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Las petroleras internacionales que operan
en Bolivia han puesto en marcha la estrategia del pacto para salvar
sus intereses. Estas compañías aseguran que están
dispuestas a adaptar sus contratos a la nueva Ley de Hidrocarburos,
pero prefieren negociar esta cuestión después de las
elecciones presidenciales del 18 de diciembre y de la Asamblea Constituyente
prevista para marzo de 2006. Para conseguirlo, han hecho una oferta
al Gobierno.
Estas compañías han enviado cartas
al Ejecutivo en las que proponen un trato: si se amplía el
plazo para las hacer valer los tratados de protección de
inversiones que el Estado Boliviano mantiene con sus países
de procedencia. Mientras tanto, el presidente Eduardo Rodríguez
acaba de aceptar la dimisión de su ministro de Hidrocarburos,
Jaime Dunn.
El plazo que contempla la Ley de Hidrocarburos,
ratificada el pasado mes de mayo, para el cambio de los contratos
ha concluido. Terminó la semana pasada sin que los convenios
hayan sufrido modificaciones. Los esfuerzos del equipo de Rodríguez
no han surtido efecto. El mandatario ha asegurado que el Ejecutivo
no es el responsable del fracaso, sino la propia ley petrolera,
que no contempla sanciones. Algo, que según el propio Rodríguez
deja Gobierno sin capacidad de acción.
Para solucionar este enredo, el presidente
boliviano ha instado a los parlamantarios a introducir una nueva
cláusula a esta Ley que permita penalizar a aquellas compañías
que se muestren reticentes a formalizar los nuevos convenios en
el próximo plazo que se determine.
El mandatario no ha convencido con estas explicaciones, ni con su
sugerencia, a los diputados del Movimiento Al Socialismo (MAS).
Los miembros del partido que lidera Evo Morales, el candidato que
encabeza las encuestas para las elecciones, están molestos.
Creen que el plazo de 180 días previsto en la Ley, era más
que suficiente para haber zanjado esta cuestión y acusan
a Rodríguez de irresponsable. Además, han presentado
un proyecto de Ley para anular los contratos petroleros.
Ahora, el Congreso del país evalúa
un informe que ha elaborado el Ejecutivo sobre las reuniones que
ha mantendio con las empresas en los últimos tres meses.
Debe decidir qué hacer. Hay varias opciones: volver a las
negociaciones, modificar la Ley de Hidrocarburos para dotar al Ejecutivo
de una herramienta de presión o anular los contratos.
Todas las posibilidades tropiezan con la proximidad de la cita electoral.
Las elecciones se celebrarán en menos de un mes y los expertos
están seguros de que Rodríguez dejará pendiente
la solución a este problema. La situación es complicada
y parece que desborda al Gobierno.
Hoy viernes, el presidente ha anunciado que
acepta la dimisión del ministro de Hidrocarburos, Jaime Dunn,
que el pasado 19 de octubre expresó su deseo de abandonar
la cartera. Aunque la Presidencia ha explicado que esta renuncia
responde a motivos personales, la salida del responsable del sector
petrolero aviva la tensión en este conflicto. Desaparece
uno de los principales interlocutores con las empresas internacionales.
Las petroleras son conscientes de esta situación.
Quieren estar seguras de que no tendrán que sentarse a una
mesa de negociaciones hasta que un nuevo Gobierno haya tomado posesión
y tenga una idea clara de lo que quiere hacer. Confían en
que no sea necesario recurrir a los tribunales. Una opción
que estas compañías barajan desde hace meses. A cambio,
quieren que la fecha para entablar de nuevo el diálogo sea
en julio de 2006.
Algunos analistas del sector petrolero han
explicado a Americaeconomica.com que la oferta de estas
empresas es adecuada, puesto que éste no es el momento oportuno
para cambiar los contratos petroleros. Además de las elecciones,
los expertos han puntualizado que el próximo mes de marzo
Bolivia celebrará una Asamblea Constituyente. Estos dos acontecimientos
políticos son decisivos para el futuro petrolero en el país.
En ellos se definirá qué relación va a establecer
el Estado con las empresas privadas que operan en Bolivia.
Las petroleras internacionales temen que Evo
Morales gane las elecciones. Si esta previsión se confirma,
el sector petrolero se podría revolucionar. El líder
cocalero siempre ha defendido la nacionalización de los hidrocarburos
y esta cuestión se mantiene en su programa electoral. Aunque
hace unos días, el candidato del MAS lanzó un mensaje
tranquilizador: ha asegurado que no habrá expropiaciones.
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