Miércoles 16 de noviembre de 2005 
 

 

“EL DESARROLLO DE LOS SISTEMAS FINANCIEROS LATINOAMERICANOS”

FRANCISCO LUZÓN CONSEJERO, DIRECTOR GENERAL BANCO SANTANDER

 

•  LAS GRANDES OPORTUNIDADES NO SE VEN A TRAVÉS DEL ESPEJO RETROVISOR

Excmo. Sr. Secretario General de Iberoamérica, y buen amigo, D. Enrique Iglesias, Señoras, señores, buenos días.

Es un placer estar esta mañana aquí, con todos Uds., participando un año más en una edición del Foro Latibex .

Como ayer señaló Emilio Botín, este Foro es una de las “tradiciones” que todos los que estamos comprometidos con Latinoamérica sinceramente celebramos poder protagonizar.

Sobre todo cuando, como ocurre hoy, venimos sabiendo que el Latibex lleva revalorizándose desde septiembre de 2002 a un ritmo anual acumulativo que más que latinoamericano parece asiático: un 87% anual .

Es decir, desde aquel Septiembre Negro del año 2002, el valor de las empresas latinoamericanas incluidas en el Indice Latibex virtualmente se ha triplicado, lo que probablemente hace que aquello de “America Latina va bien” comience a quedarse notoriamente desfasado.

Va más que bien y por ello los inversores la están volviendo a redescubrir. A algunos no nos hace falta volver, porque nunca nos fuimos y siempre apostamos por la región. Y siempre supimos que llegaría el momento en el que América Latina fuese percibida como lo que es: una gran oportunidad..

Aunque a este cambio de actitud han contribuido muchos, los protagonistas han continuado siendo las principales economías de la región que han tenido la determinación de construir el marco de estabilidad macroeconómica por el que han suspirado generaciones de políticos, empresarios y economistas latinoamericanos.

Mexico, Brasil, Chile están - o van a estar en 2006 - con inflaciones por debajo del 5%. De hecho, salvo Argentina y Venezuela, la región va a situarse en ese entorno de inflación. Y este resultado no se logrará por azar, sino porque en la región ya operan Bancos Centrales independientes que cuentan con el compromiso y los instrumentos necesarios para cumplir el objetivo de estabilidad de precios que se les ha encomendado.

Por otra parte, a la vista del avanzado estado de los debates presupuestarios en la región, ya es bastante seguro adelantar que Latinoamérica va a conseguir - un año más - el nivel de superavit primario que le permitirá nuevamente reducir la ratio deuda pública/PIB hasta quizás situarla por debajo del 45%. Es decir, los sectores públicos latinoamericanos continuarán reduciendo la presión que históricamente han puesto sobre el ahorro del sector privado. .

Y en la misma línea, Latinoamérica en 2006 será capaz – como lo ha sido en 2004 y 2005 – de mantener en “negro” sus cuentas externas . Es decir, de registrar un superavit de balanza comercial que probablemente excederá los 70 mil millones de US $ y que le permitirá hacer frente al servicio de su deuda externa sin necesidad de apelar al ahorro externo para refinanciarla, lo que liberará estos potenciales recursos para mejorar el perfil de su decreciente stock de deuda y para acumular reservas internacionales.

Recuerden que la región hoy cuenta con 225 mil millones de $ de reservas internacionales , lo que equivale a la mitad de su deuda externa total y a 3 veces su deuda externa de corto plazo.

En las últimas tres décadas, la región jamás había sido capaz de presentar ratios de solvencia interna y externa como los que hoy se ha ganado a pulso.

La región, además de presentar estas mejorías macroeconómicas, crece, crea empleo, acomoda aumentos de los salarios reales y, probablemente, esté reduciendo el porcentaje de ciudadanos que viven por debajo de la línea de pobreza . No lo suficiente…pero reduciéndolo.

No es un cambio menor.

Como tampoco lo es que desde el peor momento de la crisis, el verano austral de 2002, la renta per capita promedio de la región haya crecido un 13% y se haya situado en 8.195 US $ PPP.

Para que todos tengamos una referencia, ese nivel de renta supone aproximadamente el doble de la renta per capita de los emergentes asiáticos. Puesto de otra forma, dada la población de Latinoamerica, esa renta supone que la región goza de un nivel de compra similar al de China y un 20% superior al de India.

Son buenos datos. Muy buenos que no están todavía incorporados plenamente a las valoraciones de las empresas latinoamericanas.

Todo lo contrario. Todavía hay muchos analistas que lo que enfatizan es que estos buenos datos son “insostenibles” .

Todavía hay mucha gente que piensa que la recién conquistada estabilidad macroeconómica latinoamericana no sobrevivirá a la desaparición de la abundancia internacional de liquidez o a la extraordinaria bonanza del precio de las materias primas.

Y que si lo hace, todavía se encontrará de frente con la anticipada desaceleración mundial, el ajuste desordenado de los desequilibrios globales o el imparable aumento del proteccionismo.

En todo caso , la apuesta de casi todos ellos es clara: Latinoamérica jamás podrá escapar a su maldición. Está en su misma naturaleza ser vulnerable, desigual, pobre y sujeta a ciclos expansivos y crisis recurrentes.

Yo no comparto esa visión.

 

Creo que sólo los macroeconomistas – ¡¡ y no todos ¡¡- pueden permitirse el lujo de hacer estos análisis.

Para el resto de mortales – para los analistas, los inversores, los empresarios y los medios de comunicación - hacer este tipo de lecturas del potencial del continente sería lo mismo que tratar de conducir un coche en la M-30 de Madrid mirando por el espejo retrovisor: francamente nada aconsejable

 

 

Entiéndaseme bien: los ciclos existen y seguirán existiendo. Y en Latinoamérica la intensidad del ciclo tenderá a ser mayor que en los países más maduros. Pero admitido este axioma, yo no creo que uno pueda entender hoy a Latinoamérica mirando siempre hacia atrás, a la historia y no hacia el futuro .

Hay que escapar de la inercia del pasado, no sólo para abandonar el pesimismo, sino para estar en condiciones de racionalmente – y con el nivel de riesgo elegido - maximizar las oportunidades de negocio a corto, medio y largo plazo que hoy existen en el continente.

Hoy voy a tratar de sustentar esta visión no con más datos macroeconómicos, sino con los datos de un sector – el bancario – que creo que sinceramente ha liderado lo que yo entiendo que es un irreversible proceso de transformación del continente.

2. EL SISTEMA BANCARIO COMO EJEMPLO.

Comencemos con un dato que por evidente, a menudo se pasa por alto: el sistema bancario de Latinoamérica no es el resultado de una evolución gradual de las entidades, sino de cambios estructurales y operacionales drásticos generados - la mayoría de las veces - por la repetición de crisis bancarias que la región ha padecido.

Recuerden que en los últimos 25 años, 22 países latinoamericanos han sufrido crisis bancarias, algunos más de una vez. Y todas ellas tuvieron costes devastadores para la economía y, muy especialmente, para los sectores más débiles e intensivos en crédito como las Pymes, el sector agrícola y el sector de la construcción ligado a la vivienda en propiedad.

La severidad de las crisis padecidas no sólo empobreció a los ciudadanos latinoamericanos, sino que tuvo costes reputacionales para las autoridades y las entidades bancarias ajenas a los problemas que inhibieron el desarrollo del sistema financiero latinoamericano.

 

Efectivamente, cualquiera que sea el indicador de profundidad financiera que seleccionemos, todavía hoy América Latina aparece en los últimos lugares del ranking internacional.

 

Frente a Asia, tanto en términos absolutos como en términos de PIB, Latinoamérica emite menos bonos en los mercados domésticos – 43% vs 36% -, la capitalización de sus mercados de renta variable es significativamente menor – 74% vs 40% - y el peso del crédito sobre el PIB es 5 veces inferior al de Asia: 104% vs 21% en la región.

¿Cómo podemos ser “optimistas” con estos datos?

La respuesta es bastante sencilla: quedarse en esos datos también equivale a mirar el futuro a través del espejo retrovisor .

Esas pobres estadísticas sobre la intermediación financiera en Latinoamérica son otro sub-producto de las crisis. Latinoamérica está poco “intermediada” porque ha tenido crisis bancarias. Y ha tenido crisis bancarias porque su sistema bancario no estaba preparado para sobrevivir a la volatilidad macro con la que estructuralmente operaban las economías .

Pero precisamente han sido estas crisis y sus intolerables costes los que llevaron a priorizar la estabilidad macro y en el terreno de la intermediación pusieron en marcha el proceso de transformación radical del sistema financiero latinoamericano que nos ha llevado a donde hoy estamos : a poder contar con un sistema bancario que por su solidez patrimonial, solvencia, eficiencia y rentabilidad se revela como una de las ventajas competitivas más claras de America Latina frente al resto de economías emergentes.

 

Vayan a los números - en concreto al Global Stability report del FMI, una muy meritoria e iluminadora publicación - y lo verán : salvo Argentina y Uruguay, que todavía convalecen de su reciente crisis, los países latinoamericanos presentan ratios de capital sobre activos de riesgo más elevados que las economías asiáticas con las que compite en la atracción de capital, tienen mejor calidad de balance y mejores gestiones de los riesgos, y además son más eficientes y rentables.

Y esto nos lleva a lo que yo ya he denominado la “Paradoja Iglesias”.

Es decir a la muy inteligente e inquietante pregunta que Enrique Iglesias ha puesto hace nos momentos sobre la mesa: ¿Por qué si los sistemas son grandes, fuertes y solventes no dan crédito?

3. LA PARADOJA IGLESIAS: UNA CUESTION DE TIEMPO, NO DE FONDO.

 

Cómo bien saben quienes han tenido que padecer una crisis bancaria, una vez que se produce el estallido del problema las autoridades sólo pueden tener una prioridad : restaurar la capacidad operativa del sistema.

 

A medio plazo eso sólo puede ocurrir cuando el sistema, funcionando en un marco de normalidad normativa, vuelve a ser rentable y solvente. Mientras esos 2 objetivos no se consiguen, la crisis realmente sigue abierta, aunque sea en estado latente.

Si se acepta lo anterior, es fácil concluir que reestructurar un sistema bancario no es algo que quepa encomendar a los impacientes.

 

Una cosa es evitar el desplome o la continuación de la espiral de destrucción de la confianza. Otra muy distinta - y todavía más difícil – que el sistema vuelva a operar en condiciones de mercado, y en ese entorno, que sea rentable.

 

Y otra mucho más compleja, recuperar las capacidades operativas y la confianza de ahorradores, deudores, inversores y reguladores. Ese es un proceso que exige mucho tiempo , mucha profesionalidad e ingentes recursos financieros y humanos.

Y no sólo eso. También exige determinación y un amplio respaldo político porque, para salir de una crisis bancaria, hay que redefinir el mapa de los derechos de propiedad del sistema y eso conlleva elegir entre alternativas que conducen a escenarios y resultados bien diferenciados y, las más de las veces, irreversibles.

Es decir, a decisiones de alto calado político que no todos los países quisieron o pudieron tomar .

La consecuencia de ello es que todavía hay países en el continente para los que la pregunta adecuada no es por qué no prestan, sino más bien cuánto les falta avanzar - en términos de regulación y supervisión, en términos de cambio de morfología del sistema y saneamiento patrimonial, y en términos de capacidad instalada y estructura de negocios - para darle carpetazo final a la crisis. Para ser sostenibles. Y a algunos les queda todavía un largo camino.

 

Es verdad que en esta categoría no suelen estar los sistemas bancarios de los países grandes o medianos, sino los sistemas bancarios de los países más pequeños y vulnerables. Pero no por eso hay que olvidarse de esta debilidad objetiva.

El FMI, el propio BID y el Banco Mundial nos lo recuerdan constantemente. Y tienen razón. La mejor forma de ayudar a la profundización del sistema bancario de estos países es insistir en la necesidad de reforzar patrimonialmente los sistemas, y mejorar la independencia y calidad de la supervisión bancaria.

4. ESTABILIDAD, MERCADO E INCLUSION FINANCIERA.

 

En el resto de países de América Latina se ha avanzado mucho en la “normalización” bancaria . No ya por las más que aceptables ratios de solvencia y rentabilidad, sino porque los volúmenes de ahorro y crédito intermediados por los sistemas “reformados” también han comenzado a crecer .

Desde dicembre de 2002 , el stock de crédito intermediado por el sistema bancario ha aumentado unos 130 mil millones de US $ - lo que equivale a un 38% - y el stock de ahorro unos 350 mil millones de US $. En términos históricos significa que estamos volviendo a los niveles de intermediación que se daban en la región antes de 1994 .

A mí estos datos me llevan a una reflexión básica pero ineludible: la experiencia nos dice que no es posible pensar en bancarizar sin antes haber conquistado la estabilidad macro.

 

En concreto: una baja y predecible inflación, y un déficit público moderado y decreciente que permita liberar una parte sustancial del ahorro privado doméstico. El crecimiento del ahorro y el crédito bancario que ahora se está produciendo en Brasil, México, Chile, y otros países del área no es casualidad. Pasa porque sencillamente es lo que tiene que ocurrir.

Y como ya ha ocurrido en el pasado y en otros países, los mercados lo celebran aumentando el valor de mercado de los bancos y sistemas que más crecen. A la larga será esta presión del mercado en favor del crecimiento sostenible del crédito y del ahorro la que constituya el mejor y más eficaz motor de la bancarización continental .

Los bancos estamos redefiniendo nuestro modelo de negocio . Estamos segmentando las bases de clientela, buscando nuevos segmentos, ampliando nuestra capacidad instalada, analizando nuevos colectivos para incorporarlos al sistema; a las pequeñas empresas, microempresarios, clases medias-bajas, etc...

Todos estamos tratando de identificar cómo el entorno y la tecnología nos van a permitir acceder a segmentos de la población que han estado alejados de los bancos.

Y es lógico: esos “segmentos” son el 80% de la población del continente, lo que equivale a unos 400 millones de personas. Los apriorismos y análisis superficiales no sirven. El éxito de penetración de los teléfonos celulares en todos éstos segmentos nos ha enseñado mucho a todos. Quien crea que puede prescindir de un mercado compuesto por el 80% de los ciudadanos de un país, sinceramente, creo que no está comprendiendo ni la lógica, ni la ética política de nuestra época. Y eso es muy peligroso.

Como siempre, hay que ser realistas: ni todos ellos van a estar en los planes estratégicos de las nuevas entidades, ni todos van a seguir excluidos. Gradualmente, cada entidad encontrará el camino que mejor se ajusta a sus preferencias y dotación de capacidades…y la exclusión financiera comenzará a ceder.

 

 

 

El tema es si nos podemos permitir el lujo de esperar a que la “mano invisible” culmine ésta tarea . Si no, habría que buscar, no atajos – que nunca los hay, y menos en banca – pero sí mecanismos de coordinación y cooperación más eficientes y, al mismo tiempo, respetuosos con la competencia.

¿Las hay? Yo creo que sí existen. En realidad lo que creo es que tú, como Secretario permanente de las Cumbres de Jefes de Estado y Gobierno Latinoamericanos que ha recibido en Salamanca un mandato claro para impulsar la inclusión financiera, debes tener en ellos un papel protagónico.

 

•  UN ESFUERZO CONJUNTO PÚBLICO Y PRIVADO.

El objetivo de “inclusión financiera ” tal y como lo hemos descrito cuenta a priori con el amplio apoyo de todos los posibles participantes : los ahorradores e inversores que hoy están excluidos porque a partir de ese momento tendrán acceso a nuevos servicios, los bancos accederán a nuevos ingresos, las microempresas a una financiación más barata, la economía a una mayor capacidad de compra, y el Gobierno a una mayor transparencia de las relaciones económicas y a una mas amplia base tributaria.

Probablemente es una de las pocas reformas paretianas que quedan en la economía global : ¡¡ todos mejoran, salvo los usureros que prestan a los mas desfavorecidos y a las microempresas ¡¡.

Y si, además de por las razones que he venido esgrimiendo, no se ha hecho hasta ahora, parece aconsejable asumir que habrá sido porque existen barreras en algunos casos sutiles y en otras claramente identificables .

La casuística es tan amplia que yo no recomendaría tratar de atacar simultáneamente todos los frentes. No sería eficaz, ni realista .

Aunque es evidente que los impuestos sobre las transacciones financieras vigentes en muchos países son un desincentivo a la intermediación financiera de igual potencia que los también existentes coeficientes sobre el crédito o los depósitos , no se puede ignorar que prescindir abruptamente de ellos pondría en peligro la necesaria consolidación fiscal o los instrumentos intermedios de política monetaria.

De la misma forma, aunque es evidente que es muy importante la simplificación y abaratamiento de los procedimientos de registro y protección de los derechos de propiedad , o una mayor cobertura y un mejor funcionamiento de los instrumentos destinados a reducir el coste de adquisición de información del comportamiento de los potenciales deudores, avanzar en estas áreas exige inversiones y tiempo .

Yo recomendaría ser menos ambicioso. En concreto, trataría de identificar los 3 ó 4 inhibidores a la bancarización que comparte la región y centraría mis esfuerzos en la búsqueda de propuestas para eliminarlos.

Mi apuesta es que si conseguimos poner a trabajar a bancos, a clientes y a reguladores, y también a accionistas, a analistas, a organismos multilaterales y a agencias de rating, vamos a llegar a la conclusión de que hoy las barreras a la profundización financiera vienen

 

•  de legislaciones que responden a objetivos que hoy no son prioritarios,

•  y de comportamientos empresariales que siguen proyectando estrategias pensadas para la fase de reestructuración y salida de las pasadas crisis bancarias.

 

Tendríamos que conseguir ese listado y ponernos a trabajar. Lo que yo propondría es que tú Enrique, con tu equipo de la SGIB y con el respaldo político que tienes de los Jefes de Estado, nos convoques formalmente a la tarea de identificación de soluciones. Y que una vez que tengamos el listado, tratemos de que el sector público y el sector privado - ¡ los dos al unísono ¡ - asuman el compromiso de avanzar en su eliminación.

Se me ocurren pocos proyectos que tengan un mayor potencial de cambio e integración social que la democratización real del uso de los servicios bancarios .

Siempre hemos oído que Dinero es Poder . Si sigue siendo así, abandera el proyecto para que podamos “empoderar” a quienes nunca antes sintieron la necesidad de depositar su ahorro en un banco o nunca soñaron con tener acceso a un crédito bancario. Convócanos, porque hoy se han alineado las circunstancias para que el empeño sea un éxito. Tras mucho ajuste y mucho apoyo, el sistema bancario de Latinoamérica está preparado para ser un motor del despegue definitivo del continente y asegurar su desarrollo sostenido.

 

Y cuenta con el Santander para llevar adelante esta encomienda .

Suerte…y muchas gracias.
 
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