| El magnate australiano
de la comunicación Rupert Murdoch acaba de declarar su victoria
en la guerra de precios de la prensa impresa internacional. Su competencia,
simplemente, no tiene ni espacio, ni posibilidades para seguir bajando
los precios de los periódicos que edita.
En una larga e interesante entrevista concedida
a la publicación especializada en medios de comunicación
Media Press Gazette, el magnate australiano asegura sin vacilar
que sus medios escritos diarios, los pertenecientes a Newscorp,
el grupo empresarial de Murdoch, cuyas principales cabeceras son
The Sun, News of the World y el New York Post, han llevado tan lejos
las rebajas que han bloqueado esa opción al resto.
Murdoch no tiene dudas, y afirma textualmente:
“No creo que los otros puedan permitirse más bajadas
de precios. No, por lo menos, si piensan sobrevivir a largo plazo”.
Además, también se opone a la
fiebre de los regalos que cree remitirá muy pronto. En su
opinión, la locura de los cds, los dvd, las enciclopedias
o los fascículos que se regalan, o venden a precios rebajados,
con los periódicos tiene que detenerse. Simplemente porque
está contribuyendo a depreciar el valor de la información
que aparece en el periódico. “La gente, yo mismo, agarra
el dvd y tira el periódico a la papelera”, dice y explica
que, a la larga está locura acabará por afectar a
todos.
El cree que una cabecera, por prestigiosa
que sea, no puede depender de su influencia en la vida política.
Necesita lectores y los lectores sólo se consiguen haciendo
buen periodismo.
Claro que la idea de “buen periodismo”
que tiene Murdoch no necesariamente coincide con la de muchos otros
participantes del sector. Aunque eso sí, hasta los más
críticos tienen que reconocer que este hombre sabe algo sobre
cómo se pueden vender las noticias.
Para él, hay un exceso de sobre escritura y virtuosismo pseudoliterario
que aleja a la gente más joven de la prensa impresa y, aunque
el asunto podría solucionarse, no considera que se esté
haciendo.
Desde un punto de vista puramente empresarial,
el primer problema es que existen fuentes recurrentes de ingresos
para la prensa impresa, como los anuncios por palabras, que se están
secando y no tienen una regeneración fácil.
Ante los redactores de la Media Press Gazette,
soluciona el asunto con una pregunta retórica: “¿han
visto ustedes a alguna persona menor de treinta años que
los consulte?”. Su respuesta es no.
Y esta simple, o no tanto, conclusión,
es la que le ha llevado a iniciar una estrategia bien meditada de
compras en Internet. “No se trata de pánico por la
caída de nuestros periódicos. Nuestros periódicos
son los que mejor se han adaptado a los nuevos tiempos y no van
a caer”, afirma.
El compra portales especializados y concentrados
en esta banda de edad concreta porque cree que la industria de los
medios de comunicación necesita crecer en la Red para captar
a un público que se está fugando de los quioscos y,
si es posible, devolver al menos a una parte del público
reclutado a la vieja prensa impresa. El indiscutible origen del
negocio de la venta de información.
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