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Tras la celebración de la primera vuelta de las elecciones chilenas, la Concertación, la alianza de partidos que apoya la candidatura presidencial de Michelle Bachelet, se enfrenta ahora al más temido de los escenarios: la ex ministra del Gobierno de Lagos sigue siendo la favorita, pero tendrá que disputar una segunda vuelta contra Sebastián Piñera, el multimillonario conservador. Bachelet ha obtenido el 45,87% de los votos y Piñera un 25,4%. Aun así, la candidata de socialdemócratas y democristianos parece tener a mano la victoria.
A
su izquierda, el candidato Tomas Hirsch ha conseguido un
5,39%. Si como parece previsible estos electores optan por
apoyar a Bachelet en enero, la candidata podría obtener
un 51,17% en la próxima votación y vencer
por un estrecho margen a Piñera que sumará,
probablemente, los sufragios del 23,23% de los electores
que optaron por Joaquín Lavín.
Además,
Alfonso Zaldívar, presidente de la Democracia Cristiana
de Chile, integrada en la Concertación, se ha apresurado
a declarar que todas las figuras de su partido estarán
disponibles para jugar el papel que sea necesario en la
campaña electoral previa a la votación de
enero.
Los
analistas chilenos han acertado. Pero tras la primera votación,
Michelle Bachelet, la aspirante de la Concertación,
la coalición que llevó al poder al actual
presidente, Ricardo Lagos, sigue siendo la favorita. Sus
rivales han ganado mucho terreno en la recta final de la
campaña electoral.
La alianza
de socialistas y democristianos que ha ocupado el poder
en los últimos años se enfrenta ahora a unas
formaciones políticas conservadoras que han cambiado
de rumbo y estrategia.
Sobre
todo, los grupos que se articulan alrededor de Sebastián
Piñera, un hombre que cuenta a su favor con haberse
opuesto al general Pinochet durante la dictadura y hablar
positivamente de los logros obtenido por Lagos durante su
mandato. La estrategia ha sido buena. Sus expectativas de
voto han subido durante la campaña del 16% al 25%.
Una cifra que finalmente ha conseguido.
También
está Joaquín Lavín, el representante
de la derecha tradicional e histórico rival de Lagos
en las presidenciales anteriores. Un hombre que se ha esforzado
mucho en marcar la distancia con el pasado y que contaba
con el respaldo aparente del 21% de los electores. Finalmente,
el recuento le ha dado el 23,3% del escrutinio.
Una
vez que se ha confirmado que habrá segunda vuelta,
una eventual alianza de los partidarios de ambos en torno
al candidato mejor clasificado podría resultar peligrosa
para Michelle Bachelet. Algunas encuestas revelan que la
suma de los electores potenciales de los aspirantes conservadores
supone prácticamente el 50% del total.
En la
recta final de la disputada campaña, Bachelet han
contado con la inestimable colaboración de Soledad
Alvear, la democristiana que peleó contra ella en
las primarias y quien ocupó el Ministerio de Asuntos
Exteriores en el Gobierno de Ricardo Lagos antes de intentar
ganar la candidatura presidencial de la Concertación.
Algunos
observadores creen que la irrupción de Alvear en
la primera línea de batalla debía haberse
producido antes. También la de Lagos, muy activo
en este último tramo, pero quizá demasiado
neutral al principio.
Esta
ecuanimidad, bien valorada por los ciudadanos y correspondiente
al perfil de moderación que le ha acompañado
durante su mandato, no ha gustado a algunos activistas de
la Concertación que le acusan en privado de no haber
dado a Bachelet todo el respaldo que merecía y necesitaba.
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