Viernes 25 de noviembre de 2005
 
Los empresarios argentinos recelan de los acuerdos firmados entre ambos mandatarios
 
Kirchner utiliza a Chávez para plantar cara a Washington
Gema Velasco
 

El presidente argentino Néstor Kirchner está molesto con Washington. La reciente Cumbre de Mar del Plata evidenció el enfriamiento de las relaciones entre el país austral y EEUU, una tensión que es fruto fundamentalmente del escaso apoyo que recibió Kirchner de su homólogo George Bush respecto a las futuras negociaciones con el FMI. Kirchner se ha vengado de esta actitud protagonizando una sonora visita a Venezuela cuando todavía los coletazos de la Cumbre 'calentaban' las páginas de los medios de comunicación. Algunos observadores consultados por Americaeconomica.com creen que el viaje tuvo un contenido más político que económico, mientras que los empresarios dudan de que los acuerdos "faraónicos" firmados lleguen finalmente a concretarse.

Según algunos expertos políticos, la actitud del presidente estadounidense, las críticas a Bush de algunos de los mandatarios latinoamericanos invitados, la mayoría de ellas realizadas en privado, y el tono con el que la prensa argentina y la extranjera resaltó durante la Cumbre los problemas para consensuar una declaración común animó a Kirchner a "dar rienda suelta a su personalidad desafiante y un tanto vanidosa y viajar a Caracas".

Los observadores destacan que en esta visita, aunque estuviera programada con antelación, hay que tener en cuenta el momento: apenas terminada la Cumbre. Y las circunstancias: en medio de las crecientes provocaciones de Chávez a EEUU, algo que en su caso no hizo en privado, y a los aliados de Bush, como el presidente mexicano, Vicente Fox, a quien llamó "cachorro del imperio".

En este contexto, Kirchner, acompañado de una amplia delegación oficial a la que se sumaron varios empresarios argentinos, viajó a la ciudad venezolana de Puerto Ordaz para celebrar una Cumbre entre ambos mandatarios. El encuentro fue muy fructífero, al menos sobre el papel.

Compromisos que generan recelos. Entre otras cosas, en el convenio firmado se incluye el compromiso de Venezuela de enviar a Argentina cinco millones de barriles anuales de gasoil que representan 800.000 metros cúbicos, un tercio de los 2,4 millones que consumen los productores agrarios australes al año. Y también aparece el compromiso de construir un gasoducto que una ambos países y que requerirá unas inversiones de aproximadamente 4.000 millones de dólares (3.393 millones de euros).

Sin embargo, las promesas no convencen del todo a los empresarios argentinos. Fuentes empresariales del país reconocen a Americaeconomica.com, que cada vez recelan más de estos anuncios grandilocuentes. Todavía están esperando las macroinversiones prometidas por China.

Fue precisamente hace ahora algo más de un año, el pasado 17 de noviembre, cuando Néstor Kirchner decidió desvelar el contenido de un gran acuerdo con China después de semanas de anuncios misteriosos sobre pactos históricos y vitales para Argentina que fueron desmentidos y vueltos a reiterar de nuevo día sí y día no.

Finalmente, se conoció el secreto. El gigante asiático se comprometió a invertir en el país austral 20.000 millones de dólares (16.924 millones de euros), inversiones que se distribuirían a lo largo de los próximos 10 años y que tenían como destinos una multitud de áreas: al transporte, 8.000 millones de dólares (6.769 millones de euros), a construcción de viviendas y otras infraestructuras, 6.000 millones (5.077 millones de euros), al desarrollo de la exploración de gas y petróleo otros 5.000 millones (4.231 millones de euros) y a telecomunicaciones y tecnología espacial 710 millones de dólares (600 millones de euros).

¿Dónde están las inversiones chinas? Los empresarios argentinos todavía están esperando que se concrete alguno de esos anuncios. Por este motivo, según reconocen estas fuentes, "los macro acuerdos del Gobierno de Kirchner son mirados cada vez más con cierto descreimiento".

El analista político argentino y catedrático de la Universidad de Buenos Aires Roberto Starke coincide con esta visión y explica que aunque el impacto de los anuncios es importante, "la realización de los mismos, especialmente en el marco energético, contiene algunas características faraónicas que los convierten en verdaderas quimeras".

De hecho, a las pocas horas del regreso de la delegación argentina, el ministro de Planificación, Julio De Vido, uno de los gestores e impulsores del viaje, se ocupó de relativizar la construcción del famoso gasoducto que uniría Argentina y Venezuela al destacar, según cuenta Starke, que lo primero que se analizará es su factibilidad técnica y económica. A este analista político le llamó la atención sobre todo esta sugerente frase de De Vido: "Vamos a impulsarlo (el gasoducto) políticamente con toda la fuerza para que se construya".

Sin embargo, otras fuentes sí que reconocen que, a pesar de los recelos que generan en general estos macro anuncios, hay sectores muy satisfechos con los acuerdos. Entre ellos, los agricultores argentinos que están "agradecidísimos" porque se les garantiza la provisión de combustibles y las empresas con intereses en Venezuela, como por ejemplo Techint (compañía que acaba de solucionar un conflicto con el Gobierno de Chávez por el precio del hierro), que "aplauden de pie".

Una estrategia electoral. La alegría de las firmas australes que operan en Venezuela se debe a que el Gobierno de Chávez ha anunciado que las empresas de capital argentino podrán participar en las obras de infraestructura que planea ejecutar la Administración venezolana. Una estrategia que también ofrece ventajas a Kirchner porque supone la implicación de las grandes compañías argentinas en una alianza entre Venezuela y Argentina que está muy bien vista entre los ciudadanos del país austral.

De hecho, algunos observadores reconocen que el acercamiento de Chávez a Kirchner, "aunque puede tener algo de arrebato presidencial cuyas consecuencias no se midieron, en realidad lo que le ofrece a Kirchner es un importante rédito político interno porque su público aprecia positivamente estas demostraciones de fuerza, autonomía e independencia frente a poderes hegemónicos internacionales".

Estas fuentes explican que Kirchner siempre ha privilegiado la política doméstica por encima de la exterior lo que ha rentabilizado electoralmente. No obstante, el presidente argentino, aunque lo parezca, no descuida sus relaciones internacionales, ni siquiera con EEUU, y mientras, como es habitual en él, desafía a Washington con sus discursos y sus actos, en la trastienda negocia lo que haga falta.

El encargado de manejar estas relaciones es su ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien ya ha comenzado a buscar un acuerdo con el FMI que permita al país reestructurar sus deudas con el organismo. La situación es compleja porque, aunque parece que hay buena disposición, el Fondo que dirige el español Rodrigo Rato sigue insistiendo en imponer una meta de superávit primario superior a la que el Gobierno argentino considera suficiente (4,25% del PIB) y está presionando para que se apruebe una nueva ley de coparticipación federal que obligaría a una negociación entre la Nación y las provincias, algo que según Starke, "es difícil que se consiga, por no decir imposible".

La cintura de Kirchner. La cintura de Kirchner le permite bandear la necesidad de mantener una relación más o menos cordial con EEUU y la de acercarse a países como Venezuela que le dan popularidad tanto dentro como fuera del país. Lazos éstos últimos que, además, le permiten ser uno de los protagonistas de los procesos de integración latinoamericanos que impulsa Chávez sustituyendo el liderazgo de Lula que de forma periódica se descuelga de estos planes para acercarse a Bush. En estos momentos, el presidente brasileño está en una posición incómoda. En plena crisis política, Lula está haciendo equilibrios en su política exterior para compaginar su militancia en el eje formado entre Buenos Aires, Caracas y La Habana y su necesidad de llevarse bien con Wall Street y Washington.

Y mientras tanto, estos procesos de integración que Chávez lidera con su Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) avanzan. Durante la Cumbre entre Argentina y Venezuela celebrada esta semana se ha hablado de la necesidad de crear un Fondo Financiero Latinoamericano, un nuevo instrumento que Kirchner y Chávez consideran imprescindible para cimentar la integración de los países del Sur.

Este nuevo fondo forma parte de un convenio más amplio firmado entre Kirchner y Chávez para acelerar el ingreso de Venezuela en el Mercosur, una adhesión que reforzará el papel de liderazgo del mandatario venezolano en los procesos de integración. En un principio, en diciembre el país andino pasaría a ser un miembro político y en 2006 económico.

Avances en la integración regional. Pero también todos estos compromisos tienen sus pegas. A pesar del entusiasmo con que Chávez habla de su próximo ingreso al bloque comercial que forman Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, algunos sectores venezolanos, como el de los ganaderos, han comenzado a preocuparse por las repercusiones económicas que podrían derivarse de la adhesión de Venezuela al Mercosur y en los próximos meses se espera que las diferentes patronales venezolanas comiencen a presionar al Gobierno para conseguir garantías de que este ingreso no supondrá un perjuicio para las empresas del país. Tampoco hay que olvidar que Venezuela ya pertenece a un bloque comercial, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y que algunos de sus miembros ya se han encargado de advertir a Chávez que tiene adquiridos compromisos con la CAN que debe cumplir.

Además, la creación del nuevo Fondo de Financiación Latinoamericano podría despertar recelos entre los organismos multilaterales encargados de otorgar financiación para el desarrollo y la integración como el FMI, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o la Comunidad Andina de Fomento (CAF). Kirchner ya ha aclarado, por si acaso, que el objetivo no es sustituir a estas organizaciones.

Otro de los compromisos asumidos por Chávez durante su encuentro con Kirchner ha sido el de la compra de bonos argentinos. El monto y la fecha de adquisición, como es habitual, no ha sido desvelada, aunque se habla de unos 300 millones de dólares (254 millones de euros). Este anuncio coincide con una polémica que ha aparecido en la prensa venezolana sobre los títulos australes. Al parecer el Bandes (entidad compra los bonos en nombre del Gobierno de Venezuela) ha vendido ya 200 millones de dólares (169 millones de euros) de los 950 millones adquiridos (806 millones de euros) entre varios bancos locales, en una operación que, según denuncian algunos medios, se ha realizado de forma poco transparente.

Un alivio financiero. El dinero que le aporta Chávez a Argentina no es demasiado pero servirá para aligerar las cargas financieras a las que tiene que hacer frente el Gobierno austral ante la demora de la firma de un acuerdo con el FMI. Esta misma semana ha desembolsado al organismo 135,5 millones de dólares (115,5 millones de euros), un pago que es obligatorio. Y antes de que acabe el año tendrá que pagar otros 460 millones de dólares (392 millones de euros) de forma impostergable.

En 2006, la situación se complica aún más. Argentina debe pagar obligatoriamente 1.568 millones (1.337 millones de euros) -la misma cantidad que habrá desembolsado a finales de 2005- y otros 3.000 millones de dólares (2.558 millones de euros) que pueden ser prorrogables un año más si Argentina realiza una petición al FMI.

Kirchner deberá emplearse a fondo para seguir negociando con el organismo que dirige Rodrigo Rato mientras firma acuerdos con Venezuela que desafían a Washington y contenta a sus electores. Parece difícil pero como asegura un observador político, "el mandatario argentino ha demostrado una notable destreza para utilizar estrategias que le permitan compensar sus raptos adolescentes con su supervivencia política".

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