| La intensa actividad
de las compañías de capital riesgo en los últimos
tres años y las consistentes participaciones accionariales
que estas gestoras tienen en muchas grandes empresas mundiales empiezan
a preocupar a los expertos. ¿Otra posible burbuja?
La intensa actividad de las compañías
de capital riesgo en los últimos tres años y el aumento
de las participaciones accionariales que tienen en muchas grandes
empresas mundiales empieza a preocupar a los expertos.
Desde enero a octubre de este año, y
sólo en EEUU, estas gestoras de inversión han gastado
unos 130.000 millones de dólares (110.884 millones de euros)en
operaciones corporativas y poseen, según los últimos
datos de las consultoras especializadas, otros 100.000 millones
de dólares (82.295 millones de euros)que no han llegado a
gastar a la espera de mejores oportunidades.
Una tendencia que se expande. Pero
la tendencia, como bien ha podido apreciarse en España en
los últimos tiempos, ha cruzados las fronteras y se ha instalado
también en la Unión Europea. Especialmente en Reino
Unido donde según los últimos datos de la Asociación
Británica de Empresas de Capital Riesgo estas gestoras ya
controlan el 18% del capital de todas las compañías
cotizadas del país.
En algunos "blogs" financieros empieza
a especularse con que este momento que atraviesa la industria, ante
una eventual caída de las cotizaciones bursátiles,
puede ser al menos tan peligroso como el que se produjo a principios
de los ochenta, cuando Michael Miken, a quien se consideraba el
rey de los bonos basura, acabó en la cárcel con varias
acusaciones de fraude.
La rentabilidad alcanzada por las operaciones
impulsadas por estas gestoras en los últimos tres años
ha multiplicado su actividad en los mercados bursátiles.
Y buena parte de la culpa de tanto poderío, la tendrían,
según las cifras de Thomson Financial, los inversores institucionales
clásicos, como los fondos de pensiones, que habrían
proporcionado a los fondos de capital riesgo unos 491.000 millones
de dólares (418.800 millones de euros) en el último
trienio.
Los activos reales. Un dinero
que, según las estimaciones más conservadoras, les
permite conseguir en créditos entre tres y cinco veces esta
cantidad inicial, lo que habría elevado los activos reales
gestionados por el sector hasta la estratosférica cantidad
de 2 billones de dólares (1,7 billones de euros).
El problema es que la estrategia del capital
riesgo se basa en la venta posterior con plusvalías de los
activos adquiridos como fórmula para proporcionar ganancias
a sus clientes y la multiplicación de la oferta de papel
pude provocar un colapso.
Según algunos analistas, el sector se
verá obligado a vender acciones por valor de 500.000 millones
de dólares (426.476 millones de euros) entre 2005 y 2008
sólo para cumplir con los compromisos adquiridos con sus
acreedores. Una cifra que barrería los récords históricos
establecidos hasta ahora situados, según la consultora Freeman
Company en la liquidación en un año de activos por
valor de 153.200 millones de dólares (130.672 millones de
euros). Precisamente en 1983, antes de la primera caída a
los infiernos del sector.
Datos inquietantes. El columnista
del New York Times Andrew Ross aportaba este fin de semana
otros datos inquietantes. Por ejemplo, el hecho de que el mercado
parece empezar a desconfiar de las salidas a bolsas protagonizadas
por empresas que han recibido el apoyo financiero de las gestoras
de capital riesgo.
Hay una lógica plausible tras esta actitud:
al fin y al cabo se sabe perfectamente que el objetivo de las compañías
al impulsar estas operaciones es rentabilizar su inversión.
De modo que antes o después van a vender sus acciones provocando
una sustancial caída del precio a medio plazo.
Y también hay cifras que dejan patente
la tendencia. Según los datos de Dealogic las IPO apoyadas
por el capital riesgo han conseguido en lo que va de año
una ganancia media del 8,3% en su primer día de cotización.
Una cifra mucho menor que el 13,9% obtenido por las salidas a bolsa
en la que estás compañías no jugaban ningún
papel.
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