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motivo de celebrarse la clausura del Año Internacional de
la Física, ha venido a Madrid, donde pronunció una
conferencia sobre Einstein, el físico teórico del
Instituto Tecnológico de California, Murria Gell-Mann, premio
Nobel de Física 1969. Demostró que los hadrones no
son realmente elementales, sino que están formados por otras
partículas. Los hadrones son las partículas que están
sometidas a la interacción fuerte, que tiene lugar en el
núcleo atómico. Tanto el protón como el neutrón
forman parte de los hadrones.
Estos hadrones, según el profesor Murria
Gell-Mann, están integrados por unas partículas, que
sí son elementales y que son los quarks. Esta palabra está
sacada de un libro del escritor irlandés Joyce. Ya los griegos,
entre ellos Leucipo y Demócrito, pensaron que debía
existir una partícula elemental, el último sillar
del Universo, que ellos llamaron átomo, que en griego significa
indivisible. Siglos más tarde se comprobó que el átomo
estaba formado por otras partículas: electrones, protones
y neutrones. Hoy se ha visto que hay otra más. El sueño
de los físicos consiste en descubrir esta última partícula
de la materia. Conviene recordar que, en la segunda mitad del siglo
XIX, un grupo de físicos, los energeticistas, pensaban que
era la energía el concepto primario de la naturaleza.
Inicialmente se pensó que el número
de quarks era de tres, además de sus correspondientes antiquarks.
A estos se les llamó: u (up,arriba), d (down, debajo) y s
(strange, extraño). Cada partícula tiene su correspondiente
antipartícula, con la que sólo se diferencia en el
signo de la carga eléctrica. La antipartícula del
electrón es el positrón. En cambio, el fotón
es su propia antipartícula. Con posterioridad se introdujeron
otros nuevos quarks, como c (charm, encanto), b (botton, fondo)
y t (top, techo).
Los quarks tienen algunas propiedades singulares,
tal vez, convendría utilizar la palabra de revolucionarias.
Por ejemplo, poseen carga eléctrica fraccionaria, dentro
de las mismas unidades en que el electrón tiene –1
de carga. El protón está formado por dos quarks u,
cada uno con carga 2/3, y uno d, con carga –1/3.
Además, los quarks se encuentran permanentemente
atrapados en las partículas que ellos constituyen. Por ello,
sólo se observan cargas enteras y no fraccionarias. Esta
propiedad se enuncia diciendo que los quarks están ‘confinados’.
El gran problema consiste, como hemos visto,
en saber si esta partícula, el quarks, será la última
partícula indivisible de la materia. Esta idea de una última
partícula es, en el fondo, una idea intuitiva. Pero cuanto
más se profundiza en el estudio de la materia, los elementos
intuitivos van desapareciendo. Por ello, ha podido escribir el profesor
Sánchez Ron que “cada vez sabemos más acerca
de la naturaleza, pero en el camino vamos perdiendo aquello que
ésta tenía de intuitivo, palpable y accesible. La
materia, lo más próximo y concreto que poseíamos,
parece irse diluyendo en los arcanos ontológicos, abandonando
su esencia física, para pasar a convertirse en matemática,
en modo de vibración de superminúsculos entes que
habitan en espacios de, al menos, diez dimensiones”.
El propio concepto de dimensión, se
va cambiando o desvaneciendo, según el progreso científico.
Por ejemplo, el ser un número entero, las dimensiones se
modifican, por generalización, y puede llegar a ser fraccionario
o hasta irracional. Esto viene a cuento de la geometría fractal,
del matemático francés, de origen polaco, Mandelbrot.
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