Viernes 23 de diciembre de 2005
 
Fallece uno de los filósofos más importantes de nuestro tiempo
 
En la muerte de Julián Marías
Alberto Miguel Arruti
 

Llevaba ya mucho tiempo que no escribía, ni daba conferencias, ni salía apenas de su casa. Por eso, la noticia de su muerte no sorprendió a nadie. Lo que no fue obstáculo para que todos la sintieran. Tuvo muchos amigos y casi ningún enemigo. Representó el pensamiento español, desde el final de la Guerra Civil hasta casi nuestros días. Se le reprochó que no era un filósofo en el sentido técnico de la palabra. Pero si entendemos, con una mayor amplitud el término filosófico, como aquél que analiza el tiempo que le ha tocado vivir, lo explica, en su sentido profundo, dejando a un lado las apariencias, se preocupa por la realidad y diagnóstica, dentro de lo posible, el futuro, era un filósofo auténtico.

Muchos de sus libros han servido a generaciones de españoles de guía y de consulta. Por ejemplo, su “Historia de la Filosofía”, que apareció en 1941, “Ortega y la idea de la razón vital”, “La escolástica en su mundo y el nuestro”, “El existencialismo en España”, “Biografía de la Filosofía”, “Ortega, circunstancia y vocación”, “La España real”, “Justicia social y otras injusticias”, “La mujer en el siglo XX” o “Problemas del Cristianismo”, son ejemplos de los temas que abordó.

Profundizó en el concepto de razón vital, que había tratado ya Ortega entendiendo por tal la superación de la razón, en cuanto lógica, en cuanto vida, entendiendo este término, no en un sentido puramente biológico, sino, en su sentido de proyecto, concibiendo el ser de la existencia humana, hablando en términos de Heidegger, como temporalidad. Aceptando que la estructura ontológica de la vida es el tiempo.

Su ideología estuvo marcada por dos puntos de vista: el Cristianismo y el Liberalismo. Con la muerte de su esposa, Dolores Franco, en 1977, desapareció, como él mismo dijo, su proyecto vital de tantos años, lo que le había dado su sentido”. Sólo le consolaba su ausencia, el convencimiento de que la vida no termina con la muerte, de lo contrario, la felicidad sería un engaño”. Fue el primer intelectual, en lengua castellana, nombrado miembro del Consejo Internacional Pontificio para la Cultura, creador por el Papa Juan Pablo II.

Su liberalismo le llevó a considerar la libertad, en todos sus sentidos, en todas sus concepciones, como el supremo valor. Jamás se dejó atrapar por ningún partido político, por ningún grupo de presión, lo que le hizo, en muchos períodos de su vida, pasar por distintas dificultades. Por ejemplo, la Universidad jamás contó con él, lo que no dice nada positivo de la Universidad. Entendió el liberalismo no sólo como respeto a las mayorías, sino también como respeto a las minorías.

En muchos aspectos de su pensamiento, recuerda a Alexis de Tocqueville, cuyo bicentenario se cumple este año. Comprendió, como pocos intelectuales de su tiempo, que la libertad, en nuestra época, estaba amenazada. Primero, fue el marxismo, quien intentó acabar con ella. Hoy es el terrorismo que, ante su brutalidad, obliga a adoptar una serie de medidas, que van en contra de la libertad, en su sentido más profundo, que no es solamente la libertad política, sino de libertad humana, que comprende a aquélla como un caso particular.

Defendió siempre la sociedad civil, pensando que lo que ésta puede hacer, no debe dejarse en manos del Estado. Cuando menos Estado, mejor es una sociedad. Así pensaba Marías, frente a los intervensionistas de izquierdas y de derechas.

Edita Asesores de Publicaciones S.L.