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El
Senado de EEUU vivió ayer una tumultuosa sesión
en la que todas las prioridades políticas fijadas
por la Casa Blanca fueron desatendidas por los parlamentarios.
El proceso de deserciones republicanas, tan lento como sostenido,
empieza a preocupar en Washington.
Era
un rumor pero ya es un hecho, ante la llegada de 2006, un
año electoral en el que se renueva por completo el
Congreso y un tercio del Senado, muchos parlamentarios republicanos
que piensan en la reelección dudan seriamente que
presentarse a los próximos comicios como aliados
incondicionales de la Casa Blanca les ayude a convencer
a los votantes.
Existe
una percepción generalizada de que la Casa Blanca
está cercada y esa impresión de debilidad
política se ha instalado en el partido del presidente
que ha dejado de ser una piña. Como
consecuencia de este ambiente, ayer Washington sufrió
dos derrotas de importancia.
Por
un lado, los senadores demócratas y sus seis flamantes
aliados republicanos consiguieron por 51 votos contra 49
impedir que en la proposición de ley presupuestaria
para Defensa, que prevé gastos por 453.000 millones
de dólares, no estuviera incluida la provisión
para iniciar las prospecciones en la Reserva Natural de
Alaska.
La
misma alineación bloqueó el intento de Washigton
de convertir en permanente la Ley Especial Antiterrorista
(Patriot Act) cuya periodo concluía el
31 de diciembre de este año.
A
Bush le queda un consuelo, tras una intensa negociación,
consiguió unanimidad en la Cámara para prorrogar
durante seis meses su vigencia. Pero algo quedo claro, la
Casa Blanca tendrá que cambiar sustancialmente el
texto.
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