| Ha sido una semana
complicada para Lula. Su hombre fuerte, el ministro de Economía,
Antonio Palocci, se ha visto de repente acorralado por las denuncias
de corrupción e incluso por algunos miembros de su Gabinete
que han cuestionado públicamente la política económica
del Ejecutivo. Hasta los inversores se han mostrado nerviosos a
pesar de la templanza que han mostrado desde que comenzó
la crisis. Pero, una vez más, Lula ha esquivado, al menos
de momento, el golpe.
Nunca desde que comenzó la crisis hace
ya casi cuatro meses se ha especulado más con la posibilidad
de una dimisión de Palocci como durante esta semana. El ruido
generado por estos rumores llegó a ser ensordecedor. Tanto
que el ministro de Economía decidió salir a escena
y enfrentarse de una sola vez a todas la acusaciones. La decisión
la tomó tras saber que Lula le apoyaría hasta el final
y no admitiría su renuncia. Él mismo se lo dijo.
Palocci eligió como foro la Comisión
de Economía del Senado. Su comparecencia estaba prevista
para el próximo día 22, pero la adelantó al
miércoles pasado. La estrategia fue un éxito. Tras
su intervención de nueve horas los mercados se relajaron:
las acciones brasileñas comenzaron a subir y el real acompañó
el alborozo con una revalorización del 0,6% frente al dólar.
En unas cuantas horas Lula y Palocci lograron desactivar una poderosa
bomba lanzada desde dos frentes.
Críticas desde dentro. En
uno de ellos estaba situada en primera línea Dilma Rousseff,
la sustituta del ex brazo derecho de Lula, José Dirceu. La
ministra de Presidencia, en plena crisis política de su Gobierno,
aseguró en una entrevista que el plan a largo plazo del Gobierno
para lograr disciplina fiscal es rudimentario y perjudicará
la expansión económica. Un dardo convenientemente
dirigido contra Palocci que disgustó al presidente.
Al día siguiente Lula hizo un llamamiento
para que los ministros evitasen mostrar en público sus divergencias.
Y pocas horas después aprovechó un acto para elogiar
la política económica del Gobierno. Ese fue el aperitivo
antes de la declaración de Palocci en el Senado. Entre los
dos consiguieron convencer a los mercados de que Brasil no abandonará
la senda emprendida para corregir los desequilibrios macroeconómicos
heredados de la anterior Administración y que están
permitiendo al país crecer, controlar la inflación
y reducir la deuda.
No obstante, siguen existiendo críticas
veladas contra la política económica de Lula. En algunos
sectores irrita especialmente la obsesión del Banco Central
(BC) por mantener los tipos de interés elevados (19%), una
idea persistente que, según fuentes próximas al Gobierno,
se explica porque en el pasado el país sufrió tasas
muy elevadas de inflación que se han llegado a convertir
en una "marca" de la economía brasileña.
Sin embargo, según explican, ahora los precios han comenzado
a controlarse y la tendencia es que la tasa selic siga bajando en
los próximos meses. Asunto resuelto, al menos de momento.
Palocci y Lula en las CPI. Pero
hay otro frente activo y peligroso, el de los escándalos
de corrupción. Sobre Palocci pesan varias denuncias realizadas
contra él por algunos colaboradores suyos durante la época
en la que fue alcalde de Ribeiro Preto. El ministro de Economía
proclamó su inocencia en el Senado. Aunque en este caso las
investigaciones siguen abiertas y una de las comisiones de investigación
del Congreso (CPI) insiste en interrogarle. El presidente de la
CPI que intenta esclarecer los casos de corrupción en los
bingos ha anunciado que someterá a votación el próximo
martes un requerimiento para convocar a Palocci en la comisión.
Ese mismo día y en la misma CPI comenzarán
a desfilar personas directamente relacionadas con el presidente
brasileño. Otra nueva mina en el camino de la reelección
de Lula en los comicios de octubre de 2006. El primero en declarar
será el actual presidente del Servicio Brasileño de
Apoyo de la Micro y Pequeña Empresa (Sebrae), Paulo Okamoto,
funcionario que fue en 1989 el tesorero del Partido de los Trabajadores
(PT) de Lula.
Okamoto ha asegurado que pagó con dinero
del PT un préstamo contraído personalmente por el
presidente del Gobierno por valor de 29.436 reales (11.408 euros).
También está previsto que se interrogue al hermano
mayor de Lula, Genival Inacio da Silva, a quien se le acusa de tráfico
de influencias. Al parecer, él fue el que ejerció
de intermediario entre el empresario portugués Emidio Mendes
(uno de los propietarios de Riviera Group) y la petrolera estatal
Petrobras. El hermano del presidente, según estas denuncias,
promovió un encuentro en la sede del Gobierno entre Mendes
y el asesor especial de la Presidencia, César Álvarez,
y el jefe de Gabinete de Presidencia, Gilberto de Carvalho. Una
semana después, el empresario luso visitó la sede
de Petrobras. Y posteriormente se firmó un acuerdo de cooperación
entre Riviera Group y la petrolera en el área de importación
y distribución de alcohol combustible en Europa.
La posible declaración de Palocci y
las intervenciones de las personas que podrían supuestamente
implicar a Lula en los casos de corrupción generarán
gran expectación y quizá nerviosismo. Pero no en el
Gobierno.
Denuncias sin pruebas. Fuentes
próximas a la Administración aseguran que las comisiones
de investigación ni han probado, ni probarán, nada
contra Palocci ni contra Lula. Por este motivo, y a pesar de que
reconocen que la crisis ha golpeado al Gobierno, consideran que
ésta ha comenzado a remitir a pesar de los esfuerzos de la
oposición por mantener al Ejecutivo brasileño bajo
presión.
Y de hecho es cierto, al menos hasta ahora.
Hoy mismo se ha conocido que una de las CPI, la que investiga el
caso de los sobornos, se ha cerrado. Se han gastado 4,7 millones
de reales (1,8 millones de euros) en contratar consultoras y técnicos
para cruzar datos con la CPI que estudia los casos de corrupción
en Correos y no han podido probar nada. Tampoco ha habido acuerdo
entre sus miembros para prolongarla, de forma que esta CPI está
oficialmente muerta.
Esta es precisamente una de las bazas del Gobierno
de Lula. Las CPI tienen fecha de caducidad. Una ya está cerrada,
otra ha logrado un aplazamiento pero el resto tiene que terminar
sus trabajos en diciembre. A partir de esa fecha el barullo generado
por los escándalos de corrupción tenderá a
desaparecer, según afirman fuentes próximas a Lula,
y el Gobierno podrá respirar tranquilo y preparar durante
ocho meses la carrera del presidente hacia la reelección.
Tiempo suficiente, si no ocurre ninguna sorpresa,
para trabajar por recuperar la credibilidad perdida por el PT y
el Gobierno durante el transcurso de estos meses de crisis en los
que el presidente y su Administración han perdido popularidad
aunque todavía no tanta como para augurar una derrota de
Lula en las elecciones de 2006.
Irregularidades en las campañas.
En cualquier caso, hoy por hoy la situación es todavía
complicada porque las CPI siguen generando mucho ruido y ocupando
gran parte de las páginas de los periódicos brasileños.
De hecho, buena parte de los diarios han aumentado su número
de páginas y, según se comenta en los ambientes políticos,
están sacando partido de la crisis: las tiradas y las audiencias
han crecido milagrosamente.
Y eso que, de momento, lo único que
han encontrado las comisiones parlamentarias han sido irregularidades
en la financiación de las campañas políticas,
en todas, no sólo en la que llevó a Lula al poder.
Irregularidades que, según aseguran varios políticos
del país, son habituales en Brasil, donde es el sector privado
el que da dinero para financiar las campañas. El problema
es que parte de esas empresas que las financian no lo declaran.
Con pruebas o sin ellas, lo cierto es que el
Gobierno de Lula ha sufrido un desgaste agravado por el hecho de
que la Administración parece paralizada. Hay reformas pendientes
e inversiones que no se materializan y que podrían generar
una desaceleración del crecimiento. Los medios de comunicación
brasileños achacan esta inactividad a la crisis. Pero hay
otras versiones.
Algunos miembros del Gobierno comentan que
el problema es de otro tipo. Según estas fuentes, la obsesión
de Palocci y del secretario del Tesoro, Joaquim Levy (quien podría
aceptar una oferta del BID para ocupar un cargo), por mantener superávit
primario, les ha llevado a priorizar el ahorro y no autorizan los
desembolsos necesarios para que el Ministerio de Planificación
(que está subordinado al de Hacienda) pueda acometer los
proyectos que Lula ha encargado. De alguna manera, según
dicen, "se está engañando al presidente".
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