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La situación política de Ecuador
está paralizada. El presidente Alfredo Palacios no ha conseguido
que su propuesta para celebrar una Asamblea Constituyente avance.
Los miembros del Congreso, los mismos que apoyaron su ascenso a
la Presidencia después de la destitución de Lucio
Gutiérrez, ahora le dan la espalda y se niegan a ceder posiciones.
Pero lo que sí ha logRado el mandatario ecuatoriano es el
apoyo social que comenzó a buscar hace unas semanas. Ayer
jueves, cientos de indígenas se concentraron a las puertas
del Parlamento para exigir a los diputados un cambio de actitud.
Palacios busca fuera del Congreso el apoyo
que dentro no tiene. Ha detectado que el pueblo desea que se cambien
las reglas vigentes del juego democrático y está intentando
aprovechar esta oportunidad. Ahora ha conseguido que los miembros
de la Confederación Nacional Indígena de Ecuador (Conaie)
salgan a la calle y presionen a los congresistas para que den su
apoyo al mandatario.
Mientras que los debates en el Congreso se
hacen interminables y los diputados no se ponen de acuerdo en la
reforma política que necesita el país, la Conaie ha
querido dejar claro una cosa: la sociedad indígena no está
con ellos.
El apoyo social. Los
indígenas están enfadados con los parlamentarios.
El presidente de esta Confederación, Luis Macas, ha asegurado
que la única forma de superar la crisis por la que atraviesa
Ecuador es la realización de una Constituyente que incluya
la participación el pueblo en las discusiones de las reformas
políticas. Antes de llevar a cabo ese proceso, Palacios quiere
celebrar un plebiscito, en el que los ecuatorianos autoricen la
convocatoria.
Los
indígenas no entienden las negativas de los parlamentarios
que prefieren una Asamblea Constitucional, en la que sólo
se podrían modificar los artículos de la actual Carta
Magna. Macas sólo encuentra una razón para esta actitud.
El presidente de la Conai asegura que la negativa de la mayoría
de los congresistas sólo responde a su interés personal
por permancer en sus cargos hasta el final de la legislatura, octubre
de 2006, cuando están previstas las elecciones generales.
La
oposición. Un argumento que los diputados niegan
tajantemente. Ellos alegan que si se iniciara ahora el proceso constituyente,
podría volver el caos. Aseguran que las instituciones del
país están debilitadas. Por ejemplo, falta la estructura
actualmente prevista para poder dar paso a un periodo de cambio
constitucional. La Corte Suprema, encargada de firmar el decreto
correspondiente, sencillamente no existe. Antes de ser destituido,
Lucio Gutiérrez disolvió el órgano supremo
del poder judicial en Ecuador y todavía sique hoy sin constituirse.
Pero el presidente Palacios está empeñado en cambiar
la Constitución y, a juzgar por la actitud de los indígenas,
ha convencido a algunos sectores de la sociedad civil. El mandatario
argumenta que bastaría con que la propia Presidencia convocara
un referéndum en el que los ecuatorianos manifestasen su
deseo de cambio para que el proceso constituyente tuviera validez
legal. Sin embargo, no se atreve a hacerlo sin antes contar con
el respaldo de alguna de las instituciones que sí están
en funcionamiento (el Congreso o el Tribunal Supremo Electoral).
Mientras
Palacios busca el apoyo social, en la oposición, aparentemente
unida, surge una importante fractura: el Partido de la Sociedad
Patriótica de Ecuador, que lidera Lucio Gutiérrez
desde prisión, y su esposa, Ximena Bohórquez, desde
el Parlamento, también está a favor de la Constituyente.
Lo malo es que no quiere que lo haga Palacios. El resto de las agrupaciones
insiste en la Asamblea Constitucional. Estas diferencias impiden
que surja alguna iniciativa común.
Ximena
Bohórquez ha explicado a Americaeconomica.com que
la Constituyente es la única opción para salir de
la crisis por la que pasa el país. De hecho, su esposo intentó
llevarla a cabo, pero no pudo hacerlo. Sin embargo, para la diputada,
este proceso debería nacer de un Ejecutivo legítimo
y con autoridad moral. Dos calificativos que el Gobierno de Palacios
no tiene, según la esposa del ex mandatario.
La
precampaña electoral. Detrás de todas estas
discrepancias se esconden, según algunos analistas, intereses
políticos y electorales. Todos los grupos políticos
del Congreso, incluido el Partido de la Sociedad Patriótica,
no quieren que Palacios, que no fue elegido directamente por el
pueblo, cambie el orden institucional. Algo que le permitiría
mantenerse en el poder, puesto que ya tendría el consentimiento
manifiesto de todos los ecuatorianos.
El
mandatario se defiende con el mismo alegato que han expresado los
miembros de la Conaie y les acusa de lo mismo, de actuar por intereses
políticos. Palacios asegura que los miembros del Congreso
se oponen a un cambio constitucional porque supondría su
desaparición de la escena política del país.
Mientras
el Gobierno se "pelea" con la oposición y ésta
también discute entre sí, el partido de Lucio Gutiérrez
intenta reestructurarse para "pujar" de nuevo por la Presidencia.
El ex mandatario, que lleva meses anunciado que quiere recuperar
el poder, ha renunciado al asilo que gobiernos como el de Brasil
y Colombia le han ofrecido y ha vuelto a Ecuador, donde permanece
encarcelado. Una situación que aprovechan sus seguridores
para "hacer ruido en las calles", exigir su puesta en
libertad y su retorno a la Presidencia.
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