| El presidente
de EEUU, George Bush, se ha propuesto como objetivo reducir el elevado
número de inmigrantes ilegales mexicanos que anualmente entran
en el país. Para alcanzar esta meta, el actual inquilino
de la Casa Blanca ha lanzado una curiosa iniciativa: construir una
doble valla de seguridad de 3.200 kilómetros, desde el Océano
Pacífico hasta el Golfo de México, con el fin de dificultar
la entrada de aquellos ciudadanos de la nación vecina que
no tengan la documentación en regla. Algunos analistas ya
han equiparado este futuro muro con el de Palestina.
El presidente mexicano, Vicente Fox, ha calificado
como una violación de derechos humanos la construcción
de una barrera en la franja fronteriza entre su país y EEUU.
Además, el mandatario del país azteca advirtió
de que la construcción de una valla o el establecimiento
de cualquier otro tipo de impedimentos no logrará cerrar
el paso a los indocumentados. Según los últimos datos,
900.000 inmigrantes entran anualmente de manera ilegal a territorio
estadounidense, de los cuales, el 85% provienen de México.
Joel Magallanes, director Ejecutivo de la
Asociación Tepeyaca, la principal organización de
inmigrantes mexicanos en Nueva York, ha declarardo a Americaeconomica.com
que esta barrera no se convertirá en una realidad, ya que
en su opinión, se trata de un sistema obsoleto que no puede
parar la inmigración.
Las autoridades de la República azteca
estudian la posibilidad de presentar una demanda contra la iniciativa
de Washington ante la Corte Penal Internacional (CPI), con sede
en La Haya. Sin embargo, el mexicano Bernardo Sepúlveda Amor,
que el próximo mes de febrero asumirá un puesto como
juez en la CPI, ha asegurado en declaraciones a la prensa regional,
que el Gobierno de México debe disponer primero de bases
legales para elevar su denuncia, para lo que primeramente necesita
saber si el muro que levantaría EEUU estaría en su
totalidad en territorio estadounidense o incursionaría en
suelo mexicano.
El secretario de Gobernación, Carlos
Abascal, ha secundado la posición adoptada por el presidente
de México pero ha indicado que el Gobierno vecino está
en su derecho de velar por la seguridad de su nación. El
alto funcionario explicó que la propuesta de EEUU no significa
el cierre de las fronteras sino una intensificación de vigilancia
para evitar el cruce desordenado de inmigrantes, aunque asegura
que las autoridades mexicanas estarán pendientes de que no
se registren violaciones de los derechos humanos a los inmigrantes
mexicanos. Por esta razón, Abascal señaló que
está en contacto con el secretario de Seguridad Interna estadounidense,
Michael Chertfoff, para establecer métodos que respeten a
los ciudadanos.
Concretamente, el proyecto, que supondría
una inversión de 8.000 millones de dólares (6.769
millones de euros) plantea la construcción de una doble valla
de seguridad con luces y sensores desde el océano Pacífico
hasta el Golfo de México, una línea fronteriza de
3.200 kilómetros que separa EEUU del país azteca,
según ha publicado el diario Nuevo Herald. En la
actualidad, el estrecho de 22 kilómetros más occidental
de la frontera está delimitado con una doble alambrada. También
existen barreras de seguridad en otros puntos vulnerables, pero
por el contrario, algunos tramos de esta valla están protegidos
sólo con simples alambras de púas.
Esta iniciativa fue propuesta el pasado martes
por el máximo responsable del Comité de Servicios
Armados de la Cámara baja estadounidense, Duncan Hunter,
y ya ha recibido la aprobación del actual inquilino de la
Casa Blanca, George Bush, quien considera que la colocación
de una valla que separe ambas naciones reforzaría la seguridad
en el país.
Reforma migratoria. La construcción
de un posible muro parece que no será la principal herramienta
empleada por Bush para frentar la entrada de la inmigración
ilegal. Aunque el propio presidente ha recordado que siempre han
sido compasivos con los recién llegados, asegura que los
indocumentados que acceden al país violan las normas, y es
algo que no se les debe permitir. Por esta razón, ha presentado
un nuevo programa migratorio, cuya característica principal
es el reforzamiento de medidas contra la entrada de indocumentados.
La propuesta se sustena en tres ejes claves.
En primer lugar, la deportación inmediata hasta su lugar
de origen de cualquier inmigrante indocumentado que sea atrapado
en la frontera sin excepción. Sin embargo, aquellos extranjeros
en condiciones de permanencia ilegal que ya residan en el país,
no serán deportados, si no se les captura por la realización
de alguna ilegalidad.
Esta decisión se basa en un planteamiento
puramente económico. Según ha indicado el secretario
de Seguridad Nacional, Michael Chertoll, el coste y los recursos
necesarios para iniciar una campaña masiva de detenciones
y deportaciones no es soportable para un Estado en el que el déficit
presupuestario se sitúa ya en una cantidad equivalente al
4,1% del Producto Interior Bruto (PIB).
El segundo punto de la iniciativa de Bush establece
un endurecimiento de los controles fronterizos y modificar la ley
de inmigración que la Casa Blanca quiere negociar con el
Congreso de EEUU. La actual legislación obliga a que se libere
a las personas detenidas al cruzar la frontera ilegalmente si, después
de un determinado periodo de tiempo, sus países no los reclaman.
Una ventaja que según el presidente estadounidense es aprovechada
por asesinos, violadores, criminales y otros pederastas.
Por último, la propuesta contempla el
desarrollo de un programa de contratación de trabajadores
temporales, que podrían desempeñar sus actividades
de manera legal en EEUU durante un periodo máximo de seis
años, pero no obtendrán la residencia antes de tener
que regresar a su país de origen.
Según algunos expertos, con este programa
Bush intenta satisfacer a los conservadores que exigen medidas severas
contra la inmigración ilegal, y por otro lado, a los empresarios
que exigen una solución para que se cubran los puestos de
trabajo que los estadounidenses no quieren desempeñar. Sin
embargo, algunos analistas que aseguran que uno de los principales
objetivos de la última iniciativa es contentar a una comunidad
hispana cada vez más numerosa, cuyos votos pueden resultar
decisivos en las legislativas del próximo año en las
que se renovará todo el Congreso y un tercio del Senado.
La respuesta de Fox. Si bien
el Gobierno de México ha respaldado la propuesta del actual
inquilino de la Casa Blanca de impulsar un plan para trabajadores
temporales, confía en la posibilidad de que la Administración
Bush acceda a legalizar a todos los inmigrantes mexicanos que actualmente
trabajan en EEUU de forma indefinida. Así lo ha expresado
el portavoz de la Presidencia del país azteca, Rubén
Aguilar, horas después de que el actual inquilino de la Casa
Blanca, George Bush, presentase una propuesta de reforma migratoria.
El portavoz ha explicado que cualquier reforma
en esta materia debe recoger la posibilidad de construir alternativas
para la regularización de los trabajadores que ya viven en
EEUU, así como para los que tengan intención de entrar
en el país vecino en busca de empleo. Además, el alto
funcionario aseguró que la Embajada mexicana en Washington
discturá la propuesta con las autoridades estadounidenses.
Contradicciones. No
obstante, la nueva propuesta de Bush parece contradecir a un informe
de la Oficina de Presupuesto del Congreso sobre el impacto en la
economía estadounidense de los trabajadores extranjeros,
que hasta 2004 sumaban 21 millones.
En concreto, el texto resalta que el flujo
de inmigrantes será clave para la dinámica de la fuerza
laborar en EEUU, que en la próxima década crecerá
más lento su tasa anual del 1,5% registrada durante el último
medio siglo. El director de la oficina encarga del informe, Douglas
Holtz-Eakin, explicó ante una comisión de la Cámara
de Representantes que con la ausencia de la inmigración,
la economía no crecerás, según publica la prensa
regional.
Empresarios. Sin embargo,
EEUU no sólo está preocupado por la inmigración
ilegal mexicana que entra cada año en el país. Los
empresarios estadounidenses han mantenido esta semana contacto con
los tres principales candidatos a la Presidencia de México
durante la convención nacional que realiza por segunda vez
en la historia la American Chamber-México (Amcham). Miembros
de esta organización explicaron a Americaeconomica.com
que los hombres de negocios de EEUU buscan conocer qué
proponen en materia económica los aspirantes de cara a las
próximas elecciones Presidenciales de 2006.
El primero en exponer las metas de su formación
política fue Roberto Madrazo, el aspirante del Partido Revolucionario
Institucional (PRI). Según destaca la prensa regional, el
candidato priísta se centró en la necesidad
de recuperar la competitividad del país. No obstante, algunos
observadores han subrayado que Madrazo evadió una pregunta
sobre si permitiría que el capital privado entrase en el
sectores que actualmente dirige el Estado.
Este aparente vacío que dejó
el aspirante del PRI fue cubierto por el candidato del gubernamental
Partido de Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón,
quien se apresuró a resaltar que de ganar las próximas
elecciones presidenciales permitirá la inversión privada
nacional y extranjera en el sector energético aunque precisó
que sólo en la cadena de valor agregado, no en la exploración
ni en la producción de crudo.
Por último, Andrés Manuel López
Obrador, candidato del Partido de la Revolución Democrática
(PRD) y el favorito según los últimos sondeos, se
distanció de las propuestas de sus dos principales adversarios.
López Obrador destacó que no permitirá la entrada
de capital privado en ningún área del sector energético
y resaltó que los principales problemas de México
son la pobreza y la corrupción, por lo que la gente más
necesitada se convertirá en su prioridad, según destaca
la prensa regional.
Al evento, según fuentes de la Amcham
consultadas por este medio, acudieron representantes de 250 empresas
de EEUU, entre las que se encuentran importantes compañías
como Exxon Mobile, General Motors o Colgate. Datos de esta agrupación
comercial revelan que la entidad aglutina a representantes de hasta
100.000 millones de dólares (85.337 millones de euros) de
inversión extranjera directa (IED) en territorio mexicano.
El ex embajador de EEUU en México, Jefrrey
Davidow, que ha actuado como moderador en el encuentro, ha asegurado
que a los hombres de negocio estadounidenses no les interesa si
los candidatos son de izquierda o de derecha, sino saber qué
proponen para que crezca la economía en México. Sin
embargo, desde Washington se observará con interés
el desarrollo del encuentro, dado el acceso preferencial que tienen
muchos de los empresarios a las altas esferas tanto en la Presidencia
como en el Poder Legislativo, según destaca la prensa regional.
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