Los
inversores internacionales están muy atentos a los
acontecimientos que puedan ocurrir en el seno del equipo
económico del Gobierno de Lula. La posibilidad de
que el artífice del proceso de reducción de
la deuda, el secretario del Tesoro, Joaquim Levy, se vaya
de la Administración para ocupar un puesto en el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y, sobre todo,
los rumores sobre la dimisión del ministro de Economía,
Antonio Palocci, han generado nerviosismo. Lula ha asegurado
que Palocci no se moverá de su cartera.
El
presidente brasileño, a través de un portavoz,
ha querido dejar claro que mantendrá en su puesto
al ministro de Economía y que no habrá combios
en su política económica. En declaraciones
a Reuters, estas fuentes aseguran que la política
económica de Brasil "permanece enteramente bajo
su responsabilidad (la del presidente) o de la persona a
quien ha elegido para ello, el ministro Antonio Palocci".
Estas
declaraciones se producen después de los intensos
rumores que han circulado en los últimos días
por Brasil sobre la posibilidad de que Palocci dimitiera.
El ministro de Economía tiene dos frentes abiertos.
Discrepancias
con Rousseff. Por un lado, las discrepancias entre
Palocci y la ministra de la Casa Civil, Dilma Rousseff,
son cada día más obvias. En una reciente entrevista
Rousseff asegura que el plan a largo plazo del Gobierno
para lograr disciplina fiscal es rudimentario y perjudicará
la expansión económica.
Estas
disputas públicas entre los miembros del Gobierno
por la política económica han disgustado a
Lula, quien ha hecho un llamamiento para que los ministros
eviten mostrar en público sus divergencias. Más
aún cuando los casos de corrupción siguen dando que
hablar en Brasil, escándalos que han salpicado a
Palocci tras las denuncias realizadas contra él por varios
colaboradores suyos durante la época en que fue alcalde
de Ribeiro Preto. En estos momentos, una comisión
de investigación en el Congreso indaga sobre estas acusaciones.
Los
inversores están preocupados por lo que pueda pasar.
Una muestra de ello es la actitud del banco alemán
Deutsche Bank que el viernes recortó la recomendación
para la deuda externa de Brasil a 'neutral' desde 'sobreponderar',
lo que significa una reducción de la exposición
a los títulos de este país latinoamericano
debido a que la entidad teme que el mercado, con la prima
de riesgo de Brasil en mínimos, opte por ignorar
los riesgos políticos que entrañan los casos
de corrupción y, sobre todo, el hecho de que el ministro
de Economía pueda estar envuelto en ellos.
La
salida de Levy. Pero además, también
preocupa el hecho de que el secretario del Tesoro, Joaquim
Levy, pueda abandonar su cargo para formar parte del equipo
del BID como gerente de planificación estratégica.
Este hombre es el responsable del control fiscal de la reducción
de la deuda que ha experimentado el país. En septiembre
de 2005, la deuda externa de Brasil sumaba 183.800 millones
de reales (72.754 millones de euros), un 16,6% menos que
a finales del año anterior, según datos divulgados
en un informe de Dresdner Kleinwort Wassertein. Ahora representa
un 9,7% del PIB frente al 11,9% de diciembre de 2004. Respecto
de la deuda interna, entre diciembre de 2004 y septiembre
de 2005, su volumen ha descendido un 11,5% hasta los 1,2
billones de reales (490.441 millones de euros), lo que representa
un 75% del PIB. En total la deuda pública neta representa
en estos momentos el 51% del PIB.
En
definitiva, los inversores internacionales temen que se
pueda dar un giro en la política económica
del Gobierno que acabe con la disciplina fiscal y la estrategia
ortodoxa puesta en marcha para combatir la inflación
y enderezar las variables macroeconómicas.
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