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Según
un reciente estudio publicado por Bank of New York y la consultora
especializada Casey &Quirk, en 2008 los fondos de pensiones
estadounidenses tendrán colocados unos 300.000 millones de
dólares en distintos hedge funds, una cifrá
que supondrá un aumento del 5,9% con relación a la
cantidad conjunta que arriesgaban en 1998.
La imparable tendencia se relaciona, evidentemente, con las dificultades
que los gestores de estos instrumentos de ahorro a largo plazo han
encontrado en los últimos tiempos para encontrar activos
que les aseguraran la rentabilidad. Pero en Washington empiezan
a levantarse algunas voces que aconsejan poner un límite
máximo a una práctica que parece pervertir la propia
esencia de un sector que debe asegurar que los activos que controla
sean suficientes para abonar a sus partícipes a la hora de
la jubilación las cantidades previamente acordadas.
Tanto
es así que los planes de pensiones empresariales, entre otros,
están asegurados por el aval del Estado Federal que se artícula
a través del Fondo de Garantía de Pensiones. Lo que
supone que sí hay problemas la resolución de una posible
crisis recaería sobre el bolsillo de todos los contribuyentes.
Sin
embargo, otros expertos, consideran que la llegada del dinero de
los fondos de pensiones a los hedge funds, puede suponer
un interesante elemento de control para esta industria que debe
apostar por estrategias más conservadoras precisamente para
atraer y gestionar estos activos.
Pero, ¿cuál es la cantidad recomendable? Muchos creen
que el ejemplo del Fondo de Pensiones de General Motors, el mayor
del país, sería la línea a seguir. La gran
automotora de Detroit, acumula activos por valor de 90.000 millones
de dólares y sólo tiene invertidos en hedges,
unos 2.000 millones de dólares. Un 2,22% del total. La empresa
que se ve obligada a pagar unos 6.500 millones de dólares
al año para responder a las obligaciones contraidas con los
pensionistas. Según los cálculos de sus gestores a
ese ritmo, necesitan alcanzar una rentabilidad anual del 7% para
no perder el paso. Y en los últimos años, las inversiones
en Bolsa o deuda del Tesoro no han sido suficientes para asegurar
el cumplimiento del objetivo previsto.
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