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El
ministro de economía argentino, Roberto Lavagna,
ha denunciado que algunas de las constructoras del país
han firmado un cártel. Es decir, que pactan
el precio de los proyectos para obras públicas que
presentan en las licitaciones gubernamentales. Unas palabras
que no han sentado nada bien a los empresarios del sector,
que desmienten esta acusación y exigen al Gobierno
nuevas inversiones en infraestructuras.
La intervención
de Lavagna en la LIII Convención Anual de la Cámara
Argentina de Construcción (CAC) ha sembrado la polémica.
El ministro de Economía ha asegurado que esta práctica
ilegal está generando demasiado gasto al Estado.
Algo que atenta directamente al objetivo del Ejecutivo argentino
de controlar la inflación.
Aunque
este hecho preocupa mucho al Gobierno, Lavagna ha anunciado
que su Ministerio no va promover controles para erradicarla.
Para este asunto, el ministro se fía en las investigaciones
que han emprendido el Tribunal de Defensa de la Competencia
y el Banco Mundial.
La respuesta
de los empresarios del sector ha sido inmediata. Niegan
tajantemente que haya un acuerdo entre ellas para elevar
el precio de los contratos públicos. Pero reconocen
que sus ofertas en las licitaciones son cada vez más
elevadas. Algo que está directamente relacionado
con el incremento de los materiales, que en lo que va de
año se ha incrementado un 13,5%.
Para
algunos analistas han declarado a Americaeconomica.com
que Lavagna se ha atrevido a decir en público lo
que todo el mundo sabe y nadie se atreve a reconocerlo en
el sector de la construcción como en otros tantos
de la economía argentina. Una muestra de que esta
práctica es habitual es el reciente fallo en contra
de las compañías cementeras por conciliar
sus precios.
En opinión
de estos expertos, el Gobierno de Kirchner tendría
que adoptar una posición más firme con las
empresas que presentan sus ofertas a los concursos de obras
públicas. Las autoridades deberían evaluar
los costes y no aceptar nunca las propuestas que superen
las estimaciones oficiales.
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