| El presidente
argentino Néstor Kirchner está molesto con Washington.
La reciente Cumbre de Mar del Plata evidenció el enfriamiento
de las relaciones entre el país austral y EEUU, una tensión
que es fruto fundamentalmente del escaso apoyo que recibió
Kirchner de su homólogo George Bush respecto a las futuras
negociaciones con el FMI. Kirchner se ha vengado de esta actitud
protagonizando una sonora visita a Venezuela cuando todavía
los coletazos de la Cumbre 'calentaban' las páginas de los
medios de comunicación. Algunos observadores consultados
por Americaeconomica.com creen que el viaje tuvo un contenido
más político que económico, mientras que los
empresarios dudan de que los acuerdos "faraónicos"
firmados lleguen finalmente a concretarse.
Según algunos expertos políticos,
la actitud del presidente estadounidense, las críticas a
Bush de algunos de los mandatarios latinoamericanos invitados, la
mayoría de ellas realizadas en privado, y el tono con el
que la prensa argentina y la extranjera resaltó durante la
Cumbre los problemas para consensuar una declaración común
animó a Kirchner a "dar rienda suelta a su personalidad
desafiante y un tanto vanidosa y viajar a Caracas".
Los observadores destacan que en esta visita,
aunque estuviera programada con antelación, hay que tener
en cuenta el momento: apenas terminada la Cumbre. Y las circunstancias:
en medio de las crecientes provocaciones de Chávez a EEUU,
algo que en su caso no hizo en privado, y a los aliados de Bush,
como el presidente mexicano, Vicente Fox, a quien llamó "cachorro
del imperio".
En este contexto, Kirchner, acompañado
de una amplia delegación oficial a la que se sumaron varios
empresarios argentinos, viajó a la ciudad venezolana de Puerto
Ordaz para celebrar una Cumbre entre ambos mandatarios. El encuentro
fue muy fructífero, al menos sobre el papel.
Compromisos que generan recelos. Entre
otras cosas, en el convenio firmado se incluye el compromiso de
Venezuela de enviar a Argentina cinco millones de barriles anuales
de gasoil que representan 800.000 metros cúbicos, un tercio
de los 2,4 millones que consumen los productores agrarios australes
al año. Y también aparece el compromiso de construir
un gasoducto que una ambos países y que requerirá
unas inversiones de aproximadamente 4.000 millones de dólares
(3.393 millones de euros).
Sin embargo, las promesas no convencen del
todo a los empresarios argentinos. Fuentes empresariales del país
reconocen a Americaeconomica.com, que cada vez recelan
más de estos anuncios grandilocuentes. Todavía están
esperando las macroinversiones prometidas por China.
Fue precisamente hace ahora algo más
de un año, el pasado 17 de noviembre, cuando Néstor
Kirchner decidió desvelar el contenido de un gran acuerdo
con China después de semanas de anuncios misteriosos sobre
pactos históricos y vitales para Argentina que fueron desmentidos
y vueltos a reiterar de nuevo día sí y día
no.
Finalmente, se conoció el secreto. El
gigante asiático se comprometió a invertir en el país
austral 20.000 millones de dólares (16.924 millones de euros),
inversiones que se distribuirían a lo largo de los próximos
10 años y que tenían como destinos una multitud de
áreas: al transporte, 8.000 millones de dólares (6.769
millones de euros), a construcción de viviendas y otras infraestructuras,
6.000 millones (5.077 millones de euros), al desarrollo de la exploración
de gas y petróleo otros 5.000 millones (4.231 millones de
euros) y a telecomunicaciones y tecnología espacial 710 millones
de dólares (600 millones de euros).
¿Dónde están las
inversiones chinas? Los empresarios argentinos todavía
están esperando que se concrete alguno de esos anuncios.
Por este motivo, según reconocen estas fuentes, "los
macro acuerdos del Gobierno de Kirchner son mirados cada vez más
con cierto descreimiento".
El analista político argentino y catedrático
de la Universidad de Buenos Aires Roberto Starke coincide con esta
visión y explica que aunque el impacto de los anuncios es
importante, "la realización de los mismos, especialmente
en el marco energético, contiene algunas características
faraónicas que los convierten en verdaderas quimeras".
De hecho, a las pocas horas del regreso de
la delegación argentina, el ministro de Planificación,
Julio De Vido, uno de los gestores e impulsores del viaje, se ocupó
de relativizar la construcción del famoso gasoducto que uniría
Argentina y Venezuela al destacar, según cuenta Starke, que
lo primero que se analizará es su factibilidad técnica
y económica. A este analista político le llamó
la atención sobre todo esta sugerente frase de De Vido: "Vamos
a impulsarlo (el gasoducto) políticamente con toda la fuerza
para que se construya".
Sin embargo, otras fuentes sí que reconocen
que, a pesar de los recelos que generan en general estos macro anuncios,
hay sectores muy satisfechos con los acuerdos. Entre ellos, los
agricultores argentinos que están "agradecidísimos"
porque se les garantiza la provisión de combustibles y las
empresas con intereses en Venezuela, como por ejemplo Techint (compañía
que acaba de solucionar un conflicto con el Gobierno de Chávez
por el precio del hierro), que "aplauden de pie".
Una estrategia electoral. La
alegría de las firmas australes que operan en Venezuela se
debe a que el Gobierno de Chávez ha anunciado que las empresas
de capital argentino podrán participar en las obras de infraestructura
que planea ejecutar la Administración venezolana. Una estrategia
que también ofrece ventajas a Kirchner porque supone la implicación
de las grandes compañías argentinas en una alianza
entre Venezuela y Argentina que está muy bien vista entre
los ciudadanos del país austral.
De hecho, algunos observadores reconocen que
el acercamiento de Chávez a Kirchner, "aunque puede
tener algo de arrebato presidencial cuyas consecuencias no se midieron,
en realidad lo que le ofrece a Kirchner es un importante rédito
político interno porque su público aprecia positivamente
estas demostraciones de fuerza, autonomía e independencia
frente a poderes hegemónicos internacionales".
Estas fuentes explican que Kirchner siempre
ha privilegiado la política doméstica por encima de
la exterior lo que ha rentabilizado electoralmente. No obstante,
el presidente argentino, aunque lo parezca, no descuida sus relaciones
internacionales, ni siquiera con EEUU, y mientras, como es habitual
en él, desafía a Washington con sus discursos y sus
actos, en la trastienda negocia lo que haga falta.
El encargado de manejar estas relaciones es
su ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien ya ha comenzado
a buscar un acuerdo con el FMI que permita al país reestructurar
sus deudas con el organismo. La situación es compleja porque,
aunque parece que hay buena disposición, el Fondo que dirige
el español Rodrigo Rato sigue insistiendo en imponer una
meta de superávit primario superior a la que el Gobierno
argentino considera suficiente (4,25% del PIB) y está presionando
para que se apruebe una nueva ley de coparticipación federal
que obligaría a una negociación entre la Nación
y las provincias, algo que según Starke, "es difícil
que se consiga, por no decir imposible".
La cintura de Kirchner. La
cintura de Kirchner le permite bandear la necesidad de mantener
una relación más o menos cordial con EEUU y la de
acercarse a países como Venezuela que le dan popularidad
tanto dentro como fuera del país. Lazos éstos últimos
que, además, le permiten ser uno de los protagonistas de
los procesos de integración latinoamericanos que impulsa
Chávez sustituyendo el liderazgo de Lula que de forma periódica
se descuelga de estos planes para acercarse a Bush. En estos momentos,
el presidente brasileño está en una posición
incómoda. En plena crisis política, Lula está
haciendo equilibrios en su política exterior para compaginar
su militancia en el eje formado entre Buenos Aires, Caracas y La
Habana y su necesidad de llevarse bien con Wall Street y Washington.
Y mientras tanto, estos procesos de integración
que Chávez lidera con su Alternativa Bolivariana para las
Américas (ALBA) avanzan. Durante la Cumbre entre Argentina
y Venezuela celebrada esta semana se ha hablado de la necesidad
de crear un Fondo Financiero Latinoamericano,
un nuevo instrumento que Kirchner y Chávez consideran imprescindible
para cimentar la integración de los países del Sur.
Este nuevo fondo forma parte de un convenio
más amplio firmado entre Kirchner y Chávez para acelerar
el ingreso de Venezuela en el Mercosur, una adhesión que
reforzará el papel de liderazgo del mandatario venezolano
en los procesos de integración. En un principio, en diciembre
el país andino pasaría a ser un miembro político
y en 2006 económico.
Avances en la integración regional.
Pero también todos estos compromisos tienen sus
pegas. A pesar del entusiasmo con que Chávez habla de su
próximo ingreso al bloque comercial que forman Argentina,
Brasil, Uruguay y Paraguay, algunos sectores venezolanos, como el
de los ganaderos, han comenzado a preocuparse por las repercusiones
económicas que podrían derivarse de la adhesión
de Venezuela al Mercosur y en los próximos meses se espera
que las diferentes patronales venezolanas comiencen a presionar
al Gobierno para conseguir garantías de que este ingreso
no supondrá un perjuicio para las empresas del país.
Tampoco hay que olvidar que Venezuela ya pertenece a un bloque comercial,
la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y que algunos de sus miembros
ya se han encargado de advertir a Chávez que tiene adquiridos
compromisos con la CAN que debe cumplir.
Además, la creación del nuevo
Fondo de Financiación Latinoamericano podría despertar
recelos entre los organismos multilaterales encargados de otorgar
financiación para el desarrollo y la integración como
el FMI, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o la Comunidad
Andina de Fomento (CAF). Kirchner ya ha aclarado, por si acaso,
que el objetivo no es sustituir a estas organizaciones.
Otro de los compromisos asumidos por Chávez
durante su encuentro con Kirchner ha sido el de la compra de bonos
argentinos. El monto y la fecha de adquisición, como es habitual,
no ha sido desvelada, aunque se habla de unos 300 millones de dólares
(254 millones de euros). Este anuncio coincide con una polémica
que ha aparecido en la prensa venezolana sobre los títulos
australes. Al parecer el Bandes (entidad compra los bonos en nombre
del Gobierno de Venezuela) ha vendido ya 200 millones de dólares
(169 millones de euros) de los 950 millones adquiridos (806 millones
de euros) entre varios bancos locales, en una operación que,
según denuncian algunos medios, se ha realizado de forma
poco transparente.
Un alivio financiero. El dinero
que le aporta Chávez a Argentina no es demasiado pero servirá
para aligerar las cargas financieras a las que tiene que hacer frente
el Gobierno austral ante la demora de la firma de un acuerdo con
el FMI. Esta misma semana ha desembolsado al organismo 135,5 millones
de dólares (115,5 millones de euros), un pago que es obligatorio.
Y antes de que acabe el año tendrá que pagar otros
460 millones de dólares (392 millones de euros) de forma
impostergable.
En 2006, la situación se complica aún
más. Argentina debe pagar obligatoriamente 1.568 millones
(1.337 millones de euros) -la misma cantidad que habrá desembolsado
a finales de 2005- y otros 3.000 millones de dólares (2.558
millones de euros) que pueden ser prorrogables un año más
si Argentina realiza una petición al FMI.
Kirchner deberá emplearse a fondo para
seguir negociando con el organismo que dirige Rodrigo Rato mientras
firma acuerdos con Venezuela que desafían a Washington y
contenta a sus electores. Parece difícil pero como asegura
un observador político, "el mandatario argentino ha
demostrado una notable destreza para utilizar estrategias que le
permitan compensar sus raptos adolescentes con su supervivencia
política".
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