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su constante intento de encontrar nuevas fórmulas que atraigan a la clientela,
las gestoras de fondos de inversión estadounidenses acaban de lanzar varios
productos que se enmarcan en una categoría conocida como tax-efficient(TE). Básicamente se trata de fondos que permiten a los partícipes
ajustar al mínimo posible la factura fiscal proveniente de las plusvalías.
De hecho, no son estrictamente nuevos, pero sí
habían estado en el olvido durante algunos años. Ahora, según
varios artículos publicados en estos días por la prensa especializada,
esta categoría vuelve a tener sentido porque los estadounidenses que tienen
su dinero en fondos de inversión parecen a punto de enfrentarse a un año
duro desde el punto de vista fiscal, el más duro desde 2000. Sobre
todo, porque las gestoras han agotado ya las posibilidades de trasladar a sus
partícipes las ventajas fiscales derivadas de las pérdidas cosechadas
tras el estallido de la burbuja tecnológica. El
sistema es sencillo en apariencia. Los gestores tratan de encontrar fórmulas
para conseguir plusvalías invirtiendo en activos cuyos tipos fiscales sean
especialmente favorables para el partícipe. Para conseguirlo se prima la
inversión a largo plazo intentando vender la menor cantidad de acciones
posible para no provocar ganancias de capital que obliguen a pagar grandes cantidades
a la Hacienda pública. La combinación
favorita de los gestores parece consistir en una mezcla de acciones de compañías
que suelen pagar cuantiosos dividendos con bonos municipales. También la
negociación de opciones ligadas al S&P500. A
lo largo del año, este tipo de fondos ha captado unos 1.100 millones de
dólares (935,86 millones de euros), según la consultora especializada
Financial Research. Unas cifras que contrastan fuertemente con las registradas
en 2004, cuando en el mismo periodo de tiempo, los inversores habían sacado
de estos instrumentos de inversión unos 743 millones de dólares
(632,136 millones de euros). Otros datos, en este caso
de Lipper, demuestran también el buen momento que se vive en esta categoría
de fondos. A finales de 1999, sólo había 42 fondos dedicadas a poner
en práctica esta estrategia. Ahora son 77. Más aún en 2000,
los activos gestionados por esta categoría sólo eran 26.000 millones
de dólares (22.150 millones de euros). Ahora hablamos de 40.000 millones
de dólares (34.031 millones de euros). Se trata
todavía de un porecentaje muy pequeño de los 2,94 billones de dólares
(2,50 millones de euros) que las familias estadounidenses tienen invertidos en
fondos, pero, según los expertos, esta categoría está llamada
a experimentar el mayor crecimiento del sector en la captación de activos
durante 2006. El temor a la voracidad del fisco aumenta
el atractivo de una opción, aparentemente poco rentable. De hecho, en lo
que va de año, la categoría acumula una caída de la rentabilidad
del 3,4%. Pero esta cifra pierde mucha de su importancia si se considera que,
según los datos de Lipper, en los últimos diez años, los
ciudadanos estadounidenses han entregado a la Hacienda pública el 20% de
sus ganancias netas. Es decir, del dinero que deberían haber ganado tras
descontar las comisiones y los gastos de gestión.
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