comisiones, una actitud que, además, irrita mucho a los clientes bancarios del país azteca. Por este motivo los préstamos han vuelto a convertirse en un negocio necesario para aumentar la rentabilidad de los exigentes accionistas.

Sanos, ligeros y en forma. Pero además, según explica la Reserva Federal de EEUU (FED) en un informe divulgado en junio, el proceso de recuperación del crédito de los bancos de México se había retrasado porque los títulos que el Gobierno entregó a las entidades financieras a cambio de sus préstamos malos (según el plan de salvamento puesto en marcha por la Administración mexicana tras la crisis del Tequila) no podían venderse y utilizar los ingresos obtenidos para prestar. Pero esa rémora está a punto de desaparecer. En el último trimestre de este año, esos títulos comienzan a vencer y se cambiarán por otros nuevos negociables que proveerán a los bancos de fuentes de liquidez para apoyar el crecimiento del crédito. Sanos, ligeros y en forma. Así están ahora los bancos mexicanos, casi todos ellos (el 90%), por cierto, de capital extranjero.

Y con este renovado ímpetu han intentado hacer lo más lógico: comprar sofoles bien posicionadas en el mercado crediticio para avanzar posiciones en este nicho de negocio de forma rápida y cómoda. Eso es lo que ha hecho, por ejemplo, el BBVA con la adquisición de Hipotecaria Nacional o más recientemente el Fondo Internacional Advent con Hipotecaria Casa Mexicana. En esta última operación Advent era sólo la cabeza visible de un grupo de inversores mexicanos muy relacionados con el sector financiero como José Madariaga, ex presidente de Probursa y posteriormente vicepresidente del consejo de Administración del BBV.

Ambas operaciones se centraron en una sofol especializada en hipotecas. Y no es casualidad. Fuentes próximas a la operación realizada por Advent explican que el sector de la vivienda es actualmente uno de los más dinámicos y está generando un círculo virtuoso que sólo ha comenzado a dibujarse. La estabilidad macroeconómica y el crecimiento demográfico hacen necesaria la construcción de nuevas casas: actualmente hay 25,5 millones de viviendas a repartir entre 106 millones de mexicanos. Los trabajos ya han comenzado lo que, a su vez, se ha traducido en un auge de la construcción, un sector que actualmente emplea al 7,8% de la población ocupada, más de 3,3 millones de personas, cifra que crece a un ritmo de casi el 5% anual. Más trabajo significa más nóminas con las que poder pagar la cuota de las hipotecas y, por tanto, significa también menos riesgos crediticios para los asustadizos bancos aztecas.

Negocio en auge, boyante y seguro. De forma que la actividad hipotecaria es un negocio actualmente en auge, boyante y seguro. Justo lo que les gusta a los banqueros. Así se entiende que en lo que llevamos de 2005 se hayan concedido 600.000 créditos para la adquisición de vivienda, una cifra nunca vista antes y que supone un incremento de más del 22% respecto a 2003, año en el que el crédito comenzó a recuperarse. Y lo mejor es que la buena racha no ha hecho más que empezar. Los expertos creen que el verdadero boom hipotecario se producirá entre 2006 y 2007.

Por eso los bancos tienen tanta prisa por tomar posiciones. Y han elegido para hacerlo comprar sofoles. Una forma fácil y efectiva de entrar en un mercado que habían abandonado prácticamente por completo y del que a estas alturas saben poco, sobre todo si trata de atender a sectores de medianos y bajos recursos. Las entidades de banca múltiple mexicanas llevan poco tiempo activas en el sector hipotecario pero, además, lo poco que han prestado ha ido a parar al sector de la vivienda residencial, según ha reconocido una fuente bancaria.

Las sofoles son un buen partido. Ellas sí conocen el negocio. Pero, además, tienen otra nada despreciable ventaja frente a los bancos. Tienen infraestructura. Los bancos, tras la crisis, no sólo abandonaron el negocio crediticio sino que la falta de actividad y la necesidad de recortar costes también las animó a aplicar una reducción de sucursales, personal, equipo... Según fuentes de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores de México, a pesar de los avances, la infraestructura de los bancos aún no está al 100%, "no es que sea deficiente sino más bien que la capacidad instalada de las sofoles es mucho mejor: tienen experiencia, cuota de mercado, clientes, oficinas...".

El influjo de un fajo de billetes. Y claro para algunas sofoles es difícil resistirse al influjo de un buen fajo de billetes sobre la mesa y han puesto pocos reparos en venderse. Fuentes del sector explican que una vez que se han convertido en entidades atractivas y estratégicas a muchas les resulta rentable dejarse adquirir porque su valor es muy elevado en estos momentos. Según los expertos, en los próximos meses veremos alguna operación más de este tipo.

Pero hay muchas sofoles que no están dispuestas a dejarse apabullar ni por un buen puñado de pesos. Es más, no sólo no van a permitir a los bancos que entren en su sector a costa de convertirse en alimento sino que piensan dar la batalla en el terreno de las grandes entidades financieras. Una docena de las más de 50 firmas especializadas que existen en el sector financiero han pedido autorización para convertirse en bancos múltiples. De esta forma, las sofoles abren un nuevo frente en esta particular pelea por el crédito.

Las sofoles consiguen con esta iniciativa competir con la ventaja que supone conocer el mercado, contar con la infraestructura necesaria y, además, eliminar de un plumazo una de las desventajas de ser una sociedad de objeto limitado: la de no poder captar depósitos. Según explican fuentes del sector a Americaeconomica.com, el coste de financiación de los bancos es bastante inferior a la de las sofoles debido a que los primeros pueden captar pasivos de sus clientes (depósitos) para alimentar la actividad crediticia mientras que la legislación impide a las sofoles esta posibilidad. Esta circunstancia hace que sea más fácil para las entidades financieras tradicionales ofrecer préstamos a tipos de interés más bajos para captar clientes porque financian a menores precios la expansión del crédito.

Fórmulas cada vez más sofisticadas. Pero, además, mientras algunas entidades especializadas esperan la autorización de la CNBV para transformarse en bancos múltiples, otras están sofisticando las fórmulas para poder competir en coste con los bancos. Una de ellas es lo que en España se denomina titulización, la "bursatilización" de la cartera de créditos.

Las sofoles, según explican algunos expertos, cuando tienen suficiente masa crítica de préstamos los agrupan y posteriormente los colocan entre los inversores, principalmente entre los fondos de pensiones y aseguradoras mexicanas que encuentran en estas operaciones un importante instrumento de ahorro a largo plazo. Incluso se han atrevido a salir al extranjero para colocar sus títulos, algo que nunca antes habían hecho. La pionera fue hace unos meses Metrofinanciera, la quinta mayor sofol del país. La operación fue complicada porque los títulos fueron denominados en dólares para atraer compradores estadounidenses.

Para poder emitir en esta divisa tuvieron que intervenir varios intermediarios que garantizaran sus títulos (su calificación es BBB+). Por ejemplo, Dresdner Switzerland avaló un swap basado en monedas e intereses cruzados, mientas que la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), un banco de desarrollo estatal, garantizó el 10% de la transacción y ofreció también su aval para un crédito parcial por valor del 14,2% de la cartera de préstamos que sirvió de colateral. El valor de la emisión fue de 125 millones de dólares (101 millones de euros) a un plazo de siete años.

Además, las sofoles tienen otros recursos que les permiten competir con los bancos. Algunos analistas destacan que estas firmas puedan conceder préstamos denominados en la Unidad de Inversión (UDI) mientras que los bancos lo hacen sólo en pesos. La UDI es una unidad de cuenta cuyo valor se modifica diariamente en función del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y que tiene como función proteger el poder adquisitivo de los inversores y ahorradores. Normalmente los préstamos en UDIs están ligados al comportamiento de los salarios mínimos. Además de suponer una ventaja para el cliente, también la sofol sale beneficiada ya que están más protegidos ante un repunte drástico de la inflación que ponga en peligro la calidad de la cartera crediticia.

Se reducirá el coste regulatorio. Aún hay más. El creciente protagonismo en el sistema financiero mexicano de las sofoles ha animado a las autoridades bancarias del país a revisar su legislación y en estos momentos se están explorando muchas posibilidades, entre ellas, la de desregularlas para que puedan operar libremente en el mercado.

Según explican fuentes de la CNBV, la intervención del Estado en la actividad financiera se justifica exclusivamente en el hecho de que las entidades captan depósitos y de alguna manera hay que garantizar a los clientes sus ahorros. Sin embargo, las sofoles al tener prohibido por ley la captación de estos recursos, sólo conceden créditos y lo hacen en competencia con los bancos. Y, además, el riesgo de la actividad crediticia recae en quien presta no en los clientes.

Por este motivo, las autoridades estudian su desregulación para que puedan operar libremente en el mercado sin que exista ningún tipo de supervisión para constituirse como sofol. Una de las consecuencias, según explican desde la CNBV, es que el coste regulatorio disminuirá por lo que las sofoles tendrán más recursos con los que financiar su actividad, circunstancia que abaratará el crédito para los clientes y acortará aún más las distancias que en términos de coste existen entre los bancos y las sofoles.

Si finalmente las autoridades optan por aprobar esta iniciativa, posteriormente tendrá que llevarse la propuesta al Congreso para que se modifiquen algunas leyes, algo que las citadas fuentes descartan que se realice en el actual periodo legislativo de las Cámaras que termina en noviembre, pero que dan casi por seguro que se tratará en el segundo periodo que se inicia en febrero.

Adiós a los créditos preferenciales. Otra de las consecuencias de la desregulación de las sofoles podría ser la desaparición en el medio plazo de los créditos que entrega a estas entidades financieras a tipos preferenciales la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF). Esta entidad tiene un programa de créditos aprobados hasta 2009, y una vez que se llegue a esa fecha es muy probable, según han adelantado a este diario fuentes de la autoridad bancaria, que haya cambios y que desaparezca este tipo de ayudas que se ofrece a los sofoles. A través de este mecanismo de créditos preferenciales estas entidades también reducen su coste de fondeo (financiación) frente a los bancos lo que les permite abaratar los créditos.

Su eliminación, según estas fuentes, no tendrá ningún tipo de consecuencias para las sofoles porque en 2009, y tal y como se está moviendo el mercado crediticio, la competencia será ya tan grande que estas entidades no necesitarán ayudas externas para mantener bajos los tipos de interés de los créditos.

Las sofoles, por tanto, están preparadas para aguantar la embestida de los bancos. Tienen ventajas suficientes para competir en su propio terreno con ellos, algo que al mismo tiempo despierta envidias y las convierte en presas sabrosas, y voluntarias, de la voracidad de los banqueros tradicionales. Pero también tienen el tamaño y la preparación adecuada para pelear en el campo de los bancos. Estas dos circunstancias, junto a la esperada expansión de la demanda de crédito facilitada por la recuperación económica, hacen pensar en que la batalla será terrible. Y a estas alturas sólo hay un ganador claro, el cliente.

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