| La
propuesta de la Administración Bush de construir un muro
entre México y EEUU para frenar la entrada de ciudadanos
en condiciones ilegales no parece preocupar a las organizaciones
de inmigrantes. La valla no impedería el acceso de ciudadanos
sin documentación en regla al país y además
es una idea que difícilmente llegará a materializarse,
entre otros factores por su alto coste, según han manifestado
algunos expertos. Las asociaciones
que protegen los derechos de inmigrantes han pedido a Bush que deje
de proponer medidas ridículas.
Mischele Waslin, analista de inmigración
del Consejo Nacional de la Raza (CNR), una influyente coalición
de hispanos en EEUU, en declaraciones a Americaeconomica.com
opina que son necesarias reformas en materia de inmigración
más comprensivas para encontrar una solución a este
problema. Una cuestión que preocupa a EEUU, pues anualmente
se enfrenta a la entrada en su territorio de 900.000 extranjeros
sin documentación en regla, de los cuales, el 85% proceden
de México.
Precisamente son estas cifras, que parecen
no reducirse, las que frustran a Washington, a juicio de Waslin:
los datos revelan que las medidas para controlar la inmigración
no funcionan por lo que las autoridades de EEUU se ven obligadas
a recurrir a una solución radical para resolver rápidamente
este tipo de complicaciones, que además no les interesa que
sea debatida.
Esta misma valoración es compartida
por Joel Magallanes, director Ejecutivo de la Asociación
Tepeyac, la principal organización de inmigrantes mexicanos
en New York. Magallanes señaló a este medio que la
barrera es un sistema obsoleto que no va a impedir la entrada de
personas indocumentadas. Es más, el representante de esta
asociación cree que el anuncio sobre una posible construcción
de un muro va a atraer a más inmigrantes preocupados ante
un posible un cierre de las fronteras.
Además, expertos en seguridad de frontera
han explicado que no hay muro que pueda ser 100% efectivo porque
la gente haría un túnel, lo treparía o entraría
por Canadá, cuyo límite con EEUU es dos veces más
largo y cuenta con escasas medidas de seguridad. Wayne Cornelios,
el director del Centro de Estudios Inmigratorios Comparadados de
la Universidad de California ha relacionado la iniciativa de Washington
con el muro de Berlín. Según ha publicado la agencia
Reuters, Cornelios subrayó que aquella barrera no
habría detenido a los alemanes del este y que tampoco lo
haría una valla de alta tecnología que separe a las
dos naciones vecinas.
Ni si quiera a los propios políticos
estadounidenses parece convencerle la idea. La Oficina de Presupuesto
del Congreso de EEUU detalló a través de un informe
que el flujo de inmigrantes es clave para la dinámica de
la fuerza laboral en el país. El director de la oficina encargada
del informe, Douglas Holtz-Eakin, aseguró incluso ante una
comisión de la Cámara de Representantes que con la
ausencia de la inmigración, la economía de EEUU no
podrá expandirse.
Más controles fronterizos.
Hasta el momento, aunque todo parece indicar que el muro está
lejos de convertirse en una realidad, Washington ha comenzado a
reforzar las fronteras que separan EEUU de México. Según
datos de la agencia Reuters ya hay más de 11.000
oficiales de patrulla fronteriza pero se espera que se recluten
1.500 agentes adicionales en 2006.
Algunos analistas opinan que el incremento
de los controles podría tener una consecuencia no deseada,
ya que según cifras oficiales, en lo que va de año,
472 personas han muerto en su intento de cruzar hacia EEUU, un número
record. Los expertos han subrayado que los inmigrantes ilegales
han comenzado a probar métodos más arriesgados. Pero
es más: junto a estos datos crece la presencia de grupos
criminales organizados dedicados al negocio del tráfico de
personas.
Por ahora hay una valla de 22 kilómetros
en el estrecho más occidental de la frontera entre EEUU y
México, con una doble alambrada. Esta media resultó
efectiva en un principio ya que antes de su construcción
se registraban 500.000 arrestos anuales pero después se redujeron
a unos 130.000. Sin embargo, el tráfico viró a rutas
diferentes.
Esta es una de las razones por las que el máximo
responsable del Comité de Servicios Armadados de la Cámara
baja estadounidense, Duncan Hunter, ha planteado instalar una doble
valla de seguridad con luces y sensores desde el oceáno Pacífico
hasta el Golfo de México, una línea fronteriza de
3.200 kilómetros que separe a EEUU del país azteca.
El proyecto, que supondría una inversión inicial de
8.000 millones de dólares (6.769 millones de euros), ya ha
recibido la aprobación de Bush, quien considera que está
medida reforzaría la seguridad en territorio estadounidense.
Todos contentos. Sin embargo,
las interpretaciones del representante de Tepeyac van más
lejos. Según detalló Magallanes a Americaeconomica.com
la propuesta de Washington contradice a las peticiones de los empresarios
que desde el inicio de la Administración Bush exigen una
solución para que se cubran los puestos de trabajo que los
estadounidenses no quieren desempeñar. Precisamente, son
los inmigrantes los que optan por estos trabajos de forma ilegal,
lo que encima suponen penalizaciones para quienes los contratan.
Pero Bush ha lanzado una nueva propuesta reforma
migratoria para contentar a este sector: desarrollar un programa
de contratación de trabajadores temporales, que podrían
desempeñar sus actividades de manera legal en EEUU durante
un periodo máximo de seis años, pero finalizado el
plazo, tendrán que regresar a su país de origen sin
obtener la residencia. De esta forma, los empresarios podrían
tener más facilidad para controtar a personal extranjero
al poseer la documentación en regla.
Esta medida recoge la base de la propuesta
de inmigración planteada por los senadores republicanos Kennedy
y McCain. El texto detalla que los trabajadores internacionales
pueden ocupar trabajos que requieran pocas habilidades y estudios
pero que previamente hayan sido rechazados por los ciudadanos estadounidenses.
De esta forma, los inmigrantes podrán optar por un permiso
de tres años, renovable por otros tres más. La diferencia
con la iniciativa de Bush es que en este caso, concluidos los seis
años, los inmigrantes podrián iniciar el proceso para
obtener la residencia permanente en EEUU.
Con este pequeño matiz, el actual inquilino
de la Casa Blanca pretende satisfacer al sector más conservador
del país que busca medidas más radicales contra la
presencia de inmigración. La reforma, según opinan
algunos expertos, podría atraer a mas ciudadanos extranjeros
atraidos por la posibilidad de obtener un permiso de residencia
indefinido.
No obstante, Magallanes asegura que lo que
a Bush le preocupa no son los votos, ya que la ley de EEUU impide
una tercera reelección, sino no salir de la Casa Blanca antes
de las próximas presidenciales de 2008. Además, la
imagen del presidente estadounidense parece estar dañada:
los últimos sondeos revelan que el 60& de los habitantes
del país prefiere un perfil distinto al de Bush en el próximo
mandatario que llegue al poder.
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