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El
congresista republicano Randy Cunningham ha abandonado su
cargo tras admitir públicamente que recibió
más de 2,4 millones de dólares de los principales
suministradores del Pentágono para actuar como intermediario
a la hora de conseguirles contratos. Además, ha reconocido
también que evadió impuestos durante varios
años por una cantidad total de otro millón
de dólares. Las empresas de Defensa le captaron porque
ocupaba la vicepresidencia de la comisión encargada
de la contratación. Ahora podría ser sentenciado
a una pena de hasta diez años de cárcel.
Cunningham
es también parte fundamental del equipo de parlamentarios
de plena confianza de la Casa Blanca, un colectivo que mengua
a toda velocidad. Junto a Cunningham, ha caído también
Tom De Lay, antiguo líder de la mayoría republicana
en el Congreso que se enfrenta a un proceso por malversación
de fondos electorales y está a punto de hacerlo Bill
Frist, líder de la mayoría en el Senado, que
sufre una investigación por uso de información
privilegiada al vender acciones.
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