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Al
cierre de esta edición, el precio de la onza de oro
en los mercados internacionales se situaba en 508,25 dólares
y se acercaba a su máximo de los últimos 23
años, alcanzado en febrero de 1983, cuando llegó
a valer 509,20. La euforia se ha trasladado al platino y
la plata.
Los
temores a un repunte global de la inflación junto
a la extraordinaria actividad de los hedge funds
(fondos de cobertura) en el sector están calentando
el mercado de los metales financieros y los precios regresan
a cifras desconocidas en dos décadas.
Como
decíamos antes, el oro ha superado la barrera psicológica
de los 500 dólares y se sigue moviendo al alza. Hasta
el punto de que algunos expertos empiezan a considerar probable
que en 2006 se superen los 600 dólares por onza.
Aunque
no parece probable que se bata el récord histórico
marcado en enero de 1980, cuando los coletazos de la crisis
energética y el impacto tardío de la crisis
bursátil del 78, lo colocaron en 850 dólares.
El
metal precioso que sí ha llegado ya a marcar los
precios por onza que tuvo en esa etapa es el platino por
el que se pagan 1.006 dólares por onza, el precio
más alto desde marzo de 1980.
Plata.
La plata también ha ganado en estos días el
interés de los inversores y su cotización
se sitúa en 8,64 dólares, el mayor precio
desde agosto de 1987.
A
pesar de las cifras, la euforia de los inversores se mezcla
con la cautela. El aumento de actividad de los hedges
hace temer una caída súbita de las cotizaciones,
mezclada con un aumento de la volatilidad en la negociación.
Aunque
la tendencia de los precios se espera que sea inequívocamente
alcista a medio plazo, la proliferación de operaciones
realizadas con préstamos de lingotes podría
provocar descensos súbitos.
Algunos
analistas hablaban de la posibilidad de que muchos fondos
de cobertura estuvieran cortos de lingotes y atravesaran
por complicados problemas en este momento.
Bancos
centrales. La posibilidad de que los bancos centrales
aprovechen el festival de los precios para vender parte
de sus reservas, también inquieta a los operadores
del mercados. Muchos creen que esa actitud podría
contribuir a deprimir los actuales precios.
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