El
presidente de EEUU, George Bush, protagoniza en estos días un nuevo enfrentamiento
con las cámaras que vuelve a demostrar la incapacidad de la Casa Blanca
para controlar a la mayoría republicana. Esta vez, el presupuesto de Defensa
está en el centro de la pólemica. En una sesión interminable,
que terminó cerca de las seis de la mañana, el Congreso aprobó
ayer el nuevo Presupuesto para la Defensa que estará en vigor durante 2006.
El ajustadísimo resultado de la votación (212-206) demuestra que,
al menos nueve republicanos se opusieron al texto, que incluye una polémica
provisión, no cuantificada aún, para financiar las prospecciones
petrolíferas en la reserva natural de Alaska. Una intención declarada
de Bush desde que llegó a la Casa Blanca que reiteró hace una semana
en su último discurso público sobre el estado de la economía.
El proyecto de ley aprobado incluye a la vez unos gastos totales para Defensa
de 453.000 millones de dólares, cerca del 43% del gasto inicialmente estimado
para todas las agencias federales y un recorte en otras partidas de 39.700 millones
de dólares que afectará, sobre todo, a los programas sociales, según
los demócratas. Senado. El Senado de EEUU vivió
el jueves una tumultuosa sesión en la que todas las prioridades políticas
fijadas por la Casa Blanca fueron desatendidas por los parlamentarios. El proceso
de deserciones republicanas, tan lento como sostenido, empieza a preocupar en
Washington. Era un rumor pero ya es un hecho, ante la llegada de 2006,
un año electoral en el que se renueva por completo el Congreso y un tercio
del Senado, muchos parlamentarios republicanos que piensan en la reelección
dudan seriamente que presentarse a los próximos comicios como aliados incondicionales
de la Casa Blanca les ayude a convencer a los votantes. Existe una percepción
generalizada de que la Casa Blanca está cercada y esa impresión
de debilidad política se ha instalado en el partido del presidente que
ha dejado de ser una piña. Como consecuencia de este ambiente, ayer Washington
sufrió dos derrotas de importancia. Por un lado, los senadores demócratas
y sus seis flamantes aliados republicanos consiguieron por 51 votos contra 49
impedir que en la proposición de ley presupuestaria para Defensa, que prevé
gastos por 453.000 millones de dólares, no estuviera incluida la provisión
para iniciar las prospecciones en la Reserva Natural de Alaska. La misma alineación
bloqueó el intento de Washigton de convertir en permanente la Ley Especial
Antiterrorista (“Patriot Act”) cuya periodo concluía el 31 de diciembre
de este año. A Bush le queda un consuelo, tras una intensa negociación,
consiguió unanimidad en la Cámara para prorrogar durante seis meses
su vigencia. Pero algo quedo claro, la Casa Blanca tendrá que cambiar sustancialmente
el texto. Dick Cheney. El vicepresidente Richard Cheney
tuvo que regresar urgentemente desde Pakistán para asistir a la sesión
del Senado de ayer. La mayoría republicana preveía la posibilidad
de que en algunas votaciones claves el resultado fuese 50-50, con lo que no sólo
hacía falta la presencia de todos los parlamentarios del partido de Bush,
también que Cheney impusiera su condición de presidente de esta
Cámara, posición siempre destinada al vicepresidente, para forzar
la aprobación de los textos legislativos por medio de su voto de calidad
vigente en caso de empate. No tuvo opción de hacerlo. No sólo
éso, algunos analistas dicen hoy en la prensa que su presencia desencadenó
las deserciones. Para muchos republicanos, no sólo los seis disidentes,
votar junto a Cheney una proposición de ley que beneficia a la industria
petrolera es ahora una opción de riesgo. Lo mismo que convertir en permanente
una ley que ha permitido la existencia de escuchas sin cobertura legal. Bloomberg.
Para muchos republicanos, el ejemplo del alcalde de Nueva York, Michael
Bloomberg, marca nuevas conductas a seguir. Bloomberg consiguió ser reelegido
con comodidad gracias, entre otras cosas, a las distancia que estableció
entre su figura y la de Bush. Un ejemplo, en un prodigioso ejercicio de dominio
de los resortes espacio-temporales, el político neoyorquino consiguió
que nadie pudiera fotografiarle junto a Bush en toda la campaña electoral.
Tenía práctica. En las elecciones presidenciales de 2004
tampoco hubo imágenes conjuntas de ambos. Y desde su entorno no se oculta
la distancia que le separa de la actual Administración. |