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En los próximos meses, miles de instancias administrativas
de EEUU (Estados, agencias, condados y municipalidades) tendrán
que evaluar con precisión los compromisos contraídos
por pensiones o asistencia sanitaria con los trabajadores o ciudadanos
a su cargo. Washington quiere saber con exactitud cuánto
dinero público sería necesario a largo plazo para
cumplir estas promesas y va a obligar a los responsables a cuantificarlo
exactamente, según varias informaciones aparecidas en la
prensa estadounidense.
Hasta ahora, a diferencia de lo que se les exige a las empresas
privadas, que deben demostrar su capacidad para pagar estos gastos
en el futuro, las instancias oficiales sólo realizan un presupuesto
anual. Ya no será así, la Agencia de Éstándares
Contables del Gobierno (GASB, por sus siglas en inglés) acaba
de introducir una norma, que entrará en vigor en el año
fiscal 2007, que iguala las exigencias entre las compañías
privadas y las administraciones públicas.
Se trata, según la posición pública,
adoptada por la Casa Blanca, de que los contribuyentes y los tenedores
de bonos tengan la información más precisa posible
sobre estas necesidades monetarias.
Muchos columnistas han asegurado esta semana en los diarios que
Washington busca con esta iniciativa preparar el terreno para una
subida de impuestos que iría incluida en la Reforma Fiscal
que ahora se discute en las Cámaras. Así, el presidente
salvaría la cara y podría justificar una decisión
que va en contra de su conocido eslógan de política
ecómica: “Sacar dinero del Estado y meterlo en los bolsillos
de los ciudadanos para que éstos decidan que quieren hacer
con él”.
El doble. Algunas municipalidades estadounidenses
han realizado por su cuenta un estudio preliminar parecido al que
todas las instancias oficiales de EEUU se verán obligadas
a hacer ahora. Los resultados han sido dramáticos: en la
mayoría de los casos los compromisos adquiridos doblan el
presupuesto previsto para un ejercicio.
Carolina del Norte. El anuncio de este cambio
contable responde, según algunos analistas políticos,
al cambio de estrategia introducido por los asesores de Bush que
está destinado a conseguir que el presidente recupere parte
de su popularidad perdida. La primera línea de acción
se basaba en demostrar que Washington tiene una política
económica efectiva y real.
El ataque se inició la semana pasada con un discurso televisado
de Bush en una factoría de Carolina del Norte. Allí,
el actual inquilino de la Casa Blanca defendió los recortes
de impuestos, reivindicó los buenos indicadores macroeconómicos
y relanzó su plan de reforma de la Seguridad Social. Entonces
Bush afirmó que su Gobierno iba a asegurarse de que se cumplieran
todas las promesas realizadas a los ciudadanos sobre pensiones y
cobertura sanitaria.
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