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En
una sorprendente e inesperada alianza las dos mayores asociaciones
patronales de EEUU (la Cámara de Comercio y la Asociación
Nacional de Manufactureros) se ha unido a varios grupos
de defensa de los derechos civiles, cuya ideología
es diametralmente opuesta a la suya, para presionar contra
la renovación de la vigencia de la Ley Especial Antiterrorista,
conocida como Patriot Act, que se aprobó tras los
atentados del 11-S de 2001 y que, en principio, quedaría
sin efecto en diciembre de este año si, tal y como
desea Washington, las Cámaras votan la extensión
automática de su plazo de validez.
Aunque
los motivos de unos y otros son distintos, tanto las patronales
como los grupos de derechos civiles mantienen reuniones
conjuntas con congresistas y senadores cuyo primer objetivo
sería eliminar del texto la norma que hace referencia
a las cartas para la seguridad nacional que permiten al
FBI solicitar a las empresas sin supervisión judicial
previa datos confidenciales de empleados y clientes situados
en cualquier parte del mundo.
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