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Senado estadounidense ha retirado una enmienda incluida en el proyecto
de presupuesto del Tesoro de EEUU por la que se pretendía
impedir que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC)
utilizara fondos de ese presupuesto para financiar la aplicación
de las nuevas restricciones comerciales a Cuba. La propuesta habría
supuesto un avance en la lucha que mantiene el lobby empresarial
estadounidense y los congresistas y senadores por lograr el fin
del embargo a la isla.
El origen de esta enmienda se encuentra en
la nueva legislación que el año pasado publicó
la OFAC por la cual se obliga a las autoridades de la isla a pagar
los productos que adquieren en EEUU en efectivo y por adelantado.
Ante esta situación, un grupo de legisladores estadounidenses
encabezados por la congresista por el Estado de Missouri, Jo Ann
Emerson, puso una enmienda para impedir que el dinero del presupuesta
del Tesoro pudiera financiar esta nueva regulación. Pero
esta propuesta acaba de ser rechazada en el Senado.
Fuentes próximas al lobby empresarial
estadounidenses que apoya el fin del embargo consideran que su aprobación
hubiera sido un paso positivo aunque reconocen que era un pequeño
avance y que será muy difícil que la Administración
Bush acceda a lograr un cambio significativo porque está
empeñada en mantener a toda costa el embargo.
La cifra de negocios. A pesar
de todo, los productores de alimentos estadounidenses, los únicos
a los que se les permite hacer negocias con Cuba, siguen vendiendo
al país caribeño. Pedro Álvarez, el presidente
de la empresa estatal de la isla encargada de las importaciones,
Alimport, ha reconocido esta semana en una rueda de prensa que el
Estado cubano se gastará este año unos 500 millones
de dólares (426,4 millones de euros) en comprar alimentos
en EEUU.
Esta cantidad incluye el pago en efectivo de
los embarques (no se aceptan siquiera cartas conformadas de crédito
para cerrar las operaciones), el coste de los fletes y el dinero
que se paga por el transporte a compañías de terceros
países.
A pesar de que las relaciones económicas
entre los agricultores de EEUU y Cuba van en aumento, su futuro
peligra. De hecho, según algunas estimaciones el año
que viene se repetirá la misma cifra de negocio. No habrá
aumento.
Álvarez asegura que las nuevas y estrictas
normas que regulan el comercio entre ambos países han obligado
a Cuba a realizar adquisiciones de alimentos por valor de 300 millones
de dólares (256 millones de euros) en mercados distintos
del estadounidense. Una cifra que probablemente aumentará
el próximo año si las cosas no cambian.
De hecho, Vietnam,
el segundo país exportador de arroz del mundo (por detrás
de Tailandia), venderá a Cuba 200.000 toneladas de este producto
alimenticio en 2006. Una operación que muestra como la isla
tiende a desplazar a las empresas de EEUU, los suministradores tradicionales
del país caribeño. Los empresarios estadounidenses
reconocen que es lógico que Cuba busque otros mercados porque
las autoridades de la isla son conscientes de que EEUU puede volver
a cambiar las reglas de juego en cualquier momento.
Hay resignación, pero también
mucho enfado. Esta semana representantes del sector arrocero de
Texas han asegurado que el embargo les está perjudicando
gravemente y que países como Vietnam, China o Venezuela,
serán las que se beneficien de la cabezonería de Bush
en mantener las restricciones comerciales a la isla.
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