|
Felisa
Miceli se ha presentado en sociedad esta semana en España
como la nueva titular del Ministerio de Economía. Su tarea
no ha sido fácil. Miceli se ha reunido con los representantes
de las empresas españolas que tienen intereses en el país
austral. Los mismos que exigen desde hace meses un aumento en las
tarifas de servicios públicos que ellos ofrecen. Las conversaciones
en torno a este asunto se han producido justamente cuando el Gobierno
de Néstor Kirchner conseguía la aprobación
del Congreso para ampliar un año más la Ley de Emergencia
Económica. Un texto que suspendería las clausulas
de los contratos que contemplan aumentos indexados en las tarifas,
referenciados a un índice, como por ejemplo el IPC.
Miceli ha estado acompañada en este viaje por el jefe de
Gabinete del presidente Néstor Kirchner, Alberto Fernández.
Ambos traían en su maleta el mismo objetivo: continuar las
negociaciones que emprendió Lavagna y encauzar el actual
'desacuerdo amistoso' en torno a un aumento de las tarifas en los
servicios públicos. Un sector en el que participan Telefónica,
GAS Natural, Repsol, BBVA, Banco Santader Hispano y Endesa, entre
otras empresas españolas.
El
entorno empresarial no ha hecho ninguna declaración sobre
las conversaciones que ha mantenido con los representantes del Ejecutivo
argentino. Pero una cosa es segura, detrás de este silencio
se podría esconder un cierto malestar por la estrategia que
ha desplegado el Gobierno de Kirchner. El gabinete argentino ha
hecho coincidir la visita de Miceli mientras tramitaba en el Congreso
una proyecto para retrasar negociaciones sobre la subida de las
tarifas con las empresas encargadas de los servicios públicos
en el país.
La
ampliación de la Ley de Emergencia Económica ya ha
pasado su primer trámite en el Congreso, sólo falta
el visto bueno del Senado. En la Cámara alta, las filas de
Kirchner tienen la mayoría. Es más que probable que
den su aprobación. Cuando esto suceda, el Gobierno sería
siendo el encargado de negociar directamente con las empresas los
aumentos en los recibos de agua, luz o gas natural. La misma situación
que hay en Argentina desde 2001. Las subidas de las tarifas continuarán
estando condicionadas al impacto que éstas puedan tener en
la competitividad de la economía y en la distribución
de ingresos entre la población.
El
Gobierno de Kirchner se muestra reticente a subir las tarifas y
ha paralizado los aumentos de estos precios como una parte de su
lucha contra el incremento de la inflación. Esta actitud
ya le ha traído algún disgusto. La empresa francesa
Suez, encargada de la concesión de Aguas Argentinas en Buenos
Aires, Santa Fe y Córdoba, abandonará su concesión
al no llegar a un acuerdo con el Ejecutivo para elevar sus precios.
Miceli
y su jefe, el presidente Kirchner, han coordinado su trabajo. Mientras
que la ministra contacta en Madrid con la plana mayor del sector
empresarial español, el mandatario recibía en Buenos
Aires al presidente de Repsol YPF, Antonio Brufau. Un encuentro
que ha estado dedicado a la ampliación de las inversiones
de la petrolera en el país austral.
Otros
observadores no descartan que Brufau y Kirchner hablaran sobre la
fusión entre Endesa y Gas Natural, dado que Repsol YPF es
accionista de referencia de esta última junto a La Caixa.
De hecho, ambas empresas tienen filiales en el país. La prensa
argentina también ha señalado que en las últimas
semanas, la integración de Edesur y Gas Natural Ban 'otorgaría'
a la compañía española el monopolio energético
en algunas zonas del país.
Además
de las tarifas, los empresarios españoles ven otra preocupación
en las relaciones con el Ejecutivo austral. Quizás, en esta
visita se hayan sentado las bases para buscar una solución.
Ellos quieren que haya unanimidad en los discursos de los funcionarios
argentinos. Algo inexistente en los últimos años.
Según el diario argentino Página 12,el entonces
ministro de Economía, Roberto Lavagna, el de Planificación,
Julio De Vido y el jefe de Gabinete, Fernández, no han dicho
siempre las mismas cosas respecto a las negociaciones conlas empresas
españolas.
Un
ejemplo de esta discordancia sería las declaraciones de Lavagna
respecto a las demandas de las empresas españolas ante el
Banco Mundial (Ciadi) por incumplimiento de los contratos del Gobierno
argentino, a las cuales no les daba importancia. Sin embargo, De
Vido ponía como condición la retirada de estas denuncias
para empezar a negociar y Fernández sugería comenzar
el diálgo con el fin de quitar las mencionadas demandas.
El
primer viaje de Miceli como ministra de Economía también
ha tenido una anécdota. El martes por la noche, la ministra
iba a acudir a una cena de la Confederación Española
de Organizaciones Empresariales (CEOE). Sin embargo, la cena fue
cancelada, según confirmó una portavoz de la patronal
a Americaeconomica.com, añadiendo que la ministra
no pudo intervenir por problemas de agenda.
Sin
embargo, algunas interpretaciones de prensa achacan este cambio
de planes a una represalia de la ministra, que habría cancelado
este compromiso ante la imposibilidad de reunirse con altos cargos
de Economía. Un portavoz del Ministerio español explicó
a este diario que Pedro Solbes no pudo encontrarse con Miceli porque
"el ministro no estaba en Madrid, se había marchado
a Bruselas a una reunión de la Unión Europea".
No
ha sido con su homólogo español, pero Miceli sí
ha contactado con otros responsables económicos del Gobierno
de José Luis Rodríguez Zapatero. La ministra argentina,
acompañada por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández,
ha mantenido una reunión de más de dos horas con Miguel
Sebastián, el asesor económico de la Presidencia.
Los políticos argentinos y el asesor de Zapatero hablaron
sobre la renegociación de la deuda argentina con el Fondo
Monetario Internacional (FMI), organismo que actualmente preside
el también español, Rodrigo Rato.
|