| Los esfuerzos
del Banco Central de Brasil (BC) por contener la furia alcista del
real frente a la divisa estadounidense a través de la compra
de dólares parecen inútiles. La moneda brasileña
bate cada día un nuevo récord y acumula en lo que
va de año una revalorización de casi el 30% frente
al 10% de media de los seis mayores países latinoamericanos
(Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú).
Esta apreciación ha comenzado a afectar a las exportaciones,
uno de los apoyos tradicionales del sector productivo del país.
Y para colmo la demanda interna también empieza a fallar
porque la capacidad de endeudamiento de las familias se agota.
Según los últimos datos divulgados
por el Centro de Industrias del Estado de Sao Paulo (Ciesp), el
panorama para la industria brasileña es sombrío. La
combinación que supone mantener un tipo de cambio alto, que
afecta a las ventas al exterior, y unos tipos de interés
elevados (19%), que hacen mella en la capacidad de endeudamiento
de los hogares, se ha traducido en una reducción de la producción
industrial de las empresas del 2% en septiembre. El dato ha sorprendido
a los economistas y las voces que reclaman mayor agresividad a la
hora de reducir la tasa selic han vuelto a subir de tono.
Una muestra de que las familias han puesto
freno al crecimiento de sus gastos es que el crédito al consumo
ha caído casi un 7% en el tercer trimestre desde un volumen
de 2.150 millones de reales (851 millones de euros) en el segundo
hasta 2.010 millones (795 millones de euros).
Una inquietante tendencia. Esta
inquietante tendencia puede revertirse si el BC acelera, tal y como
reclaman los empresarios, el proceso de reducción de los
tipos de interés. En este momento, la tasa selic se encuentra
situada en el 19% tras dos reducciones consecutivas. El BC considera
que la relajación de la política monetaria no ha puesto
en peligro el objetivo de inflación para este año
y, de hecho, hace unas semanas anunció que a partir de 2006
las reuniones del Comité de Política Monetaria (Copom)
no serán como hasta ahora, cada 30 días, sino cada
44, una decisión que según explicó el BC, se
justifica en el hecho de que la economía del país
se ha estabilizado y ya no es necesario estar tan encima de la política
de tipos de interés.
Pero esta semana también se ha conocido
otro dato poco alentador. Según el Instituto Brasileño
de Geografía y Estadísticas (IBGE), la inflación
se situó en el 0,75% en el mes de octubre. Un dato muy superior
al 0,44% de septiembre y el más elevado en los últimos
seis meses. En lo que va de año, el alza de los precios es
ya del 4,73%, una cifra que se acerca peligrosamente a la meta que
se ha fijado el Gobierno, un 5,1%.
El dólar, sin fuerza frente
al real. De forma que es posible que el BC no pueda atender
las demandas del sector industrial, de la misma manera que no logra
reducir la apreciación del real a pesar de que las empresas
han pedido reiteradamente una actuación más enérgica
en el mercado cambiario para animar al decaído dólar.
De momento, las exportaciones no se han resentido
en apariencia. En el mes de octubre, las ventas al exterior permitieron
lograr un superávit comercial de 3.686 millones de dólares
(3.154 millones de euros), un 22,7% más que en el mismo periodo
del año anterior. Pero igual de cierto es que la cifra conseguida
es un 14,85% inferior a los 4.329 millones (3.704 millones de euros)
de excedente conseguido un mes antes. Ese es el motivo del desasosiego
de los empresarios y por eso piden contundencia a la hora de atajar
la apreciación del real, una revalorización que hace
perder competitividad a sus productos.
Sin embargo, no todas las empresas están
disgustadas con esta situación. Es cierto que los exportaciones
sufren, pero también lo es que las grandes empresas brasileñas,
privadas y estatales, como Vale do Rio Doce o Petrobras, están
aprovechando el auge de la moneda brasileña frente al dólar
para adquirir activos estadounidenses y también para salir
de compras por los países del subcontinente aprovechando
la fortaleza del real respecto al resto de monedas latinoamericanas.
Y mientras la actividad productiva sufre, con
mayor o menor rigor, los embates de los tipos de interés
y de cambio, los mercados financieros se benefician de la situación.
Los inversores están encantados con Brasil y el Gobierno
de Lula está aprovechando la situación para hacer
caja.
Alegría en el sector financiero.
Esta semana, el Estado brasileño ha decidido aprovechar
el tirón que tiene su papel entre los inversores internacionales
y ha adelantado una emisión de
deuda prevista para 2006 por valor de 500 millones de dólares
(424,8 millones de euros). Este dinero tendrá como destino
engrosar las reservas del país, una hucha que ahora tiene
61.299 millones de dólares (52.359 millones de euros).
La emisión forma parte de un bono global
a diez años que vencerá en marzo de 2015 y que se
lanzó en febrero de este año, para posteriormente
reabrirlo en junio. En total, el Estado brasileño ha captado
a través de este bono global 2.100 millones de dólares
(1.784 millones de euros). Esta emisión tenía previsto
realizarse en 2006 puesto que el Tesoro ya ha concluido su programa
de captación de recursos para este año, sin embargo,
las buenas condiciones financieras han decidido al Estado brasileño
a adelantar las emisiones previstas para el año próximo.
El Gobierno pretende recaudar entre 2006 y 2007 en los mercados
internacionales 9.000 millones de dólares (7.647 millones
de euros), de ese total ya ha captado 3.000 millones (2.549 millones
de euros).
Los títulos emitidos tienen un cupón
anual del 7,875%, con un diferencial respecto a los bonos del Tesoro
de EEUU a amortizar en el mismo plazo de 312 puntos básicos.
El Tesoro brasileño ha aprovechado la reducción de
la prima de riesgo que se ha producido después de que la
agencia de calificación Standard & Poor's (S&P) elevara
la perspectivas de los ratings de la deuda del país
a largo plazo (en moneda extranjera y local) de 'estable' a 'positiva'.
A los analistas de S&P les gusta especialmente el arrojo con
el que el Gobierno ha emprendido la tarea de reducción de
la deuda externa.
La deuda externa se reduce. En
septiembre de 2005, la deuda externa de Brasil sumaba 183.800 millones
de reales (72.754 millones de euros), un 16,6% menos que a finales
del año anterior, según datos divulgados en un informe
de Dresdner Kleinwort Wassertein. Ahora representa un 9,7% del PIB
frente al 11,9% de diciembre de 2004.
Menos contundente es la reducción de
la deuda interna. Entre diciembre de 2004 y septiembre de 2005,
su volumen ha descendido un 11,5% hasta los 1.2 billones de reales
(490.441 millones de euros), un 75% del PIB. Pero, en cambio, sí
se ha producido un gran avance en la mejora del perfil de la deuda
doméstica, estrategia que ha sido recompensada por los inversores.
El Gobierno de Lula ha hecho un esfuerzo por
reducir el peso que tiene la deuda vinculada al tipo de cambio o
la tasa selic respecto al total. Según los últimos
darosdel BC, el porcentaje de los bonos denominados prefijados (aquellos
que no están indexados ni a la tasa selic ni a los precios
ni al tipo de cambio y que tienen un valor definido en el momento
de emisión) respecto al total de la deuda interna se ha incrementado
hasta el 25,76% hasta sumar 240.390 millones de reales (88.767 millones
de euros), un volumen nunca visto desde que el Ministerio de Hacienda
inició la serie histórica de títulos prefijados
en diciembre de 1999. Como muestra de este incremento basta un dato.
En enero de 2003, cuando Lula llegó al poder, el porcentaje
de deuda prefijada era del 1,91% del total.
Menos exposición al tipo de
cambio. Mientras que estos bonos aumentan su peso, otros
lo reducen poco a poco. Es el caso de los títulos indexados
a la evolución de los tipos de interés, cuyo porcentaje
del total de la deuda ha caído desde el 55,85% en agosto
al 54,33% en septiembre hasta alcanzar los 507.000 millones de reales
(187.218 millones de euros). También se reduce el volumen
de bonos vinculados al tipo de cambio, que ha pasado a representar
el 3,82% desde el 4,11% de agosto hasta situarse en los 35.600 millones
(13.145 millones de euros), y apenas representan nada respecto al
PIB.
Esta estrategia permite al Gobierno reducir
la vulnerabilidad de la deuda a los tipos de interés y de
cambio, algo que siempre suele ser premiado con un descenso de la
prima de riesgo. Esta buena situación financiera también
puede ser aprovechado por las empresas del país. Algunos
expertos han augurado un boom de las emisiones corporativas
en los próximos meses.
Sin embargo este idílico panorama, en
lo que se refiere al sector financiero, también tiene sombras.
Los escándalos de corrupción y la crisis generada
en el seno del Gobierno y en el Partido de los Trabajadores (PT)
de Lula ha generado recelos entre los inversores. Esta misma semana,
el banco alemán Deutsche Bank recortó la recomendación
para la deuda externa de Brasil a 'neutral' desde 'sobreponderar',
lo que significa una reducción de la exposición a
los títulos de este país latinoamericano. ¿El
motivo? La entidad teme que el mercado, con la prima de riesgo de
Brasil en mínimos, opte por ignorar los riesgos políticos
que entraña los casos de corrupción y, sobre todo,
el hecho de que el ministro de Economía, Antonio Palocci,
pueda verse en algún momento salpicado por los casos de corrupción.
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