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La situación del fútbol profesional
español es delicada. A través de diversas ampliaciones
de capital, algunos clubes buscan dinero de forma desesperada para
reducir sus cifras de deuda. El escenario es dramático para
equipos como Tenerife, Real Sociedad y Racing de Santander.
No obstante, los problemas no son exclusivos
de los equipos más pequeños. Los clubes con mayor
presupuesto también han tenido que idear fórmulas
para reducir la enorme deuda que acumulaban. La vía del negocio
inmobiliario ha sido la más empleada, aunque no ha estado
exenta de polémica.
Con la llegada del final del ejercicio, las
sociedades anónimas deportivas celebran sus juntas ordinarias
de accionistas, con el propósito de aprobar las cuentas del
ejercicio. En algunas de estas reuniones se propondrá la
puesta en marcha de ampliaciones de capital por un valor total de
52 millones de euros. El fútbol español aún
no se ha decidido a dar el salto a los mercados de valores, por
lo que solicita el dinero que precisa entre sus accionistas y a
la espera de algún inversor generoso que arriesgue su patrimonio
y salve al club.
La Ley del Deporte española obligó
a los clubes de fútbol profesionales a transformarse en sociedades
anónimas en 1992, con la excepción de Fútbol
Club Barcelona, Real Madrid, Ahtletic de Bilbao y Osasuna de Pamplona,
que quedaron eximidos al carecer en aquel momento de deudas. La
suscripción del capital social fue un episodio dramático
para la mayoría de los clubes, ante la falta de accionistas
dispuestos a cubrirla. En algunos casos, las instituciones de la
ciudad sede del equipo (ayuntamientos, diputaciones, cajas de ahorros,
etc) fueron las encargadas de salvar la delicada situación.
El "milagro" para otros clubes llegó
de la mano de empresarios e inversores que cubrieron con su patrimono
el capital del club. Fue el caso del ya fallecido Jesús Gil
y Gil, promotor inmobiliario que cubrió casi en su totalidad
el capital del Atlético de Madrid, club que presidía.
Mientras, el sevillano Manuel Ruiz de Lopera, conocido empresario
de la construcción entre otros sectores, aportó de
su patrimonio los cerca de cinco millones de euros necesarios para
que el histórico Real Betis no sufriera el castigo previsto
por no transformarse en sociedad anónima: el descenso de
dos categorías.
Posteriormente, los clubes que dependieron
en su día de las instituciones municipales fueron progresivamente
abandonados por éstas, ante la imposibilidad de justificar
ante los ciudadanos inversiones para acudir a las diversas ampliaciones
de capital de los equipos. Algunos, como el caso del Club Deportivo
Málaga y el Sestao Sport Club, desaparecieron desbordados
por las deudas y tuvieron que ser refundados.
Ahora, la junta de accionistas del Tenerife,
club que milita en la Segunda División, deberá aprobar
una ampliación de capital de 36 millones de euros, una de
las mayores del fútbol español en la corta historia
de las sociedades anónimas deportivas. Una operación
de alto riesgo para un club cuyas fórmulas para enjugar sus
deudas se vinieron abajo con el descenso.
Mientras, el Racing de Santander, tras la marcha
del accionista estadounidense de origen ucraniano Dimitri Piterman,
precisa de una ampliación de capital que aún no ha
sido definida. De no llevarse a cabo, la disolución o la
solicitud de concurso sería el triste final para el club.
Además, el Ayuntamiento de Santander, propietario del 53%
de las acciones del club, acaba de vender esta participación
a un grupo empresarial.
La Real Sociedad planteará una ampliación
de capital superior a los seis millones de euros con la soga al
cuello, cuando su propio presidente, el ex futbolista del equipo
Miguel Fuentes, ha calificado la situación de "angustiosa",
por la mala gestión de su predecesor y actual presidente
de la Liga de Fútbol Profesional, José Luis Astiazarán.
Negocio inmobiliario. El negocio inmobiliario
es otra de las vías de escape que han encontrado los clubes
para enjugar deudas. La junta del Valencia analizará la venta
de los terrenos del estadio de Mestalla y la ubicación del
nuevo campo. Su actual presidente, Juan Bautista Soler, es un conocido
empresario inmobiliario de la región, que se hizo con acciones
del club que vendió Francisco Roig, antiguo presidente del
equipo valenciano.
Los críticos de Soler le han acusado
de estar presente en el capital del Valencia únicamente por
el interés inmobiliario de la operación, firmada en
su día con la alcaldesa de la ciudad, Rita Barberá,
y el presidente del Gobierno valenciano, Francisco Camps. De hecho,
Soler es accionista de referencia de Metrovacesa, la primera inmobiliaria
española, de la que posee algo más de un 5%.
Mientras, la Real Sociedad se plantea qué
hacer con las instalaciones de Zubieta, donde se prepara la cantera,
considerada hasta hace unos años como una de las mejores
del fútbol español. La posible venta de estos terrenos,
que también se someterá a consideración de
la junta, constituiría un alivio económico para el
club donostiarra.
Otro equipo en apuros es el Atlético
de Madrid. Tras la muerte de Jesús Gil, la única solución
que parece plantearse es la venta del Estadio Vicente Calderón,
y el traslado del equipo al Estado de la Peineta, proyectado para
la celebración de los Juegos Olímpicos en Madrid y
cuyo futuro es incierto después de que la capital de España
no lograra la organización de la cita olímpica de
2012.
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