| Cuando
está a punto de concluir el plazo, previsto por la nueva
Ley de Hidrocarburos de Bolivia, para cambiar los actuales contratos con las
petroleras internacionales, no hay nada claro. Los expertos desconfían
de que el Gobierno de Eduardo Rodríguez sea capaz de realizar
el cambio. Hasta el Ejecutivo parece que comparte estas dudas. El
presidente va a solicitar al Congreso una ampliación del
límite previsto para el término de las negociaciones
con las compañías internacionales.
El
próximo martes 15 de noviembre, día en el que finaliza
el plazo para cambiar los contratos petroleros, el equipo de Eduardo
Rodríguez tiene una importante cita en el Congreso. En esta
sesión plenaria, el Gobierno pedirá a los diputados
más tiempo para transformar los 71 convenios que tiene el
Estado con compañías petroleras extranjeras. Según
el portavoz del Ejecutivo, Jorge Lazarte, esta solicitud irá
acompañada de un informe en el que se detallarán las
negociaciones, todavía no concluidas, del Ejecutivo con las
empresas que operan en el país.
Las
intenciones del Gobierno se conocieron el pasado martes y acto seguido
surgieron todo tipo de especulaciones. Fuentes del sector petrolero
han revelado a Americaeconomica.com que, cuando sólo
faltan cuatro días para que se cumpla la fecha límite,
el Ejecutivo ni siquiera ha empezado a negociar. Mientras tanto,
la Presidencia espera callada que llegue la sesión del martes.
Aún mayor es el silencio de las empresas petroleras, que
se niegan a hacer declaraciones.
Este
tema es sumamente delicado. La discusión de la Ley de Hidrocarburos
ha llegado a provocar una auténtica convulsión en
Bolivia y la dimisión de dos presidentes. Primero fue Sánchez
de Lozada que abandonó su cargo en 2003, después de
que la represión contra los movimientos sociales que exigían
la nacionalización de los hidrocarburos se saldara con varios
muertos. A Lozada le sucedió Carlos Mesa, que también
cedió a la presión de las protestas y salió
de la Presidencia el pasado mes de mayo. Ahí fue cuando Eduardo
Rodríguez tomó el relevo.
La
investidura del ahora presidente de Bolivia generó incertidumbres.
Desde los sectores políticos del país se considera
que era muy difícil que un Gobierno de transición
pudiese atender las demandas de las organizaciones sociales que
pedían la nacionalización de los hidrocarburos y la
convocatoria de una Asamblea Constituyente, y todo ello antes de
las elecciones generales.
Pero
poco a poco, la gestión de Rodríguez ha ido dando
buenos resultados. Los comicios tienen ya una fecha definida, el
próximo 18 de diciembre, la Asamblea Constituyente otra,
en marzo de 2006, una cita en la que se definirá el futuro
petrolero. Pero Rodríguez ha conseguido algo más que
un calendario. Sólo un mes después de iniciar su mandato,
el 15 de julio, ratificó la Ley de Hidrocarburos promulgada
el 17 de mayo por Mesa. Una norma que incrementa los impuestos a
las petroleras extranjeras que operan en Bolivia al 32% de sus beneficios
y un 18% de regalías.
Las
nuevas tasas no cuentan con el beneplácito de las petroleras
internacionales. Estas compañías, que juntas controlan
el 80% de las reservas de gas boliviano, no están de acuerdo
con el aumento impositivo. Una situación que obligó
a Rodríguez a iniciar procesos de diálogo con un claro
objetivo: cambiar los contratos a la nueva Ley de Hidrocarburos.
Pero
el mandatario y su talante conciliador, con el que ha impregnado
su trayectoria, no ha conseguido muchos resultados. El calendario
apremia y hasta el momento no parece que haya nada definido. El
hecho de que el Gobierno quiera pedir una ampliación del
plazo se ha interpretado como un síntoma fatal.
Algunos
expertos han asegurado a este diario que esas conversaciones con
las petroleras internacionales que operan en Bolivia, hasta el momento,
sólo intentan llegar a un acuerdo de conciliación.
Ya que siete de estas empresas, la española Repsol y la francesa
Total, entre ellas, se acogieron a los tratados de protección
de inversiones que sus respectivos países tienen firmados
con Bolivia.
Otra
de las dificultades en este asunto es de carácter burocrático.
El Gobierno tiene como interlocutores al Ministerio de Hidrocarburos
y a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).
Este último organismo está en estos momentos conformando
su dirección y adaptando su estructura a la nueva ley petrolera.
Esta situación ha provocado que las petroleras no tengan
al otro lado un interlocutor claro. Pero además, esto también
ha impedido que YPFB acabe con la redacción de todos los
reglamentos de la nueva Ley y los modelos de los contratos.
Fuentes
del Ministerio de Hidrocarburos han confirmado a Americaeconomica.com
estas dos trabas, sin las cuales el cambio de los contratos podría
ser imposible. Estas fuentes han asegurado que de los más
de 60 epígrafes que tiene la Ley de Hidrocarburos sólo
están listas diez.
Los
analistas barajan otra opción. Se cree que Eduardo Rodríguez,
que asumió el cargo con el objetivo de convocar elecciones
y acabar con la crisis que arrastra el país, pretende eludir
las complicaciones que puedan surgir en este ámbito. Por
ello, el mandatario estaría solicitando la ampliación
del plazo, para relegarlo al próximo Gobierno.
Este
ambiente podría convertirse en un verdadero hervidero para
Rodríguez y su equipo de Gobierno. Aunque el Congreso respalde
la pretensión del presidente, la postergación de los
cambios en los contratos petroleros podría costar caro al
presidente. El Movimiento Al Socialismo (MAS), el gran favorito
en las elecciones, ha advertido al Ejecutivo que si el próximo
15 de noviembre no están vigentes los nuevos contratos, exigirá
al presidente que afronte la responsabilidad política por
este tema.
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