Brasil
tiene en estos momentos un superávit primario del
6% del PIB, lo que supone un ahorro de unos 35.000 millones
de dólares (29.853 millones de euros), dinero que
se mantiene inmovilizado porque el equipo económico
del Gobierno aspira a mantener ese porcentaje e incluso
incrementarlo hasta el 8%. Este es el trasfondo de la pelea
que ha dividido a la Administración de Lula. Fuentes
próximas al Gobierno aseguran que este empeño
es el que genera la sensación de que el Ejecutivo
está paralizado y de que no se aprueben inversiones
que garanticen el crecimiento futuro.
La
ministra de la Presidencia, Dilma Rousseff, se ha erigido
en la voz del Gobierno contra su colega de la cartera de
Economía, Antonio Palocci, quien estaría intentando
incrementar el superávit primario (ingresos menos
gastos excluidos los pagos de intereses de la deuda), uno
de los indicadores que muestran la capacidad del país
para cumplir con sus obligaciones financieras.
Según
Rousseff, con mantener la actual política fiscal
(el objetivo para este año es del 4,25% del PIB)
es suficiente y no es necesario un esfuerzo adicional. En
definitiva, la ministra defiende un incremento de los recursos
que el Gobierno destina a inversiones, capitales que, en
estos momentos, se encuentran paralizados con el objetivo
de engrosar la partida del ahorro.
Un
Ministerio poco peleón. Algunas fuentes
próximos al Gobierno aseguran que esta paralización
es la consecuencia del hecho de que el Ministerio de Planificación
está supeditado al de Hacienda y a la propia actitud
del ministro
de Planificación, Paulo Bernardo, quien desde que
accedió al cargo ha optado por satisfacer los deseos
de Palocci y no pelear por conseguir del ministro de Hacienda
los recursos necesarios para llevar a cabo los proyectos
encargados por Lula. De hecho, el propio Bernardo, según
se comenta en la prensa brasileña, habría
propuesto un plan para mantener un rígido control
de los gastos durante un periodo superior a cinco años
para aumentar el superávit.
Las
elecciones de 2006 son el trasfondo de esta discusión.
Los ministros que consideran que no son necesarios mayores
esfuerzos fiscales creen que sin inversiones será
muy difícil que Lula recupere la popularidad perdida,
mientras que la oposición puede seguir aprovechando
este hecho para denunciar que la Administración se
encuentra paralizada por los casos de corrupción.
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