| La
crisis política que golpea al Gobierno brasileño está
desgastando a Lula. Su popularidad cayó en octubre hasta
el 46,7% desde el 50% de un mes antes. Algunos miembros de su Gabinete
creen que el presidente podría ganar parte de la credibilidad
perdida si se revitalizan las inversiones y se exhiben buenos datos
de crecimiento. Pero hay un problema. El ministro de Economía,
Antonio Palocci, fiel guardián del ahorro, es reticente a
sacrificar superávit primario. El dilema ha provocado un
enfrentamiento en el seno del Ejecutivo que ha generado un sinfín
de rumores sobre la posible dimisión de Palocci, especulaciones
que mantienen a los inversores en tensión desde hace más
de 15 días.
Según la
última encuesta divulgada por la consultora Sensus, la popularidad
de Lula se encuentra en mínimos, el peor resultado desde
que el mandatario accedió al poder hace ya casi tres años.
También ha sufrido un varapalo la credibilidad general
del Gobierno brasileño. Sólo el 31,1% confía
en la actual Administración frente al 35,8% de septiembre.
Tras estas cifras se esconden no sólo los casos de corrupción
sino también el temor a que la economía comience a
resentirse y, sobre todo, la sensación de que el Gobierno
está paralizado.
Esto es lo que más rabia da a algunos
miembros del Gabinete de Lula comandados por la ministra de la Presidencia,
Dilma Rousseff. La culpa de esta paralización, según
este grupo de ministros, la tiene Palocci y su obsesión por
el ahorro.
El superávit primario. Brasil tiene en
estos momentos un superávit primario (ingresos menos gastos
excluidos los pagos de intereses de la deuda) del 6% del PIB, lo
que supone un ahorro de unos 35.000 millones de dólares (29.853
millones de euros), dinero que se mantiene inmovilizado porque el
equipo económico del Gobierno liderado por Palocci aspira
a mantener ese porcentaje e incluso incrementarlo hasta el 8%.
El ministro de Economía es consciente
de que el superávit primario es uno de los indicadores que
muestran la capacidad del país para cumplir con sus obligaciones
financieras, unas cargas que son actualmente muy abultadas a pesar
de los esfuerzos del Gobierno por reducirlas. En estos momentos,
la deuda pública del país es de unos 900.000 millones
de reales (339.195 millones de euros), lo que representa el 55%
del PIB.
En general, todos los miembros de la Administración
consideran necesario guardar con celo ese superávit. Pero
sin pasarse. Rousseff considera que con mantener la actual política
fiscal (el objetivo para este año es del 4,25% del PIB) es
suficiente y no es necesario un esfuerzo adicional. En definitiva,
la ministra quiere que se incrementen los recursos que el Gobierno
destina a inversiones, capitales que Palocci quiere destinar a engordar
la partida del ahorro.
Inversiones paralizadas. Algunas
fuentes próximas al Gobierno aseguran que esta paralización
es la consecuencia del hecho de que el Ministerio de Planificación
está supeditado al de Hacienda y a la propia actitud del
ministro de Planificación, Paulo Bernardo, quien desde que
accedió al cargo ha optado por satisfacer los deseos de Palocci
y no pelear por conseguir de su colega de Hacienda los recursos
necesarios para llevar a cabo los proyectos encargados por Lula.
De hecho estas fuentes creen que de alguna manera se está
engañando al presidente porque él encarga proyectos
que luego no se materializan por falta de fondos.
Esta discusión tiene un trasfondo muy
claro: las elecciones de 2006. Los ministros que consideran que
no son necesarios mayores esfuerzos fiscales creen que sin inversiones
será muy difícil que Lula recupere la popularidad
perdida, mientras que la economía comienza a perder en apariencia
impulso (la producción industrial de septiembre se redujo
un 2%) y la oposición aprovecha la circunstancia para denunciar
que la Administración está bloqueada por los casos
de corrupción.
De hecho esta presión ya ha comenzado
a pesar en las decisiones del Gobierno brasileño a pesar
de la contundencia con la que Palocci defiende su política
austera. Lula ha sancionado esta semana la Medida Provisional 255,
conocida como "MP de Bienes" por la que el Ejecutivo concede
incentivos fiscales al sector productivo, unas ayudas que este año
supondrán un coste tributario para las arcas del Estado de
1.500 millones de reales (572 millones de euros) y en 2006 de 3.300
millones (1.260 millones de euros).
Liberalización de recursos.
Pero, además, también esta semana el ministro
de Agricultura brasileño, Roberto Rodrigues, ha anunciado
que ha conseguido liberar 2.000 millones de reales (756 millones
de euros) para financiar la campaña de la zafra 2005-2006.
Rodrigues se ha 'peleado' con Palocci por conseguir recursos adicionales
para esta cosecha porque, según explica, desde junio de este
año se ha reducido la oferta de préstamos a tipo fijo
y controlado (8,75% frente a unos tipos de interés del 18,5%)
que se ofrece a los productores. Tras arduas negociaciones el ministro
de Economía ha decidido liberar ese dinero a tipos preferenciales.
Aparte de las inversiones hay otro frente abierto
que mantiene en tensión a una parte del Gabinete y que cabrea
bastante a un sector de la población: la política
monetaria del Banco Central (BC). Esta misma semana el Comité
de Política Monetaria (Copom) del BC decidió por unanimidad
reducir los tipos de interés de referencia en 0,5 puntos
porcentuales hasta situarlos en el 18,5% anual. La decisión
ha decepcionado a los empresarios que consideran que había
margen de sobra para reducirlos al menos en un punto porcentual.
La Federación de Industrias del Estado
de Sao Paulo (Fiesp) y la Confederación Nacional de Industria
(CNI) coincidieron en sus críticas. Creen que el banco que
dirige Meirelles es demasiado conservador y que existen las condiciones
adecuadas para acelerar la reducción de los tipos de interés
ya que los precios, la principal obsesión del BC, se encuentran
bajo control. La meta de inflación para este año es
del 5,1% mientras que el Índice de Precios al Consumidor
Amplio (IPCA), el indicador que se utiliza como referencia para
calcular el objetivo de precios, se situó en octubre (acumulado
del año) en el 4,73%.
La apreciación del real. Uno
de los factores que han contribuido al control de los precios ha
sido la depreciación del dólar frente al real que
ha abaratado la importación de materias primas. Sin embargo,
esta evolución de la divisa brasileña también
tiene otra consecuencia menos amable y que preocupa mucho a los
empresarios: las exportaciones son cada vez menos competitivas.
Algunas fuentes próximas a la Administración
explican que la apreciación del real ha afectado a las ventas
al exterior pero sólo en el sentido de que en lugar de crecer
un 50% anual lo hacen un 30%, incremento que es en cualquier caso
considerable. Además, destacan que es precisamente el éxito
de las exportaciones brasileñas las que están detrás
de la apreciación del real puesto que generan una gran entrada
de dólares al país que los inversores utilizan para
comprar reales atraídos por la enorme rentabilidad que ofrecen
(ahora un poco menos, el 18,5% anual).
Pero estos argumentos no tranquilizan a los
exportadores ni a los consumidores, que en el tercer trimestre del
año han puesto freno al crecimiento de sus gastos lo que
ha provocado una reducción del crédito al consumo
del 7%. Y tampoco a buena parte del Gabinete de Lula. Esta semana,
el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Luiz Fernando
Furlan, ha advertido que, a pesar de que las exportaciones siguen
creciendo, hay muchas empresas que no están en condiciones
de soportar el actual tipo de cambio por mucho tiempo y ha pedido
que se tomen medidas para controlar mejor la moneda puesto que Brasil
(al contrario de países como Argentina) no tiene una meta
fijada sobre el valor del real. Entre las cosas que podrían
hacerse cita la posibilidad de reducir los tipos de interés
de forma más agresiva o la reforma de la legislación
cambiaria del país que, a su juicio, fue concebida para un
periodo de escasez de divisas.
Palocci se justifica. Ante
esta situación, Palocci ha tenido de nuevo que salir en defensa
de la política económica y monetaria, y también
de nuevo, Lula ha tenido que mostrar en público su total
apoyo a Palocci para evitar los rumores sobre su dimisión.
Especulaciones que en está ocasión han ido acompañadas
incluso del nombre de su posible sustituto, el senador Aloízo
Mercadante, actual portavoz del Gobierno en la Cámara alta.
Esta vez el ministro de Economía ha
hablado en el Congreso. Allí ha insistido en otra versión
sobre el motivo de que la tasa selic esté en Brasil tan alta.
Palocci asegura que es el peso de la deuda la que obliga a mantener
esos tipos de interés porque genera zozobra en los mercados
internacionales, motivo por el cual los inversores solicitan una
elevada prima de riesgo por comprar títulos brasileños.
Parece que la situación se complica
para el Gobierno de Lula, y para Palocci, su hombre fuerte. Pero,
de momento, no hay nada perdido. Para las elecciones queda mucho
(octubre 2006) y aunque la popularidad del presidente brasileño
esté en retroceso todavía sigue siendo más
elevada que la de las Administraciones de muchos países latinoamericanos.
Además, Wall Street sigue apoyando a Lula. En esta semana
de sobresaltos el índice bursátil Ibovespa se ha revalorizado
un 2,5% y el real se apreciaba al cierre de esta edición
ligeramente frente al dólar.
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