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El presidente de Ecuador, Alfredo Palacios,
no está dispuesto a perder más tiempo. Su objetivo
es cambiar la Constitución, su método, la Asamblea
Constituyente y su problema, la oposición de los miembros
del Congreso. El debate en torno a esta cuestión se prolonga
ya durante tres semanas y los parlamentarios todavía no han
tomado ninguna decisión. El presidente quiere una respuesta
inmediata y para conseguirla ha recurrido a la amenaza. Si los parlamentarios
no dan una contestación, el Gobierno está dispuesto
a iniciarles un juicio de responsabilidades.
Aunque Alfredo Palacios podría comenzar
el proceso Constituyente con la autorización del pueblo ecuatoriano
en un referéndum. Pero no se atreve a hacerlo sin antes contar
con el visto bueno del Congreso o del Tribunal Supremo Electoral.
La razón es que su posición es muy delicada. El mandatario
no accedió a la Presidencia por haber ganado unas elecciones,
sino por una decisión del Congreso después de la destitución
de Lucio Gutiérrez.
Pero ahora, los diputados no le apoyan. Temen
que la Asamblea Constituyente se convierta en un caos. Los parlamentarios
alegan que falta la estructura necesaria para poder dar paso a un
periodo de cambio constitucional. La Corte Suprema, encargada de
firmar el decreto correspondiente, no está constituida. Los
partidos con más representación en el Congreso, el
Socialcristiano (PSC) y la Izquierda Democrática (ID), prefieren
una Asamblea Constitucional, un proceso más cerrado y en
el que sólo se podrían modificar los artículos
de la Carta Magna.
El mandatario quiere que los miembros del Congreso
cambien de actitud. Primero ha utilizado la técnica de la
presión. Palacios ha conseguido el respaldo de algunos sectores
de la sociedad civil que han llevado sus propuestas a las puertas
de la Cámara baja. La pasada semana, los miembros de la Confederación
Indígena de Ecuador, un grupo de activistas que empieza a
tener repercusión en la sociedad, se movilizaron a favor
de la Asamblea Constituyente. Pero esto no ha sido suficiente para
convencer a los parlamentarios.
Ahora, Palacios ha cambiado su estrategia y
amenaza con "enjuiciar" a los diputados. Les acusa de
poner trabas con el único objetivo de permanecer en sus cargos
hasta el final de la legislatura (octubre de 2007). Y está
dispuesto a obligarles a rendir cuentas de sus actuaciones ante
un tribunal.
Sin
embargo, otros sectores políticos de Ecuador también
creen que la Asamblea Constituyentel es la única forma de
superar la crisis por la que pasa el país. Además,
ven este proceso como una oportunidad para que Lucio Gutiérrez
recupere el poder. El ex mandatario quiere aprovechar la Constituyente
para que se analice su puesta en libertad. Él también
cuenta con apoyo popular. Desde su regreso a Ecuador y su posterior
encarcelación, sus seguidores "hacen ruido en las calles"
y exigen el retorno de su líder.
Palacios
parece tener dos enemigos. Los grupos mayoritarios del Congreso
y el Partido Sociedad Patriótica de Ecuador (PSPE), que lidera
el Lucio Gutiérrez desde prisión y su esposa Ximena
Bohórquez desde el Congreso. La única agrupación
que está, como el presidente, a favor de la Constituyente.
Lo malo es que no toleran a Palacio.
Según
ha asegurado la esposa de Lucio Gutiérrez, actual jefa parlamentaria
del PSPE, a Americaeconomica.com, el presidente no tendría
ninguna intención de celebrar la Asamblea Constituyente y
estaría engañando al país. En su opinión,
la amenaza de un juicio político a los congresistas es una
farsa ya que Palacios tiene un 'pacto de no agresión' con
los partidos mayoritarios del Congreso. Se apoyan mutuamente para
agotar la legislatura.
Otras
fuentes coinciden con esta opinión: Palacios sólo
querría permanecer en el poder y, para lograrlo, ha conseguido
el aval de los dos partidos que aglutinan a más diputados:
el Partido Socialcristiano (PS) y la Izquierda Democrática
(ID). Los miembros de estas dos agrupaciones ocupan importantes
cargos en las instituciones del país, como las controlarías,
organismos estatales relacionados con las distintas actividades
económicas.
Mientras
tanto, aunque parece que las distintas fuerzas políticas
están tomando posiciones, lo cierto es nada ha cambiado.
No hay ningún avance y cada vez queda menos tiempo hasta
las elecciones generales.
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