Viernes 25 de noviembre de 2005
 
La popularidad del presidente brasileño se sitúa por primera vez por debajo del 50%
 
El dilema de Lula: ahorrar o invertir
G. Velasco
 

La crisis política que golpea al Gobierno brasileño está desgastando a Lula. Su popularidad cayó en octubre hasta el 46,7% desde el 50% de un mes antes. Algunos miembros de su Gabinete creen que el presidente podría ganar parte de la credibilidad perdida si se revitalizan las inversiones y se exhiben buenos datos de crecimiento. Pero hay un problema. El ministro de Economía, Antonio Palocci, fiel guardián del ahorro, es reticente a sacrificar superávit primario. El dilema ha provocado un enfrentamiento en el seno del Ejecutivo que ha generado un sinfín de rumores sobre la posible dimisión de Palocci, especulaciones que mantienen a los inversores en tensión desde hace más de 15 días.

Según la última encuesta divulgada por la consultora Sensus, la popularidad de Lula se encuentra en mínimos, el peor resultado desde que el mandatario accedió al poder hace ya casi tres años. También ha sufrido un varapalo la credibilidad general del Gobierno brasileño. Sólo el 31,1% confía en la actual Administración frente al 35,8% de septiembre. Tras estas cifras se esconden no sólo los casos de corrupción sino también el temor a que la economía comience a resentirse y, sobre todo, la sensación de que el Gobierno está paralizado.

Esto es lo que más rabia da a algunos miembros del Gabinete de Lula comandados por la ministra de la Presidencia, Dilma Rousseff. La culpa de esta paralización, según este grupo de ministros, la tiene Palocci y su obsesión por el ahorro.

El superávit primario. Brasil tiene en estos momentos un superávit primario (ingresos menos gastos excluidos los pagos de intereses de la deuda) del 6% del PIB, lo que supone un ahorro de unos 35.000 millones de dólares (29.853 millones de euros), dinero que se mantiene inmovilizado porque el equipo económico del Gobierno liderado por Palocci aspira a mantener ese porcentaje e incluso incrementarlo hasta el 8%.

El ministro de Economía es consciente de que el superávit primario es uno de los indicadores que muestran la capacidad del país para cumplir con sus obligaciones financieras, unas cargas que son actualmente muy abultadas a pesar de los esfuerzos del Gobierno por reducirlas. En estos momentos, la deuda pública del país es de unos 900.000 millones de reales (339.195 millones de euros), lo que representa el 55% del PIB.

En general, todos los miembros de la Administración consideran necesario guardar con celo ese superávit. Pero sin pasarse. Rousseff considera que con mantener la actual política fiscal (el objetivo para este año es del 4,25% del PIB) es suficiente y no es necesario un esfuerzo adicional. En definitiva, la ministra quiere que se incrementen los recursos que el Gobierno destina a inversiones, capitales que Palocci quiere destinar a engordar la partida del ahorro.

Inversiones paralizadas. Algunas fuentes próximas al Gobierno aseguran que esta paralización es la consecuencia del hecho de que el Ministerio de Planificación está supeditado al de Hacienda y a la propia actitud del ministro de Planificación, Paulo Bernardo, quien desde que accedió al cargo ha optado por satisfacer los deseos de Palocci y no pelear por conseguir de su colega de Hacienda los recursos necesarios para llevar a cabo los proyectos encargados por Lula. De hecho estas fuentes creen que de alguna manera se está engañando al presidente porque él encarga proyectos que luego no se materializan por falta de fondos.

Esta discusión tiene un trasfondo muy claro: las elecciones de 2006. Los ministros que consideran que no son necesarios mayores esfuerzos fiscales creen que sin inversiones será muy difícil que Lula recupere la popularidad perdida, mientras que la economía comienza a perder en apariencia impulso (la producción industrial de septiembre se redujo un 2%) y la oposición aprovecha la circunstancia para denunciar que la Administración está bloqueada por los casos de corrupción.

De hecho esta presión ya ha comenzado a pesar en las decisiones del Gobierno brasileño a pesar de la contundencia con la que Palocci defiende su política austera. Lula ha sancionado esta semana la Medida Provisional 255, conocida como "MP de Bienes" por la que el Ejecutivo concede incentivos fiscales al sector productivo, unas ayudas que este año supondrán un coste tributario para las arcas del Estado de 1.500 millones de reales (572 millones de euros) y en 2006 de 3.300 millones (1.260 millones de euros).

Liberalización de recursos. Pero, además, también esta semana el ministro de Agricultura brasileño, Roberto Rodrigues, ha anunciado que ha conseguido liberar 2.000 millones de reales (756 millones de euros) para financiar la campaña de la zafra 2005-2006. Rodrigues se ha 'peleado' con Palocci por conseguir recursos adicionales para esta cosecha porque, según explica, desde junio de este año se ha reducido la oferta de préstamos a tipo fijo y controlado (8,75% frente a unos tipos de interés del 18,5%) que se ofrece a los productores. Tras arduas negociaciones el ministro de Economía ha decidido liberar ese dinero a tipos preferenciales.

Aparte de las inversiones hay otro frente abierto que mantiene en tensión a una parte del Gabinete y que cabrea bastante a un sector de la población: la política monetaria del Banco Central (BC). Esta misma semana el Comité de Política Monetaria (Copom) del BC decidió por unanimidad reducir los tipos de interés de referencia en 0,5 puntos porcentuales hasta situarlos en el 18,5% anual. La decisión ha decepcionado a los empresarios que consideran que había margen de sobra para reducirlos al menos en un punto porcentual.

La Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (Fiesp) y la Confederación Nacional de Industria (CNI) coincidieron en sus críticas. Creen que el banco que dirige Meirelles es demasiado conservador y que existen las condiciones adecuadas para acelerar la reducción de los tipos de interés ya que los precios, la principal obsesión del BC, se encuentran bajo control. La meta de inflación para este año es del 5,1% mientras que el Índice de Precios al Consumidor Amplio (IPCA), el indicador que se utiliza como referencia para calcular el objetivo de precios, se situó en octubre (acumulado del año) en el 4,73%.

La apreciación del real. Uno de los factores que han contribuido al control de los precios ha sido la depreciación del dólar frente al real que ha abaratado la importación de materias primas. Sin embargo, esta evolución de la divisa brasileña también tiene otra consecuencia menos amable y que preocupa mucho a los empresarios: las exportaciones son cada vez menos competitivas.

Algunas fuentes próximas a la Administración explican que la apreciación del real ha afectado a las ventas al exterior pero sólo en el sentido de que en lugar de crecer un 50% anual lo hacen un 30%, incremento que es en cualquier caso considerable. Además, destacan que es precisamente el éxito de las exportaciones brasileñas las que están detrás de la apreciación del real puesto que generan una gran entrada de dólares al país que los inversores utilizan para comprar reales atraídos por la enorme rentabilidad que ofrecen (ahora un poco menos, el 18,5% anual).

Pero estos argumentos no tranquilizan a los exportadores ni a los consumidores, que en el tercer trimestre del año han puesto freno al crecimiento de sus gastos lo que ha provocado una reducción del crédito al consumo del 7%. Y tampoco a buena parte del Gabinete de Lula. Esta semana, el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Luiz Fernando Furlan, ha advertido que, a pesar de que las exportaciones siguen creciendo, hay muchas empresas que no están en condiciones de soportar el actual tipo de cambio por mucho tiempo y ha pedido que se tomen medidas para controlar mejor la moneda puesto que Brasil (al contrario de países como Argentina) no tiene una meta fijada sobre el valor del real. Entre las cosas que podrían hacerse cita la posibilidad de reducir los tipos de interés de forma más agresiva o la reforma de la legislación cambiaria del país que, a su juicio, fue concebida para un periodo de escasez de divisas.

Palocci se justifica. Ante esta situación, Palocci ha tenido de nuevo que salir en defensa de la política económica y monetaria, y también de nuevo, Lula ha tenido que mostrar en público su total apoyo a Palocci para evitar los rumores sobre su dimisión. Especulaciones que en está ocasión han ido acompañadas incluso del nombre de su posible sustituto, el senador Aloízo Mercadante, actual portavoz del Gobierno en la Cámara alta.

Esta vez el ministro de Economía ha hablado en el Congreso. Allí ha insistido en otra versión sobre el motivo de que la tasa selic esté en Brasil tan alta. Palocci asegura que es el peso de la deuda la que obliga a mantener esos tipos de interés porque genera zozobra en los mercados internacionales, motivo por el cual los inversores solicitan una elevada prima de riesgo por comprar títulos brasileños.

Parece que la situación se complica para el Gobierno de Lula, y para Palocci, su hombre fuerte. Pero, de momento, no hay nada perdido. Para las elecciones queda mucho (octubre 2006) y aunque la popularidad del presidente brasileño esté en retroceso todavía sigue siendo más elevada que la de las Administraciones de muchos países latinoamericanos. Además, Wall Street sigue apoyando a Lula. En esta semana de sobresaltos el índice bursátil Ibovespa se ha revalorizado un 2,5% y el real se apreciaba al cierre de esta edición ligeramente frente al dólar.


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