Viernes 11 de noviembre de 2005
 
La evolución del mercado laboral de EEUU preocupa a los analistas
 
La paradoja del empleo
J. Jameson
 

Las consecuencias de la subida de los precios energéticos sobre la economía estadounidense empiezan a aparecer en los datos macroeconómicos. Sobre todo en los referentes a la creación de empleo, y lo hacen con una inquietante combinación de puestos de trabajos destruidos y salarios al alza.

Los expertos más optimistas creen que esa tensión, que está complicando temporalmente la situación, señala que la tendencia actual de las empresas a ralentizar sus nuevas contrataciones cederá pronto. Especialmente porque las subidas salariales se producen como consecuencia del aumento de las horas extras. Otros analistas, sin embargo, consideran que la combinación de los procesos inflacionistas y el alza de los tipos de interés de referencia, situados ya en el 4%, golpeará al empleo durante un periodo dilatado.

Con independencia de las visiones opuestas de la realidad mostrada en los números, en octubre los salarios medios de los estadounidenses experimentaron un aumento de 8 centavos por hora, hasta l6,27 dólares (13,77 euros), el mayor de los últimos dos años. Y una cantidad que supera en un 19,53% el salario español equivalente.

A la par, el mes pasado, el mercado laboral estadounidense sólo generó 56.000 empleos netos nuevos, poco más de un tercio de los 150.000 puestos de trabajo mensuales que los analistas consideran necesarios para no peder el ritmo de crecimiento de la población activa. Además, el Departamento de Trabajo ha reconocido que en agosto y septiembre sus cifras habían sobrevalorado el número de puestos de trabajo nuevos en más de 36.000 unidades. Con estos nuevos datos los tres últimos meses se convierten en los peores para el empleo desde el verano de 2003.

El impacto de los huracanes no es ajeno a esta tendencia, según Kathleen Utgoff, responsable federal de las estadísticas laborales, la mayor parte de la caída del empleo se concentra en la zona del Golfo de México.

En cualquier caso, las familias estadounidenses parecen haber entrado de nuevo en una periodo de pesimismo económico. Según una reciente encuesta de la Universidad de Michigan, el 60% de la población considera que a lo largo del próximo lustro aumentará significativamente el desempleo en el país. Esta es la cifra más alta que se registra en este informe desde el verano de 1992.

En octubre, la destrucción de empleo se concentro en los concesionarios de automóviles, los hoteles, los restaurantes y la potente industria audiovisual. Además, las cadenas de distribución minorista crearon menos empleo temporal del habitual en estas fechas preparatorias de la campaña de navidad. Sectores todos ellos donde los puestos de trabajo se relacionan directamente con la potencia del consumo familiar.

En este contexto, las peticiones dirigidas a la Casa Blanca para que fuerce al Congreso y el Senado de EEUU a aprobar una subida del salario mínimo aumentan en estos días y empiezan a llegar desde sectores, tradicionalmente enfrentados y sin conexiones aparente, ni políticas, ni ideológicas ni económicas.

Durante casi dos años está había sido una campaña personal del senador demócrata por Massachusets Edward Kennedy que no encontró ni demasiados apoyos, ni demasiado eco en el ambiente. Al menos hasta el pasado 27 de octubre, cuando, desde una posición muy diferente a la suya Kennedy encontró un aliado inesperado en el consejero delegado de Wal-Mart, Lee Scott, que exigió a Washington una rápida actuación en este asunto. Desde hace doce años este sueldo básico se mantiene en 5,15 dólares por hora trabajada (4,24 euros) y Scott considera que esta cantidad (que es inferior en un 33% a la media de la UE, pero supera en un 135% al sueldo mínimo español, por ejemplo) es insuficiente para asegurar el crecimiento económico y muy perjudicial para su empresa, la mayor cadena de grandes almacenes del mundo con una plantilla de un millón de trabajadores sólo en EEUU).

Según Scott, a partir del día 15 de cada mes las ventas caen en picado. Y la situación no va a mejorar en la actual coyuntura de aumento de tipos de interés e inflación al alza. La inesperada incorporación del alto ejecutivo de Wal-Mart a la campaña ha sido providencial para los esfuerzos de Kennedy. Y ha producido un inusual aumento del interés general por este asunto.

El senador demócrata ha fracasado, al menos en dos ocasiones recientes, en su intento de promover una ley en este sentido, por culpa de la mayoría republicana en la Cámara que rechazó sus propuestas. Pero las cosas podrían estar empezando a cambiar a su favor.
Algunos grupos conservadores radicales de tendencia ultracristiana, que apoyaron a Bush en la última campaña electoral a la presidencia que tuvo lugar el pasado año se han sumado a la iniciativa, en lo que podría ser un capítulo más del desencuentro que se está produciendo entre el actual inquilino de la Casa Blanca y una parte fundamental de su antigua base de votantes.

Para algunos líderes religiosos de esta comunidad, la despreocupación con la que Bush afronta los temas sociales se relaciona con la desmesurada influencia de sus asesores en el día a día político. Hombres como Scott Libby o Karl Rove cada vez más cuestionados o grupos, de escasa religiosidad real pese a las apariencias con el "think thank", neoconservador por excelencia: La Fundación Heritage.

Los hombres Heritage se han opuesto con fuerza al aumento del salario mínimo porque consideran que contribuiría a desincentivar los procesos de formación en el mercado laboral. Con un argumento "neocon" puro: si los trabajadores no cualificados ganan más no tendrán estímulos suficientes para intentar variar su situación.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.