En
plena crisis política y en medio de una pelea entre
los miembros del Gabinete de Lula por la política
económica, los sindicatos del país han irrumpido
para exigir un aumento del salario mínimo hasta los
400 reales (152,8 euros) mensuales. La ocasión sería
propicia para que el presidente brasileño, accediendo
a estas demandas, recupere la popularidad perdida. Pero
esta posibilidad chocaría, una vez más, con
la política de austeridad que defiende el ministro
de Economía, Antonio Palocci.
La
agenda de las centrales sindicales para esta semana es exhaustiva.
Intentarán a través de reuniones y contactos
poner de su parte al Gobierno y a los legisladores. Mañana
se reunirán a partir de las 17:00 horas (en Brasil)
con Palocci, el ministro de Trabajo, Luiz Marinho, el de
Planificación, Paulo Bernardo, y la ministra de Presidencia,
Dilma Rousseff.
Al
día siguiente los líderes sindicales mantendrán
un encuentro con el presidente del Senado, Renan Calheiros,
y el del Congreso, Aldo Rebelo. El objetivo de estos encuentros
es conseguir apoyos entre los congresistas para incluir
en el presupuesto de gastos un aumento del salario mínimo
que probablemente tendrá que ser votado en las cámaras
el próximo 15 de diciembre.
Los
sindicatos entienden que la propuesta es coherente con una
promesa electoral realizada por la Lula en 2002 durante
la campaña presidencial cuando se comprometió
a incrementar el salario mínimo de los brasileños
progresivamente desde los 300 reales (114 euros) hasta los
400.
Las
centrales que participan en esta campaña son la Central
Única de Trabajadores (CUT), Fuerza Sindical, la
Confederación General de Trabajadores (CGT), la Social
Democracia Sindical (SDS), la Central Autónoma de
Trabajadores (CAT) y la Central General de Trabajadores
de Brasil (CGTB).
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