| El
presidente de EEUU, George Bush, ha presentado en Tucson
(Arizona) una propuesta de reforma migratoria para controlar
a los 900.000 inmigrantes, el 85% de ellos mexicanos, que
entran en el país cada año de manera ilegal.
La iniciativa tiene como objetivo fortalecer los controles
fronterizos e impedir que continúe la llegada masiva
de indocumentados procedentes de Latinoamérica.
Bush ha declarado que la nación estadounidense siempre
ha sido compasiva ante los recién llegados pero también
recuerda que la política de Washington se fundamenta
en leyes, por lo que aquellos inmigrantes que entran al
país de manera ilegal violan las normas, y eso es
algo que no se les debe permitir.
El
actual inquilino de la Casa Blanca pretende también
con su plan impedir que a través de la comisión
de un delito se ponga en marcha una ruta alternativa automática
para obtener la cidiana estadounidense.
El
mandatario de EEUU ha explicado que el programa migratorio
tiene tres ejes principales. En primer lugar, la deportación
inmediata hasta su lugar de origen de cualquier inmigrante
indocumentado que sea atrapado en la frontera sin excepción.
Sin embargo, aquellos extranjeros en condiciones de permanencia
ilegal que ya residan en el país, no serán
deportados, si no se les captura por la realización
de alguna ilegalidad.
Esta
decisión se basa en un planteamiento puramente económico.
Según ha indicado el secretario de Seguridad Nacional,
Michael Chertoll, el coste y los recursos necesarios para
iniciar una campaña masiva de detenciones y deportaciones
no es soportable para un Estado en el que el déficit
presupuestario se sitúa ya en una cantidad equivalente
al 4,1% del Producto Interior Bruto (PIB).
El segundo punto de la iniciativa de Bush establece un endurecimiento
de los controles fronterizos y modificar la ley de inmigración
que la Casa Blanca quiere negociar con el Congreso de EEUU.
La actual legislación obliga a que se libere a las
personas detenidas al cruzar la frontera ilegalmente si,
después de un determinado periodo de tiempo, sus
países no los reclaman. Una ventaja que según
el presidente estadounidense es aprovechada por asesinos,
violadores, criminales y otros pederastas.
Por último, la propuesta contempla el desarrollo
de un programa de contratación de trabajadores temporales,
que podrían desempeñar sus actividades de
manera legal en EEUU durante un periodo máximo de
seis años, pero no obtendrán la residencia
antes de tener que regresar a su país de origen.
Según algunos expertos, con este programa Bush intenta
satisfacer a los conservadores que exigen medidas severas
contra la inmigración ilegal, y por otro lado, a
los empresarios que exigen una solución para que
se cubran los puestos de trabajo que los estadounidenses
no quieren desempeñar. Sin embargo, algunos analistas
que aseguran que uno de los principales objetivos de la
última iniciativa es contentar a una comunidad hispana
cada vez más numerosa, cuyos votos pueden resultar
decisivos en las legislativas del próximo año
en las que se renovará todo el Congreso y un tercio
del Senado.
Contradicciones.
No obstante, la nueva propuesta de Bush parece contradecir
a un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso sobre
el impacto en la economía estadounidense de los trabajadores
extranjeros, que hasta 2004 sumaban 21 millones.
En
concreto, el texto resalta que el flujo de inmigrantes será
clave para la dinámica de la fuerza laborar en EEUU,
que en la próxima década crecerá más
lento su tasa anual del 1,5% registrada durante el último
medio siglo.
El
director de la oficina encarga del informe, Douglas Holtz-Eakin,
explicó ante una comisión de la Cámara
de Representantes que con la ausencia de la inmigración,
la economía no crecerás, según publica
la prensa regional.
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