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El
ministro de Finanzas de Reino Unido, Gordon Brown, ha planteado
en estos días un durísimo pulso a los bancos
británicos: pretende que el dinero que atesoran en
las cuentas corrientes dormidas (aquellas en
las que no se han producido operaciones durante un largo
periodo de tiempo) sea entregado directamente a organizaciones
de caridad.
Según
los cálculos de su departamento, estos depósitos
aparcados sumarían unos 10.000 millones de libras
(14.590 millones de euros) y el ministro desea tener este
asunto resuelto antes del 5 de diciembre, día en
el que presentará en el Parlamento su proyecto presupuestario.
Discrepancias.
Los bancos británicos discrepan y quieren alcanzar
un pacto con el político. Aseguran que la cifra del
Tesoro surge de sumar todo el dinero existente en las cuentas
que no han registrado operaciones a partir de los tres años
de ser constituidas.
En
su opinión, para considerar dormido a
un depósito hay que esperar al menos diez años.
Además consideran que como entidades poseen sus propios
esquemas de acción social, que invierten 1.000 millones
de libras al año (1.459 millones de euros) y que
es ahí donde debe transferirse el dinero. Los bancos
más perjudicados serían HBOS y RBS.
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