| El
presidente de México, Vicente Fox, posiblemente el único
mandatario latinomamericano que parece creer en el Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA) que impulsa Washington,
se enfrenta ahora en su país a un escenario difícil.
La culpa es de la política migratoria que promueve su viejo
amigo texano, George W. Bush.
De
momento, a Fox no le queda más remedio que criticar con dureza
los deseos de la Casa Blanca para limitar más el tráfico
entre México y EEUU. El pasado jueves, el presidente latinoamericano
volvió a poner de manifiesto su disconformidad con la política
migratoria de EEUU, un esquema que trata de aumentar la seguridad
en la frontera y evitar la entrada de inmigrantes con la construcción
de muros.
Fox volvió a pedir a Washington que reconsidere su actitud
y le recordó que EEUU precisa de mucha mano de obra para
conseguir que su economía sea competitiva frente a Asia.
El presidente mexicano hizo estas declaraciones durante una visita
oficial a la ciudad fronteriza de Reynosa sólo un día
antes de que el Congreso de EEUU dedicara una sesión plenaria
al debate sobre la inmigración.
Cuando
Fox se quejaba de su problema todavía no sabía que
la situación iba a empeorar. El proyecto de ley que se ha
presentado hoy viernes en el Parlamento estadounidense no incluye
la propuesta de México para abrir la contratación
temporal de trabajadores del país azteca, lo que implicaría
permisos de residencia temporales en territorio estadounidense.
El texto sólo contempla un endurecimiento de los proyectos
migratorios que Washington ya tiene puestos en marcha.
La
gratificación estadounidense. Claro que las compensaciones
que recibe México de EEUU quizás están empezando
a llegar por otro lado. Según los datos del Departamento
de Comercio de EEUU publicados el miércoles, en octubre el
déficit con México alcanzó los 4.800 millones
de dólares (4.046 millones de euros). Las compras de petróleo
y de bienes de consumo electrónicos procedentes del país
azteca explican la histórica cifra.
El
presidente mexicano aprovechó también su intervención
en Reynosa para criticar la autorización de la justicia estadounidense
a la construcción de un nuevo muro en la frontera. Una obra,
que según Fox viola los derechos humanos.
Ésta no es la primera vez que el Gobierno mexicano cuestiona
la postura de la Casa Blanca en torno a la migración. Sólo
hace unos días, el canciller planteó en los mismos
términos que el presidente su desacuerdo con las iniciativas
de construcción de los muros y solicitó a las autoridades
de EEUU que amplíen la regularización de los méxicanos
residentes en su país a sus familiares.
El
muro de la discordia. Entonces, los tribunales de EEUU
todavía no habían empezado a conceder legalidad a
la realización de esta obra. Pero ya lo han hecho. Un Tribunal
Federal aprobó el lunes construir un nuevo muro entre San
Diego y Tijuana. Una valla que cerraría toda la frontera
suroeste de EEUU con México y evitaría la entrada
de inmigrantes ilegales.
Este
proyecto supone un verdadero revés para las organizaciones
ecologistas, que habían interpuesto varias demandas para
frenar los planes que el pasado mes de junio presentó el
antiguo secretario de Seguridad Interna, Michael Chertoff, que dimitió
después de la polémica actuación de esta Secretaría
tras el paso del huracán Katrina.
Los ecologistas aseguran que el muro amenaza la existencia de más
de 370 aves migratorias que habitan en el río Tijuana. Unos
costes medioambientales que son superiores a los beneficios que
pueden conseguirse en seguridad. Pero el juez Larry Burns ha desestimado
estos recursos y ha considerado que es urgente llevar a cabo los
proyectos que sirvan para controlar la entrada a EEUU de inmigrantes
indocumentados.
Algunos
expertos, consieran que estas iniciativas son ridículas.
Los proyectos son muy caros y es muy difícil que lleguen
a materializarse. Por otro lado, la valla no impediría el
acceso de ciudadanos sin documentación en regla al país.
Los inmigrantes podrían buscar otras alternativas para llegar
al territorio estadounidense.
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